Por Diana Chiani
Hay algunas cosas –tal vez menos de las que los adultos desearían- que son concretas respecto de la adolescencia. Los inocultables cambios físicos y el hecho de que se trata de una etapa de continuos interrogantes y de ebullición casi constante, son algunas de ellas. Y es preciso aclarar que concreto no significa, al menos en este caso, estático, inmóvil o seguro. También es cierto, por otra parte, que la mayoría de las personas ha sobrevivido a este período que, además, ya no es tan crítico como solía ser, debido a que tanto niños como grandes pretenden ser adolescentes como período ideal propuesto por la cultura posmoderna.
Más allá de las típicas variaciones de humor –con todo lo que ello suele “alterar” la vida familiar- y del hecho de que los padres pasan de tener un hijo dependiente de ellos a otro que comienza a cuestionarlos de manera constante (algo indispensable para dar los pasos hacia la independencia) la realidad es que una de los temas que más preocupa a los progenitores es el inminente inicio en la sexualidad que tendrán sus “pequeños”.
El tema se habla entre los adultos casi desde el nacimiento de los chicos ya que también se mezclan temores relacionados con el ritmo actual de la cotidianeidad que lleva a una vida cada vez más acelerada y libre de prejuicios. De este modo, es común (en estos y otros tiempos) oír comentarios por parte de los padres –en tono de broma pero con un trasfondo bastante serio- que aseguran que acompañarán a sus hijas a bailar y que no les permitirán acercarse a ningún varón que ose pretenderlas. Sin embargo, el crecimiento de los hijos en todos los aspectos que los convierten en personas, incluido el sexual, es inevitable y –por supuesto- sano desde el punto de vista psicológico.
La charla previa
La Licenciada en Psicología Teresa García, opinó que –con respecto a los primeros encuentros sexuales- la tan mentada charla en el inicio de la adolescencia no tiene demasiado sentido debido a que la responsabilidad sobre el cuerpo y la propia vida son valores que se van formando desde la infancia. Esas pautas se profundizan en la adolescencia y ellos tienen que ir decidiendo conductas adecuadas a sus valores. Lo importante es inculcarles la importancia de su cuidado personal, de vivir una sexualidad que sientan sana y positiva para que puedan elegir con más armas, incluso frente a las presiones grupales.
No hay que olvidar, en este sentido, que los adolescentes comienzan a guiarse por lo que hace y “dicta” su grupo de amigos. No porque no sepan pensar por sí mismos sino porque se trata de un rasgo característico de la edad. Es que el grupo y la necesidad de pertenecer se imponen con fuerza entre los adolescentes y lo primero que hay que comprender es que ese joven se va abriendo camino hacia lo social y que va a formar grupos porque sirven para separarse de la familia. Después, si existen dudas acerca de esos amigos, hay que manejarse hablando sin tratar de imponer porque eso va a producir un rechazo inmediato de los hijos. Ellos tienen capacidad de razonar y, de a poco, van a ir armándose para modificar las cosas, si es que los padres estaban en lo cierto.
Del mismo modo, la educación sexual está relacionada no sólo con la necesidad de aclarar las dudas lógicas que surgen en los chicos sino con el objetivo de que ellos puedan controlarla en base a los verdaderos deseos y sentimientos personales. “Educar a los más jóvenes en este aspecto no sólo es necesario para que cuiden su salud y la del otro sino también para que adquieran conciencia acerca de lo que significa un paso tan importante. Se trata de algo que ellos deben decidir de manera responsable para, después, asumir las consecuencias”, indica García.
En este sentido, para la psicóloga no es útil orientar a los hijos a la absoluta privación de las relaciones sexuales ya que esto puede derivar en mentiras, ocultamiento o problemas más serios. En cambio, hay que apuntar desde pequeños al disfrute de una vida sexual sana, sin repercusiones negativas. Además, la ecuación entre valores morales (respeto por sí mismo y los demás, libertad con conciencia) y apertura al diálogo de manera constante, suele llevar las decisiones de los adolescentes a buen puerto. Eso sí, el trabajo no es fácil y no tiene tiempo de descanso.
Las respuestas del sexólogo
El doctor José Luis Rodríguez, médico, psicoterapeuta especialista en sexología clínica y docente de la cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo; respondió algunas preguntas claves acerca de esta conflictiva etapa y su relación con la sexualidad. Veamos lo que tiene para decir.
¿Cuáles son los cambios físicos más importantes que experimentan los chicos, a medida que van creciendo?
La adolescencia tiene un inicio claro a partir de la pubertad, término que literalmente significa “llenarse de pelos”. En la pubertad es cuando se produce la eclosión hormonal que determina la aparición de los caracteres sexuales; si el aumento es en la producción de testosterona, se producirán los cambios de característicos del varón, aparición de vello pubiano y axilar, esbozo de barba y bigote, incremento de la masa muscular, redistribución de la grasa corporal, cambios en la voz y cambios en la piel. Si el aumento es de estrógenos, las transformaciones serán características de la mujer. El crecimiento de las mamas, la aparición de vello pubiano de forma triangular, vello axilar, vello corporal más fino o ausente. No hay cambios en la voz pero se percibe una distribución de la grasa corporal en las caderas y una masa muscular más estilizada y menos marcada.
Además de la ansiedad lógica que generan los cambios ¿Existen procesos o conductas que se puedan calificar como exageradas o fuera de la ‘normalidad’? ¿Cuáles serían?
Todos estos cambios producen ansiedad porque el adolescente se va encontrando en un nuevo cuerpo, que siente como extraño y al que le lleva tiempo acostumbrarse. No obstante, a diferencia de otras épocas, se advierte que se ha modificado lo que se denominó “el duelo por la pérdida del cuerpo infantil”. Se interpretaba que el adolescente entraba en un duelo que le producía angustia por el hecho de dejar de ser niño, se observa ahora, que este cuerpo adolescente se ha convertido en ideal por la influencia de la moda y los medios, que esa angustia es menos marcada. Parece que el pasaje de niño a adolescente es menos traumático en razón de que los mensajes sociales indican que el cuerpo del adolescente es el ideal a lograr. Cuando los ideales entonces están marcados por la moda pueden aparecer trastornos. Los más serios en esta edad son los vinculados con la imagen corporal que, si no es la que se corresponde al modelo, se pueden manifestar a través de anorexia, bulimia, vigorexia, que es el exceso de actividad física para tener un cuerpo ‘marcado’.
¿Qué hay de cierto en aquello de que los adolescentes sólo piensan en sexo? En este sentido, tal vez el prototipo de adolescente que uno suele ver en medios de comunicación no se condice con el que se desarrolla en una provincia como Mendoza ¿Es esto así?
Dice una frase popular que en este momento seguramente la mitad de las personas están teniendo relaciones sexuales, y la otra mitad está pensando cómo hacer para tenerlas. Más allá de la ironía, lo sexual ocupa una gran parte del pensamiento del adolescente. Lo generan la curiosidad, la ignorancia, los mitos y prejuicios y, fundamentalmente, el ocultamiento que se hace del tema. Cuestión a la que acceden, al no poder hacerlo por vías formales, a través de lo informal. Así, buscan información a través de los amigos, los medios o Internet porque no tienen otra forma de obtenerla. Pensar hoy que el adolescente de Mendoza es muy diferente al de Buenos Aires puede estar errado, ya que el acceso a los medios de comunicación y en especial a la red de redes ha vinculado al mundo en lo que ya hace tiempo se denominó “la aldea global”. Lo que puede generar confusión es creer que los modelos que presentan los medios de comunicación son los modelos de la realidad. Los medios tienen como fin último la venta de su producto y secundariamente la comunicación. A los fines de la venta hay que llamar la atención y lo que provoca esto es lo que se sale de lo cotidiano. Imagínese el argumento de una novela basada en la vida de cualquiera de nosotros, no la vería nadie. Porque el común de nosotros no tiene pérdidas de memoria, no queda paralítico o ciego y se recupera milagrosamente o es millonario y se enamora de una boxeadora ni descubre que tiene un gemelo del que lo separaron al nacer. Como el objetivo es llamar la atención para la venta, se utilizan entonces historias que salen de lo común y los modelos de relaciones y personas que aparecen no son los comunes. De esos modelos mediáticos, se diferencian por igual tanto los adolescentes de Mendoza como los de Buenos Aires.
Con relación a la última pregunta, ¿en qué momento se pasa del pensamiento a la acción? ¿Existen condiciones “ideales” para que esto suceda? ¿Cuáles serían y cuál es el rol de los padres en este caso?
Esta es una pregunta difícil, ya que el inicio de relaciones sexuales requiere una madurez que pasa no solamente por lo físico sino, de manera fundamental, por lo psíquico. El adolescente necesita de esa madurez psíquica para saber qué es lo que está haciendo, por qué lo hace, con quién lo hace y cuáles son las consecuencias. Estadísticas que vienen repitiéndose los últimos 10 años, indican que entre los 16 y 18 años, el 70% de los adolescentes ha tenido relaciones sexuales. Este dato a veces asusta y preocupa, pero las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran. Las condiciones ideales serían aquellas que respondan adecuadamente a las preguntas previas, o sea, las que indiquen que ese o esa joven están maduros. Como siempre, las condiciones ideales pocas veces ocurren. Los padres deberían ayudar a sus hijos en un principio con información clara, dándoles la oportunidad de hablar francamente y sin miedo, brindándoles los elementos necesarios para poder decidir con libertad, sea tanto para tener como para no tener relaciones. El diálogo es algo que no debe esperar a la adolescencia, debe estar presente durante toda la vida del hijo en todos los temas, la educación sexual comienza desde que nacemos, con todos los mensajes que el niño recibe de sus padres así como del trato de sus padres hacia él y entre ellos.