Podía ser la noche esperada por Racing, la de reconciliarse con su gente justo ante un rival de jerarquía que pelea bien arriba; podía ser la gran jornada de Godoy Cruz, que podía darle el privilegio de volver a la punta capitalizando la caída de Independiente. Mucho se jugaban uno y otro, sabedor el local del triunfo de Gimnasia que lo obligaba a ganar sin importar las formas; conocedor el visitante de que oportunidades como éstas para un equipo del interior no suelen darse todas las semanas...
Al final, el empate en cero dejó a los dos con una sensación de haber perdido una posibilidad palpable, concreta y tan real como el empate que sellaron bajo la Luna de Avellaneda.
En el primer tiempo, Racing se asemejó a una tromba en los minutos iniciales y buscó ahogar a Godoy Cruz en cada sector. Con una distribución acertada de sus hombres en el terreno, hizo lo imposible por meter a los mendocinos contra su arco. En cada choque, la hinchada de Racing sabe algo de antemano: el plus que su conjunto siempre entrega, la pasión con la que cualquiera de sus jugadores irá a cada pelota dividida. Pero a ello, el conjunto dirigido por Miguel Angel Russo le agregó anoche una virtud inesperada: el criterio que hizo desaparecer las propias imprecisiones. La Academia, más allá de aquella lejana hoy primera fecha ante Rosario Central –cuando hasta se lo sindicó como candidato al título–, produjo los mejores primeros 45 minutos del Clausura.
Un medio campo inusual, sin el suspendido Yacob y con Mercado retrasado, se encargó de encender la esperanza en los corazones locales. Muy suelto y prolijo por la izquierda, José Luis Fernández se mostró firme en la concepción; por la derecha, sorprendió la claridad de Rosano, y como si ello fuera poco, el juvenil Bruno Zuculini no se amilanó en su debut en la cancha de Racing. Todo eso redundó en situaciones netas, como un tiro cruzado de Hauche (habilitado por Bieler) que pasó cerca del palo izquierdo, un tiro de Rosano en el palo a los 36, otro disparo del volante que se perdió apenas arriba del travesaño a los 42 y, quizá la más clara, una entrada libre de Hauche que inexplicablemente remató desviado, sólo frente a Ibáñez.
Un planteo repleto de llegadas y muy meritorio, teniendo en cuenta que enfrente estaba una de las grandes (sino la mayor) revelación de este campeonato, el equipo que le disputa la primacía de la cima a Independiente. Racing supo como controlarlo, sabedor en todo momento de que al no dejar jugar a Olmedo ni a David Ramírez en el medio campo, se limitaba mucho la habitual peligrosidad de Carranza y de Federico Higuain. Claro que no es casualidad que el Tomba esté donde está y eso lo demostró en las posibilidades –pocas, es verdad– que generó: Ramírez, ingenioso para desmarcarse, lo tuvo y lo desperdició a los 34, quizá por exceso de individualismo.
La esperanza de la gente de Avellaneda, cuando nada lo hacía preveer, se diluyó con el transcurso del minutero en el segundo período. ¿La causa? Racing volvió a parecerse mucho más al Racing de cada semana. Aparecieron las intermitencias, las imprecisiones se multiplicaron y físicamente, le costó mucho sostener el ritmo casi endemoniado del primer período. Russo recurrió al banco, no por cuestiones técnicas sino porque a varios de sus hombres les empezó a faltar el aire. Pero ni el ingreso de Lugüercio, Fariña o Falcón alcanzaron a torcer el rumbo. Así, Godoy Cruz se afianzó en su postura conservadora, lejos del nivel que supo mostrar en otras jornadas y creciendo cuando los altibajos de Racing se lo permitían.
Una tapada de Ibáñez al consecuente Fernández y un desborde de Lugüercio que Rosano no llegó a capitalizar, le bajaron el telón a una noche en la que tanto uno como otro se llevaron un sabor más agrio que dulce.
Racing-Godoy Cruz: ilusiones perdidas en Avellaneda
Podía ser la noche esperada por Racing, la de reconciliarse con su gente justo ante un rival de jerarquía; podía ser la gran jornada de Godoy Cruz, con el privilegio de volver a la punta capitalizando la caída de Independiente. Mucho se jugaban uno y otro: al final, el empate en cero dejó a los dos con una sensación de haber perdido una posibilidad palpable, concreta y tan real como el empate que sellaron bajo la Luna de Avellaneda. Ambos, jugaron a favor del Rojo Independiente.