Racing se impuso y arrasó en medio del caos

En medio del caos general, Racing impuso su propio torbellino futbolístico. Cuando pasó la tormenta climática, el vendaval de goles lo puso la Academia.Racing arremetió con furia en la cancha. Después de que a Collado le agarrara un ataque de autoridad en la expulsión de Alvarez, el equipo de Russo le hizo pagar a Vélez con celeridad contundente el jugador de menos que tenía. Con tres goles en seis minutos dio vuelta el partido.

Foto: Télam
Foto: Télam

En medio del caos general, Racing impuso su propio torbellino futbolístico. Cuando pasó la tormenta climática, el vendaval de goles lo puso la Academia.Cuando se calmó la barbarie de las tribunas, Racing arremetió con furia en la cancha. Después de que a Collado le agarrara un ataque de autoridad en la expulsión de Alvarez, el equipo de Russo le hizo pagar a Vélez con celeridad y contundencia el jugador de menos que tenía. Cuando en buena parte del encuentro parecía que Racing debía empezar a interesarse por el rival de la B Nacional que podría tocarle en la Promoción, el relampagueante triunfo se festejó en Avellaneda con la misma euforia que si hubiera asegurado la permanencia en primera. 

Así es Racing, se dice desde hace tiempo y la descripción se confirma cotidianamente. Para lo bueno y para lo malo, es un club volcánico, poco explicable y entendible desde la cordura y la racionalidad. Puede estar 431 minutos sin hacer un gol, como ocurrió hasta que el latigazo de Lugüercio de derecha se le metió en un rincón a Barovero. El empate le dio paso a una insospechada fecundidad ofensiva. El Racing seco, inoperante en ataque, se destapó con tres goles en seis minutos (entre los 29 y 35 del segundo tiempo). Ganó de atropellada, a tambor batiente, con quirúrgicos remates de media distancia en los casos de Lugüercio y Bieler, y con la ayuda del desvío en la espalda de Cabral en el disparo de Yacob. 

En la búsqueda de respuestas a la seguidilla de malos resultados, el técnico Russo decía que Racing aseguraba el vértigo, y que la deuda pasaba por lo futbolístico. Ese concepto se ajusta al pobre primer tiempo de su equipo, incapaz de armar una jugada con tres pases de seguidos, de tener a un futbolista que organizara mínimamente el juego. Todo era precipitación, pelotazo al área o remate de media distancia sin ton ni son.