El ideal de belleza desde una mirada local

Según el estudio de una consultora, nueve de cada diez personas en nuestro país desearían modificar algo de su físico. En relación a la pareja, mientras cuatro de cada diez mujeres no le cambiarían nada a su compañero, sólo dos de cada diez hombres opinan lo mismo. Sobre un ideal de belleza que luchamos por conseguir y qué hay de cierto en los mitos que circundan ese ideal.

Por Gisela Olmedo

¿De qué manera se dictamina lo que es bello y lo que no lo es? ¿Cuáles son los parámetros de medición que establecen quién es estéticamente agradable y quién no? Empezar con una pregunta el desarrollo de este tema no es casual, porque la respuesta, aunque imposible, está de alguna manera dada en la actualidad ¿De qué otra forma podemos estar tan seguros de qué mujer es bella o qué mujer no lo es, por ejemplo? Más aún: ¿qué nos lleva a preguntarnos esto?
“La definición de la belleza en general – y, más en concreto, de la belleza que aquí nos ocupa, el atractivo personal – ha traído el interés de múltiples pensadores a lo largo de toda la historia. Demarcar la noción y encontrar la receta de este atributo no es fácil.

La belleza es actualmente considerada un “activo” importantísimo, casi vital. Y  lo denominamos “activo” porque en esta sociedad sumamente mercantilizada, el ser bello, o por lo menos estéticamente agradable (de acuerdo, por supuesto, a los cánones de la época) es prácticamente una obligación para alcanzar cualquier meta. Y si no hemos nacido con el don de la belleza, el dinero (otro de los “activos” obligatorios) nos ayudará a “adquirir” belleza, a través de productos, cirugías, tratamientos, etc. Consumimos para ser bellos, queremos ser bellos para ser consumidos. Consumimos lo bello. Todo lo demás, lo que amenaza con alejarnos de nuestros sueños idílicos de eterna juventud es descartado. Nos convertimos a nosotros mismos en el centro de todo, la individualización se hace peligrosa. Pero no nos preguntamos (¿cómo atreverse?) quiénes somos realmente. Esa pregunta ya está respondida: somos esa persona que nos mira desde el espejo. Pura imagen.
Según los resultados arrojados por la encuesta realizada por la consultora D´Alessio IROL en octubre de 2008,  hay más presiones para las mujeres con respecto a acercarse a un aspecto físico estereotipado. Y esta presión no viene sólo de los hombres, sino también de ellas mismas. Si bien la exigencia y la autoexigencia son experimentadas por ambos sexos, parece que las preferencias concretas son menos claras para los hombres. Es significativo que a la hora de opinar del cuerpo ideal de las mujeres la opción “sin preferencias al respecto” haya salido en último lugar, tanto en hombres y mujeres, mientras que esa misma afirmación esté en tercer lugar a la hora de opinar sobre el cuerpo ideal de los hombres.

Ser bella, según las épocas


Durante muchos años, el ideal de belleza en la sociedad occidental fue el modelo espiritualista, no sólo por ser herencia de la tradición clásica y por adecuarse a los canales de difusión de la época, sino también por haber sido el propugnado por la gran institución del poder, la Iglesia. En cuanto a esto, dice la intelectual Marta Martín Llaguno: “La iconografía cristiana ha presentado tradicionalmente a los espíritus buenos (ángeles, santos, mártires, vírgenes) como bellos y a los malos (fariseos, diablos) como feos. En este sentido, vale la pena comentar que las civilizaciones con religiones iconoclastas (como por ejemplo, la musulmana) han conferido menos importancia a la imagen corporal y han tenido en la actualidad menos desarrollo de la industria de la belleza (moda, estética y cosmética) y menos disfunciones relacionadas con el culto al físico que la tradición católica o cristiana. Así, durante mucho tiempo el atractivo personal se asoció más a los valores comportamentales que a los corporales y el cuerpo se presentó como una realidad relativamente irrelevante, coyuntural, innata, funcional, estática y con poca posibilidad de modificación al que, en todo caso, había que controlar y mortificar en aras a alcanzar la belleza del espíritu”.

Raimondo Strassoldo distingue dos tipos ideales fundamentales de la belleza femenina: el tipo ideal longilíneo (actualmente vigente) y, en oposición a él, el tipo relleno, dominante durante la antigüedad clásica y desde el Renacimiento hasta el siglo XIX. La mujer longilínea reaparece después de la segunda mitad del siglo XIX, que comportaba el rechazo del materialismo y un retorno a la espiritualidad medieval, aunque de forma compleja y no exenta del tormento. Un fuerte componente que  juega para llevar de nuevo al auge esta figura es la negación nihilista de la naturaleza y de la vida.

El modelo de belleza imperante en la actualidad no es ninguna novedad, en realidad. La sociedad instituye ciertos “imaginarios sociales” sobre los temas más variados que se van naturalizando y en muchos casos, ni siquiera se plantea el hecho de cuestionarlos. Estos imaginarios, inculcados culturalmente, son los que deciden por nosotros qué pensar en relación a qué cosa y qué postura tomar ante ciertas situaciones. Dentro de esos imaginarios, se encuentra también nuestra idea de belleza.

La encuesta de D´Alessio IROL afirma que los kilos “de más” son el problema estético que más preocupa a los argentinos, abarcando en igual proporción a hombres y mujeres. Sólo un 14% de los hombres y un 5% de las mujeres se encuentran plenamente conformes con su aspecto. Las cifras son, por demás, preocupantes ¿A qué nos referimos cuando hablamos de “kilos de más”? ¿Hablamos de salud o a una mera concepción estética? Estas son las preguntas que vale realizarse al iniciar una dieta o una rutina de ejercicios: existe una gran diferencia entre estados saludables y estados físicos absolutamente acordes a un ideal de belleza impuesto y al que probablemente nuestro cuerpo, nunca pueda responder. Es decir, podemos tener un cuerpo sano, que no responda necesariamente a los cuerpos que se ven en televisión y en las publicidades gráficas.

Un dato es llamativo de los resultados de la encuesta: mientras parece ser que los argentinos somos muy críticos de nuestro propio cuerpo, en el sexo opuesto nos gusta aquello que supuestamente es “antiestético”. Los hombres, por ejemplo, prefieren a las mujeres con curvas y ellas admiten que prefieren a un hombre con algunos “kilos de más” antes que muy musculosos.

El 35% de los hombres afirma que no les harían comentarios a sus parejas si tuvieran un par de kilos de más, dado que esto no les molesta. El porcentaje sube a 47% en las mujeres. A casi la mitad de los hombres (47%) les parece excesivo que las mujeres vivan preocupadas por su peso. El porcentaje baja a un 41% en las mujeres.

Otras culturas, otra belleza
Increíblemente, la sociedad occidental se escandaliza ante ciertas prácticas llevadas a cabo por mujeres de otras culturas, cuyo ideal de belleza es diferente.
En el caso de las mujeres jirafa de Birmania, la belleza se mide por los aros de latón que consigan colocar en su cuello, que puede llegar a medir 25 centímetros hasta deformarlo. Si llegasen a quitarse esos aros se les romperían los huesos de la nuca.
La mujer tuareg, en cambio, es valorada por los “rollitos” que consiga acumular en la zona de la cintura. A las adolescentes de Papúa Nueva Guinea, les estiran los pechos para dejarlos caídos. Sólo así podrán encontrar marido y casarse. Los labios deformados con discos de arcilla -cuanto más mejor- es lo más admirado en las mujeres etíopes por los varones de su tribu. En cambio las Txucarramae del Brasil se afeitan la cabeza para que sus compañeros las puedan acariciar. Otras optan por limarse los dientes hasta dejar al aire las encías. Se tatúan el cuerpo a pesar de las infecciones que luego padecen. Se estiran las orejas con peso. Permiten -no tienen otra opción- que les venden los pies desde pequeñas hasta deformarlos e impedir el movimiento.

Opinión desde la ciencia social
La socióloga Nora D´Alessio sostiene que, en base a los datos arrojados por la encuesta, las mujeres tienen una  balanza “interna” que no coincide con la apreciación que hacen los hombres respecto a su belleza. Los kilos “extra” son percibidos como un problema más importante para las mujeres que para los hombres que las miran. Una respuesta muy significativa es la visión de los hombres, a quienes les parecen atractivas las mujeres “con curvas donde tienen que estar”, en tanto que las mujeres prefieren tener un físico más equilibrado, sin flacidez o celulitis, más trabajado con deporte.

La profesional afirma: “Los hombres, que hoy también se cuidan más, tienen menos problemas y lo interesante es que sus mujeres los encuentran atractivos aunque estén “gorditos”. Como ejemplo, 4 de cada 10 no cambiaría nada del aspecto físico de su pareja. El momento fatal para las mujeres no es en la cama con la pareja sino cuando el espejo les dice que la ropa no les esta quedando bien. La época del año fatal: cuando se prueban una nueva malla, o el talle habitual queda chico”.

La juventud continúa siendo el ideal físico, que las arrugas se empeñarían en demostrar que es inalcanzable. Las sonrisas, los llantos, el ceño fruncido cuando algo no sale bien, los gestos que demuestran que se ha vivido están llamados a ocultarse a partir de los 40 años.
El problema más serio afirma la socióloga, no son los kilitos de más o la celulitis. El tema más importante es que la imagen corporal está siendo cada vez más un componente clave en la autoestima, sobrepasando al carácter, la fuerza interior, los valores profundos: “Una persona agradable físicamente, es más atractiva tanto en su atractivo sexual como en una entrevista de trabajo. Pero la diferencia entre la obsesión por la delgadez y el ser considerada agradable tiene una gran distancia. Y no la delgada línea que la moda y la comunicación establecen”.

Un llamado de atención
El cuerpo es el cuerpo. Cuidarlo es importante porque nos acompañará hasta el último momento. Pero cuando se convierte el cuidado físico en una tortura psíquica, es importante un llamado de atención.
Informes como el que nutre a esta nota nos ayudan a conocer y evaluar a nuestra sociedad, de la cual formamos parte y que sin duda marca en gran medida, nuestros hábitos, costumbres y opiniones.
Entonces, lo que queda sea tal vez cuidarse en una justa medida, y despojarse de metas inaccesibles. La salud, agradecida.

Mirá el video de una popular campaña sobre la belleza femenina.