Un cortocircuito en un embrollo de cables que convivían entre el aparador y la cama de María Celina Mille Gómez –la mujer de 42 años que permanece internada con graves quemaduras al igual que su hijo Francisco, de 15 años-, fue, al parecer, el inicio de una tragedia que ha puesto en juego la vida de ambos y que hasta hoy mantiene a madre e hijo luchando por sus vidas en el Hospital Schestakow y el Lagomaggiore de Mendoza.
María Celina y Francisco, el último sábado por la noche y hasta poco antes de la una de la madrugada, miraban una película sentados en un sillón de una habitación de estar junto a una vecina amiga.
La mujer que los visitaba esa noche lo hacía con cierta periodicidad para brindar ayuda a María Celina a raíz de un accidente que hace algún tiempo había sufrido en su motocicleta. El accidente, que le ocurrió tras haber perdido el dominio de la moto al toparse con una piedra en un sector de calle Rawson, le había causado triple fractura de cráneo lo que la mantuvo internada en estado grave.
La vecina de María Celina y Francisco, no muy convencida de la película que miraban aquella noche, decidió volver a su casa, ubicada en la vereda de en frente a unas tres casas en diagonal a la vivienda que pocos momentos después ardería en llamas.
No hizo más que encender un cigarro y sentarse a ver televisión en el living de su casa, que desde allí, y a través de la ventana que da hacia la calle, se sorprendió al ver una suerte de relampagueos y refucilos que provenían de la casa de María Celina.
Apenas habían pasado unos segundos desde que la mujer abandonó la casa cuando se desató un cortocircuito que haría arder en llamas antes que cualquier otra cosa, el colchón de la habitación de María Celina, quien había dicho en algún momento de esa noche que sentía cierto olor a quemado.
Cuando ella y su hijo fueron a la habitación, el colchón, que era del tipo de esos viejos y pesados y con estructura de resortes metálicos , ya estaba ardiendo con llamas. Abrieron luego la puerta de casa que da hacia la calle, e intentaron entre ambos sacarlo a la vereda. Pero fue aquel intento el que resultó casi fatídico.
Durante el acto en el que intentaron sacar el colchón a la calle –del interior de la habitación por la puerta hacia el pasillo, del pasillo hacia el living y por último desde el living por la puerta principal hacia el exterior-, ocurrió que el fuego fue desprendiéndose del colchón al tiempo que iba incendiando lo que a su paso tocaba.
Pero otro percance fue aún más determinante. El colchón se habría quedado atascado entre la puerta que da hacia la calle y un mueble que se encontraba a un costado del ingreso, que se encendió de forma inmediata. El joven Francisco logró salir tras quedar en mejores condiciones de escapar entre tantas maniobras por sacar el colchón de casa. Mientras que su madre quedó del lado de adentro, sin posibilidad de escapar, puesto que el pasillo de la casa ya estaba en llamas, el living ardía cada vez más y la ventana por donde podría haber huido tenía rejas.
A esta altura los gritos de desesperación ya habían alertado a varios vecinos. Hubo alguien que acercó un matafuegos, pero Francisco en un primer momento no pudo hacerlo funcionar, aunque luego, el polvo químico apenas salió con una mínima presión.
Un móvil arribó al lugar, alertado vía telefónica por medio de un vecino. Así fue que los auxiliares Cristian Serna y Víctor Saez, con prestación de servicios a la Compañía Motorizada, ingresaron a la casa en llamas y rescataron envuelta en una sábana a María Celina.
“Celina se había quedado arrinconada en una esquina del living, mientras que Francisco ya estaba afuera cuando llegó la policía que entró a la casa y la sacó con una sábana. Los dos estaban completamente negros, pero la gente no sabía si era por el humo o porqué, hasta que al tocarles la piel se dieron cuenta que estaba quemados. Igual, apenas ocurrió todo, los dos estaban concientes. Celina decía que le guardaran la moto –que estaba en el hall de la casa- y decía: «que porqué de nuevo a mí»”. La cita son palabras de una fuente cercana a María Celina que relató a Mediamza.com lo que aquí ha quedado escrito.
En declaraciones a otros medios los vecinos destacaron el accionar de los dos efectivos de la policía que arribaron primero al lugar del siniestro y rescataron a la mujer de entre las llamas.
Ambos sufrieron algunas quemaduras leves y principio de asfixia, y aunque necesitaron ser asistidos en una clínica privada, ya se encuentran en servicio nuevamente.
María Celina, internada en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Schestakow, y Francisco, internado en el Hospital Lagomaggiore de Mendoza, aún permanecen en estado delicado y los médicos reservan sus pronósticos.
Una mala decisión propagó el incendio
Fue lo que ocurrió en la casa de calle Dorrego en la madrugada del último sábado, en la noche casi fatídica en donde una madre y su hijo resultaron gravemente heridos por las llamas que incendiaron la casa. Seguí el relato preciso de lo que ocurrió en la madrugada del domingo.