El Centenario
Cien años atrás, los vestidos más usados eran las túnicas, la moda “trabada abajo” y el traje sastre con enormes sombreros.
Hacia 1914, con el fin la Primera Guerra Mundial, se terminó, también, la función de “mujer-adorno”. Los movimientos feministas, de la mano de Chanel y Poiret, cambiaron la moda y la liberaron: se dejó de lado el corset. Paul Poiret modificó la silueta gracias a la propuesta de túnicas de talle alto, faldas pantalón y colores vivos. Madame Vionnet confeccionó vestidos al bies y sin corset. Asimismo, Chanel impuso el uso de bijouterie.
Paradójicamente, durante la Primera Guerra Mundial, Buenos Aires, vivió un clima festivo. Se usaba de todo: trajes superpuestos con túnicas (esto se vio sólo aquí), colores malva, peinetas, ropa sport, sin que se sientiese la escasez de materiales, como en Europa, debido a la importación anterior.
1920
En esta década se instaló en Buenos Aires la alta costura. El ideal social era el varón vestido “a la inglesa”. Y no estaban dispuestos a que sus mujeres desentonaran. En la década del veinte las mujeres lucían vestidos camisa de talle muy bajo, sombreros hasta los ojos llamados cloche, adornos en bijouterie, medias bordadas y pelo a la “garcón” con un estilo femenino.
1930
El largo de las faldas variaba año a año. La mujer lánguida, asexuada y pálida de los años veinte dejó paso a la línea más femenina. Trajes de noche largos y adherentes, buenos cortes y al bies. La mujer argentina encontró estas líneas demasiado atrevidas, y se volcó preferentemente a la moda que imponía la alta costura, mostrada por revistas como El hogar y Atlántida. Surgió el bicolor en trajes, el jersey de lana, botones surrealistas, cuellos de zorros, sacos sobre los hombros para mostrar las blusas con moños y plegadas, y zapatos combinados. El nylon hizo su aparición a partir del año 1937, pero recién en el año 1945 se fabricaron en el país las medias París. Sombreros chicos, boinas, capelinas de crin transparente y pelo ondulado y tapados entallados poblaban las calles argentinas.
1940
Durante la guerra, Argentina no miró hacia adentro sino que comenzó a imitar a los Estados Unidos. Las mujeres llevaban grande hombreras y se asemejaban a las amazonas con vestidos cortos adornados con flores: una moda austera pero femenina. La moda argentina de esos días era dramática y teatral y las mujeres pasaron a ser chic con polleras rectas, tableadas, bolsillos aplicados, sacos de corte sastre, sombreros excéntricos, blusas de crepe de china, canutillos y azabache, pantalones pinzados con bocamanga, anteojos oscuros y zapatos con plataforma. En 1947, con el New Look de Dior, los vestidos se volvieron más suntuosos: faldas largas, enormes sombreros con plumas y telas muy ricas. Fue Evita quien lo trajo al país.
1950
En Argentina se adoptaron dos líneas Dior: la A y la Y, ancho o angosto. La boutique Drecole de Jaques Dorian fue la primera boutique Pret a Porter en Buenos Aires. En el pelo se usaban melenitas marcadas y cejas anchas en el rostro. En la ropa, la cintura avispa (a lo Divito) y zapatos taco aguja convivían con chatitas. Las jóvenes usaban mocasines blancos en Mar del Plata y sweaters de angora.
1960
Fueron años gloriosos en Argentina: surgieron diseñadores en el Instituto Di Tella. La zona de la “manzana loca” (Florida, Marcelo T. de Alvear, Maipú y Paraguay) dictaba la moda y Modart lanzó el unisex. Hacia 1964, Courreges diseñó la minifalda y Mary Quant la lanzó junto a la explosión juvenil. Dalila Puzzovio y Medora Manero crearon la moda psicodélica y Julio Repetto lanzó accesorios en acrílico. María Larreta fue la modelo de Dorian. Lagarrigue y su mujer, María Marta, reinaba en los desfiles. La minifalda y los pelos largos iracundos (en los varones) provocan escándalos en Buenos Aires y en el país. Se cambió lo establecido a través de los movimientos hippies, flower power, lo hindú y se ensayaron nuevos caminos con materiales inéditos.
1970
Entre las líneas de los setenta, podemos identificar el folk, el look superpuesto de Kenzo, el pret a porter, la moda Gatsby, el estilo safari, el predominio de los colores beige o tierra, el uso de polleras amplias o look ruso de Saint Laurent, el hotpant, la maxifalda, las botas altas acordonadas, el uso de blusas ajustadas, el unisex y los pantalones “pata de elefante”. La moda retro apareció hacia mediados de la década.
1980, El “Período Apocalíptico”
Los ochenta carecen de una tendencia estilística propia. Cada uno tiene un estilo, se fragmentó la sociedad y se crearon “grupos”. Dejó de existir una vanguardia y surgieron grupos que vendían imágenes y pautas a seguir. Como consecuencia de un hedonismo exagerado y el culto al cuerpo, se diluyeron las diferencias para encarar la vida. En este período, podemos decir que Argentina involucionó en el área. La industria textil se vio tironeada por medidas económicas que no la valoraron.
1990, Diseño e identidad
Varios concursos de diseño se gestaron por esta década, siempre girando en torno a la identidad nacional. Han surgido diseñadores muy talentosos que hoy son reconocidos a nivel internacional. Ojala los nuevos creativos de la moda tengan en claro que el diseño reactiva la industria y, gracias a las nuevas ideas, se gestionan proyectos renovadores capaces de generar tendencia.
2000, Pronosticadores y cazadores de tendencias
Hoy los diseñadores de moda pueden pronosticar la tendencia desde la observación social, psicológica, económica y cultural. Sólo se necesita percepción para captar todo aquello que pueda convertirse en usable, querido, y rentable
En nuestro desafío, ser curiosos, atrevidos y generadores de moda…
Doscientos años de moda: looks del siglo XX
El Profesor de Historia de la Moda, Carlos Aguirre Saravia, describe cómo nos vestimos los argentinos durante el último siglo.