Presentamos a la lobesia botrana o polilla de la uva

Esta plaga que hoy esta afectando al norte y al este de mendoza, es una mariposilla de 12 milímetros y constituye la principal plaga en la vid. En el año 2008 Chile era el único país de América con este mal presente en sus viñedos.

Foto: Web
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La lobesia botrana tiene más de dos siglos de historia como plaga en los racimos de la uva. La polilla del racimo es una mariposilla de 12 milímetros y crisálida en un capullo blanco y así pasa el invierno , en la corteza de la cepa. Aparecen los adultos en primavera y hacen la puesta , 50 a 80 huevos, y tienen dos o tres generaciones según el clima.

La primera generación come flores. esto no provoca un daño importante porque tiene muchas flores. Las siguientes generaciones comen frutos; aquí está el mal. Además provoca pudriciones por Botrytis que aprovecha las heridas que hace en las uvas para infectar.

En el año 2008 esta plaga provocó en Chile un gran daño económico ya que varias áreas debieron declararse en cuarentena tras la detección de este insecto en varias regiones del país.

Chile es el primer país de América que tuvo la desgracia de ser contaminado por esta plaga que ataca a la flor y el fruto de la vid vinífera y de mesa. La presencia de esta plaga data de más de 200 años en Europa.

De acuerdo a experiencias realizadas en el país trasandino la forma de combate es  tratar de destruir a como de lugar la primera generación. Luego  implementar la confusión sexual y el combate químico a la primera generación.

¿Cómo es el ciclo biológico y comportamiento de la lobesia?

La botrana es capaz de desarrollarse sobre un gran número se especies vegetales agrestes y cultivadas, dada su extensa polifagia. En la revisión de BOVEY (1966) se señalan 15 especies a las que se asocia naturalmente la botrana. Otras recopilaciones reseñan otras 17 que, aunque no estimulan la oviposición en la hembra, son capaces de suministrar un substrato nutritivo adecuado a la oruga para la buena finalización del ciclo biológico.

El hecho no presenta en realidad un gran interés ecológico, pero sí aplicado a la cría del insecto en laboratorio sobre otros substratos vegetales alternativos. Algunas especies de viña virgen se muestran letales para las orugas. Entre las especies vegetales seleccionadas naturalmente para la puesta, merece mención especial el torvisco, arbusto de largas ramas que ha sido propuesto como la posible planta huésped originaria de la botrana antes de la invasión de los viñedos, si bien existen opiniones encontradas al respecto.

Algunos cultivos tradicionalmente asumidos como hospedadores naturales de la Lobesia botrana (p.e. alfalfa y patata) deben de ser eliminados de la lista de hospedadores naturales, en la cual se incluyeron probablemte por error a partir de la literatura más antigua relacionada con el desarrollo larvario de la polilla sobre vegetales no seleccionados naturalmente para la oviposición 

Cuando la polilla se asocia a la vid, la primera generación (mayo-junio) daña las inflorescencias, la segunda (julio) las bayas verdes y la tercera (agosto-septiembre) las bayas en envero y maduración.  La botrana inverna como crisálida, con la diapausa inducida, desde septiembre-octubre hasta la primavera siguiente. Se ubica preferentemente bajo la corteza de las cepas, y en las grietas de los rodrigones cuando la vid se conduce en espaldera, en el interior de un capullo de textura más recia y consistente que cuando la crisálida es no diapausante. La diapausia es un estado fisiológico de dormancia con factores desencadenantes y terminantes bien específicos. En el mecanismo de inhibición de la diapausa, todavía no bien conocido, interviene decisivamente la temperatura media de final del invierno e inicio de primavera .
 

Las emergencias del primer vuelo se inician a finales de marzo a primeros de abril, con una protandria de algunos días, y se prolongan alrededor de 4-6 semanas. La protandria es un fenómeno reproductivo concerniente a los organismos hermafroditas sobretodo a las plantas. Los adultos presentan una actividad máxima durante el crepúsculo: vuelo, llamada, acoplamiento, puesta y alimentación. Menos frecuentemente pueden mostrar también cierta actividad durante el alba o en días nublados.

Las hembras son usualmente monándricas pero varios factores pueden promover acoplamientos múltiples. Al contrario, los machos son predominantemente poligínicos. Las hembras, 1 a 3 días tras el acoplamiento, según la temperatura, inician la puesta sobre las brácteas, los botones florales y, más raramente, sobre el raquis de las inflorescencias, pámpanos y hojas, ya que las superficies lisas del vegetal estimulan especialmente el reflejo de puesta. Las orugas eclosionan 7-10 días después y efectúan desplazamientos de duración variable en función de la insolación y la temperatura de hasta 24 horas, en busca de un emplazamiento adecuado para instalarse.

 El proceso dispersivo se produce tanto mediante el uso de hilos de seda como por locomoción sobre el sustrato y se muestra dependiente de la densidad larvaria. Tras la instalación en un emplazamiento adecuado y eventualmente tras protegerse mediante una envoltura sedosa, las orugas de primer estadio comienzan la perforación de los botones florales y, una vez instaladas en el interior, se nutren fundamentalmente de los primordios estaminales y del gineceo.

 Más tarde, cuando su tamaño se lo permite, unen varias flores por medio de hilos de seda  y protegidas en su interior continúan su desarrollo. El cambio de ubicación es habitual, una vez que la mayor parte de las flores en torno al original han sido destruidas. Después de pasar por cinco estadios larvarios, las orugas abandonan las inflorescencias para crisalidar, preferentemente sobre las hojas. La duración del estado larvario es de 20-28 días y la del estado ninfal 12-14 días .

A finales de junio emergen los primeros adultos del segundo vuelo. Las hembras ovopositan sobre las bayas verdes, usualmente en la zona más sombreada de los racimos. Las orugas neonatas presentan el mismo comportamiento errático que en la primera generación. Finalmente se instalan iniciando una perforación en la inserción peduncular o en el punto de contacto de dos bayas, localizaciones que estimulan su tigmotropismo. El tigmotropismo es la respuesta de la planta al contacto con objetos sólidos.

La larva durante su desarrollo perfora varias bayas que une mediante un tejido sedoso, refugiándose normalmente en los últimos estadios en el interior del hollejo vaciado de una de ellas. Señalar aquí, que si bien el comportamiento defensivo típico de la oruga es el de huida, con violentos culebreos hacia atrás, éste se modifica por necesidad cuando están localizadas en el interior de las bayas; si son levemente hostigadas con un objeto punzante a través del orificio de penetración, sacan bruscamente la cabeza e incluso intentan bloquearlo con las mandíbulas.

 El desarrollo larvario requiere una mayor integral térmica que en primera generación, debido a la menor riqueza en nitrógeno de las bayas. La larva de quinto estadio pupa a mediados de julio, siguiendo las mismas pautas que en primera generación. La crisálida requiere para su desarrollo una integral térmica análoga a la de la primera generación.

El tercer vuelo se inicia, normalmente, a primeros de agosto, prologándose durante todo el mes. La oviposición tiene lugar sobre las bayas en envero y maduración, en los estados fenológicos 35-37 (EICHHORN y LORENZ, 1977). Las orugas se desarrollan durante agosto-septiembre. El comportamiento de las larvas es análogo al descrito en segunda generación , salvo que las orugas con la diapausa inducida prefieren realizar la ninfosis bajo la corteza de las cepas o en las grietas de los tutores y rodrigones, en lugar de en las partes verdes de la planta (CAUSSE et al., 1984). Las crisálidas invernan hasta la primavera siguiente en la que se iniciará un nuevo ciclo.

Señalar que una rápida velocidad de desarrollo de las orugas, propiciada por unas temperaturas primaverales y estivales anormalmente elevadas, puede provocar que la diapausa no llegue a inducirse en la tercera generación de orugas. Esto es el origen de un cuarto vuelo parcial, o total, cuya descendencia se pierde en su práctica totalidad ante los rigores invernales, por falta de tiempo y condiciones apropiadas para completar una nueva generación y alcanzar el estado diapausante. Sirvan como ejemplo los casos registrados en 1989 y 1990 en la región bordelesa.

Este desajuste se produce más a menudo de lo que podría pensarse, dadas las condiciones climáticas de fuerte impredecibilidad que caracterizan al clima mediterráneo y puede suponer un importante factor en la regulación de las poblaciones de insectos (TORRES-VILA et al., 1994).