Tiger Woods, el hombre renacido en Augusta

Desde el primer hoyo, ese instinto de olfatear la presa y cazarla lo guiaron a una primera vuelta muy respetable. Sus 68 golpes (-4) lo ubicaron en el 7mo puesto, a dos de su amigo Fred Couples. Con aquel drive inicial justo al medio del fairway había vuelto Tiger, el mismo que aquí había irrumpido en el golf de elite con el primer major en 1997, una huella. No anduve muy bien con el putter; de otra manera, hubiese sido una vuelta muy especial", dijo Tiger.

Foto: EFE
Foto: EFE

AUGUSTA.– Por lejos, el artículo más vendido en el Masters es una silla verde plegable con el logo del torneo. En su respaldo lleva la identificación de su dueño y, cuando el show se termina, se dobla y se guarda en una funda. Muchos de los 40.000 espectadores acudieron al primer día del certamen con sus sillas, que ningún desconocido atina a ocupar por más que estén vacías. Cada uno se acomodó en su asiento para observar en vivo la tragedia griega de Tiger Woods, o el mito del personaje caído y recuperado. Un espectáculo único por sus múltiples implicancias, desde lo deportivo hasta lo moral, desde lo ético hasta lo existencial y en lo relativo a los sponsors. 

En ese teatro improvisado, Tiger fue el objeto de estudio. Y no sólo se lo miró como a un golfista excepcional, sino como a un gran simulador que vendió la impronta de esposo y padre perfecto hasta que se entregó a sus tentaciones. Pero no hubo castigo ni repudio de parte de sus examinadores. Al contrario: primó el deseo de armarle una gran bienvenida, después de su inactividad de cinco meses y su cadena de affaires extramatrimoniales que lo arrastraron al escándalo. Por fin, querían disfrutarlo en su salsa. "La recepción fue increíble desde el mismo momento en que fui del putting green al tee del 1", señaló el N° 1 del mundo, ya sin la barbilla que se había dejado en los días de práctica. 

Esa mirada asesina desde el primer hoyo, ese instinto de olfatear la presa y cazarla lo guiaron a una primera vuelta muy respetable. Sus 68 golpes (-4) lo ubicaron en el 7mo puesto, a dos de su amigo Fred Couples. Con aquel drive inicial justo al medio del fairway había vuelto Tiger, el mismo que aquí había irrumpido en el golf de elite con el primer major en 1997, una huella indeleble. 

Woods está en pleno proceso de redención y su renacimiento deportivo fue perfecto. Aún soporta palazos, como el de Billy Payne, presidente del Augusta National, que el miércoles le había caído durísimo: "Tiger era un ejemplo de trabajo y esfuerzo para nuestros hijos, pero se olvidó de eso. La fortuna y la fama llevan una responsabilidad, no invisibilidad. Nuestro héroe no es el modelo para nuestros hijos". También, todavía es víctima de bromas de mal gusto, como las tantas que circularon por Internet y en distintos diarios. Pero esta vez, las chanzas vinieron desde el cielo. En un momento sobrevoló una avioneta con una pancarta flameante que decía: "¿Do you mean bootysm?", un juego de palabras con la religión que retomó, el budismo, y su pulsión por buscar chicas fáciles. Luego pasó otra nave con un mensaje aún más explícito: "Sex addict? Yeah. Right. Sure. Me too!" ("¿Adicto al sexo? Sí. Correcto. Seguro. ¡Yo también!"). El californiano aseguró que no vio las avionetas, pero cree que no será la primera ni la última vez que quede como el peor alumno de la clase. 

Al margen de las mofas, lo más interesante es que el golf, desde ayer, revivió definitivamente con el regreso oficial del hombre que mueve todo el negocio. Las casas británicas de apuestas registraron una recaudación récord de 64 millones de dólares y dan favorito a Woods por 5-1, muy por delante de Phil Mickelson, que paga 12-1 y a quien la gente estima muchísimo más. Hacia Tiger existe admiración; hacia el zurdo de San Diego, en cambio, pasión y elogios unánimes, sobre todo luego de su entereza para soportar el mal trance de su mujer, Amy, que se recupera de un cáncer de mama y que ayer lo siguió desde detrás de las sogas. 

Vestido con su polo gris y el auspicio de Nike, uno de los sponsors que se mantuvieron fieles en medio de la tormenta, Tiger pasó pocas zozobras durante el recorrido y gozó de muchas ovaciones. Se apuntó un birdie en el 3, pagó con bogey en el 7 y se lució con un águila en el 8 luego de meter desde 9 metros. Acto seguido, atrapó otro birdie desde los pinos. En el trayecto de vuelta se equivocó en el 10, pero el águila en el 15 le ofreció el espaldarazo final y llegó a un total de -4. Es la primera vez en una misma ronda de Augusta que el N°1 logra dos águilas. Todo bajo un cielo cubierto y en el contexto de un campo duro, con greens veloces y traicioneros, a tono con la historia del Masters. 

"Estuve tranquilo durante todo el día. Desafortunadamente no anduve muy bien con el putter; de otra manera, hubiese sido una vuelta muy especial", comentó Tiger, que con su primer golpe en el hoyo 1 simbolizó la metáfora de una persona deseosa de arrancar una nueva vida. A su alrededor lo evaluó la cara más puritana de la sociedad norteamericana. 

Mientras que el circo gira alrededor del gran titiritero, más arriba dominan los maduros Couples y Watson (ver aparte), pero en la pelea se metieron de lleno el propio Mickelson (bicampeón, con sus títulos en 2004 y 2006), el inglés Lee Westwood y el ala asiática representada en Y. E. Yang y K. J. Choi. Lamentablemente, Angel Cabrera, en el 45° puesto, deberá batallar para volver a ser el centro de atención, como el año pasado. 


Nicklaus y Palmer, starters de honor
Jack Nicklaus, máximo ganador de títulos grandes, con 18, y Arnold Palmer, dueño de 7 majors, fueron los encargados de ejecutar los golpes iniciales en su condición de starters de honor. La emotiva ceremonia se produjo a las 7.40, diez minutos antes de la primera salida oficial, a cargo del australiano Nathan Green y el local Heath Slocum.