Por Andrea Celasso - Paisajista
Mantenimiento de jardines en función del riego
Uno de los aspectos fundamentales en el cuidado, es contar con un sistema de riego eficiente que mantenga un equilibrio entre los extremos ya que el exceso de agua puede resultar tan dañino como la sequía.
Aunque los avances tecnológicos nos brinden cada vez más posibilidades, en la actualidad el método más tradicional continúa siendo el riego a mano cuya principal ventaja es asegurar que cada planta reciba la medida justa de agua. Como contraparte debemos decir que es un método incómodo que exige mucho trabajo y disciplina.
Por otro lado, entre los sistemas automatizados más utilizados, se encuentra el riego por aspersión. Su gran ventaja es que el agua se distribuye mediante aspersores que suministran el agua en forma radial además de permanecer ocultos hecho que evita la obstaculización. Otra beneficio es que humedecen el ambiente favoreciendo la transpiración de las plantas. Como contraparte debemos decir que tipo de riego consume mayor cantidad agua además de empapar plantas que no necesitan grandes cantidades.
Otro sistema mecánico bastante difundido es el sistema por goteo. Aquí el riego se realiza soltando el agua gota a gota, según su necesidad, humedeciendo sólo una parte del suelo justo donde se concentran las raíces, por ello, es conocido también como riego localizado. Es un sistema muy cómodo que ahorra mucha agua, pero suele ser bastante costoso. Su gran ventaja es que al funcionar con temporizador, el riego se realiza sin necesidad de vigilancia y utiliza sólo el agua estrictamente necesaria.
Cómo optimizar el consumo de agua en nuestro jardín
Existen muchas formas de aprovechar al máximo el agua que se emplea a la hora de regar jardines, por norma general se riega mucho más de lo que sería aconsejable. Siguiendo algunos consejos podemos lograr una óptima utilización del recurso lo cual será muy beneficioso tanto para el medio ambiente como para su economía.
Intentar agrupar las distintas especies que van a formar nuestro jardín según el agua que vayan a demandar. Será muy difícil optimizar el riego si al lado de una planta con baja demanda de agua (xerófilas por ejemplo) tenemos una con alta. Si esto sumamos en la elección de nuestra variedad de plantas algunas que sean autóctonas, conseguiremos reducir en muy buena parte nuestra necesidad de riego. Además hay especies que sin ser autóctonas necesitan menos agua como por ejemplo el cactus, aloe, etc.
En la medida que sea posible debemos plantar las que tengan mayor necesidad de riego lo más cerca posible del césped; pues este será el mayor consumidor de riego de nuestro jardín. Tener un jardín con parte de sombra y protegido del viento por muros o setos beneficiará también el ahorro.
Sobre una base de suelo arenoso con material de turba, compost, estiércol o similar que mejorara la retención del agua, debemos instalar un sistema de riego por goteo automático, el riego por goteo siempre es muchísimo más efectivo que el riego por aspersores.
Aprovechar el agua de lluvia en depósitos o realizar la plantación en los meses de otoño que es la época en la que se produce la mayor cantidad de precipitaciones.
Utilizar materia como corteza de pino para retener el agua y evitar la evaporación es otra acción efectiva. Existen el mercado algunos productos que retienen el agua y la van liberando de forma progresiva como polímeros absorbentes o hidrogeles. Estos materiales deben mezclarse con la tierra a la hora de regar. Otra alternativa es utilizar planta tapizantes sobre todo de especies crasas que retienen humedad.
La dosificación del riego es fundamental también para “educar” a nuestras plantas en el aprovechamiento del agua, las plantas que son regadas a diario se hacen de raíces vagas y no profundizan lo suficiente para buscar la humedad del suelo, ir paulatinamente alternando riegos para acostumbrar a las plantas en una buena opción para ahorrar agua.
Regar siempre al amanecer o al atardecer y evitar las horas de mucho sol. Debemos tener en cuenta que el principal consumo de agua va a ser producido por el césped. Es decir, hay que cuantificar y limitar el uso de césped a las necesidades reales. Una vez decidida la cantidad real que deseada, aconsejamos hacerlo en una superficie plana y con un diseño que facilite el riego.