El inmueble podría definirse como un casco de montaña orientado hacia la precordillera con galerías que miran al norte.
Sus muros rústicos y gruesos, algunos de 40 cm de espesor, techos en rollizos de eucaliptos, pisos en pinotea recuperada flotante y carpintería de madera con grandes porcentajes de vidrio, son algunos de los materiales que se utilizaron para crear una casa de familia dispuesta a disfrutar también con amigos.
El equilibrado y refinado interiorismo fue responsabilidad de su propietaria, Laura Lacroix, que despliega en la decoración de los ambientes toda su capacidad profesional.
En cuanto a la elección de los muebles, se optó por un mobiliario muy relajado y sin pretensiones, es práctico, atemporal y no está influenciado por las tendencias. También se observa un gran trabajo en la recuperación de objetos antiguos que pertenecieron a la familia como el es caso de un espejo traído desde Francia o los cuadros confeccionados con cubiertos.
Una nota destacada en relación al mobiliario se imprime en algunos de los muebles diseñados por Laura con pieles de chivo.
Comedor diario en madera con banquetas y dos sitiales de estilo y tapicería contemporánea, puertas corredizas combinadas con vidrios translúcidos.
Mesa ratona de baja altura de 1.80 x 1.80, silla tapizada en piel natural, tejido con varillas de ratán en composición con cuadros pequeños.
Otro de los seetings del estar principal, muros blancos, mobiliario blanco, maderas oscuras, detalles en diferentes rojos. Abertura que conecta con el comedor principal.
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