Ushuaia, la ciudad más austral del mundo

El relato del visitante nos sumerge en uno de los paisajes más bellos de nuestro país y además nos revela aspectos de su riqueza histórica y cultural. La posibilidad de realizar un increíble recorrido por el canal de Beagle o visitar la escalofriante cárcel del fin mundo, han convertido a Tierra del Fuego en uno de los destinos turísticos mas destacados de Argentina.

Turismo
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Por Haydeé Magnani

En muchas ocasiones, cuando buscábamos destinos probables de viaje y salía al tapete el nombre de Tierra del Fuego, la imaginación, con ganas de salir al camino, terminaba diciendo: ¡Pero queda tan lejos! Es verdad, entonces y ahora, sigue estando lejos. Pero, arrancar significa acercarse y  cumpliendo etapas se logra llegar.

De mi niñez y de lo aprendido en la escuela, recuerdo la íntima relación de Ushuaia y la terrible fama de su penitenciaría para presos peligrosos, como los más despreciables: el asesino de niños llamado el Petiso Orejudo o Mateo Banks, el primer asesino serial de la Argentina, ambos sinónimos de negras leyendas. Así iniciamos el recorrido por la ciudad: visitando al célebre presidio que hoy contiene dos museos: uno que reproduce con fidelidad las condiciones en que estaban alojados los “huéspedes” y otro, el Marítimo que contiene elementos de las primitivas navegaciones, maquetas de embarcaciones, ilustraciones y fotos de las misiones antárticas y de la exploración de los canales fueguinos. Ushuaia no es para conocerla en dos o tres días, por supuesto que entre la mezcla de modernos hoteles cinco estrellas y antiguos y bellos edificios históricos, se alternan primitivas iglesias de chapas con más de cien años de vida.

También en esa trastornada arquitectura, los comercios abarrotados de turistas de la avenida San Martín, las agencias de viaje y las casas fueguinas de chapas y maderas con sus interiores de arpillera empapelada, se mezclan sin descanso para nuestros ojos.
Un paseo obligatorio nos lleva a recorrer la costanera o avenida Maipú que es también el margen marítimo de la ciudad,  el ingreso al activo puerto y al Club Náutico, nos permite llegarnos hasta la casa Beban, totalmente realizada en madera, comprada en Suecia y construida alrededor de 1913, eje de la vida social y comunitaria durante gran parte del siglo XX. Hoy totalmente restaurada es un edificio para admirar.

Ferrocarril del Fin del Mundo

Ferrocarril Austral Fueguino

En su época, el pueblo y la penitenciaría se calefaccionaban con la leña que los presos cortaban en los bosques de los alrededores. Una pequeña locomotora tiraba de las vagonetas cargadas por una vía de trocha angosta. Hoy, el Ferrocarril Austral Fueguino, recorre parte del Parque Nacional Tierra del Fuego que se inicia a diez kilómetros de la ciudad. Tanto las locomotoras como los vagones, fueron diseñados y construidos con carpintería decorativa y confortable. Parte desde la Estación del Fin del mundo. Recorre unos quince kilómetros adentrándose en el Parque, con sus bosques y turbales, un mundo vegetal distinto y desconocido para el fin de la Argentina, que imaginábamos como un gran freezer, pero que, gracias a valles y serranías está protegido de las rachas heladas de los vientos. El viaje nos lleva hasta la cascada del río Pipo, para admirar algunas orquídeas, helechos, líquenes y sobre las esponjosas turberas descubrir a la colorida drosera, una planta que atrae a los insectos y se alimenta con ellos.

Los árboles que se distinguen sobre las gramíneas son los ñires y los calafates y el más característico: las lengas. Algunos ejemplares llegan a los tres metros de altura. También se dejan  ver zorros colorados, conejos y nutrias o huillín, pero no logramos divisar algún visón, que según nos contaron, un fallido establecimiento peletero dejó sueltos y hoy son salvajes, pero eso si, rescatados  del  destino de terminar siendo tapados. Una verdadera colección de aves costeras anidan en el parque y nos quedamos encantados viendo a un pájaro carpintero ejerciendo su oficio.

Lenga, conocida como árbol bandera

Otro paseo interesante fue el que hicimos bordeando al canal de Beagle. Además de la sensación de velocidad y urgencia con que se mueven sus aguas, pudimos observar en sus orillas y debido a los gélidos e inclementes vientos que llegan desde la antártida, los famosos “árboles bandera”. El ramaje superior de las lengas se inclina en forma perpendicular al suelo, adoptando una posición única, casi acostados paralelos a la tierra. En muchos lugares de la Patagonia en que los vientos corren por la meseta sin que nada los detenga, es común ver la fronda inclinada en el sentido de las furias con que juega Eolo.

En los márgenes que el parque linda con el mar, en las costas abruptas y rocosas, vimos numerosos mariscos bivalvos que eran el alimento de los primitivos habitantes, semi-nómades. Justamente arqueólogos y antropólogos analizando los “montones” de valvas vacías, llegaron a la conclusión de que la Tierra del Fuego estaba habitada desde hace 30000 mil años. Así dicen los que saben. Cruzaron desde Asia por el Estrecho de Bering y en su marcha hacia el sur, llegaron a estas tierras que iluminaron con sus fuegos por lo que Magallanes, así la bautizó.
Nos recomendaron no comer de esos moluscos por el tema de la “marea roja” de la que están infectados actualmente.

Las ofertas de realizar navegaciones hasta la bahía de La Pataia, algún crucero a la gélida base Belgrano, siempre que el hielo lo permita, sobrevuelos, cabalgatas por el interior de esta provincia, realmente apabullan al viajero, que como siempre, esclavo del tiempo, no tiene más remedio que elegir. Nos decidimos por una visita a la Estancia Haberton. La casa principal de la estancia es la más antigua de la isla, fue construida por el hijo del Reverendo Thomas Bridge, el primer hombre blanco radicado en la isla. Las tierras para levantar el establecimiento le fueron donadas por el gobierno en agradecimiento al cuidado y preocupación con que contuvo a los nativos yaganes y onas, quienes encontraron allí un lugar seguro.

En el bosque que la rodea hay un circuito botánico y en los jardines y terrazas se cultivan hermosas flores. Por supuesto que no resistimos la curiosidad de tomar un té en la confitería Manacatush para probar las delicias culinarias. Debimos desechar más de una interesante visita, pero, para aquel que decida visitar esta austral oferta de viaje, les recomiendo dedicarle más días.

He dejado por el camino de mi relato, numerosas experiencias, anécdotas, y muchas de las bondades de esta tierra del fin del mundo, y a los valientes que se largan por los caminos en sus 4X4 les digo que recibirán un 100X100 de satisfacciones.