Inmerso en el nerviosismo, preso de su pasado inmediato condenatorio, de su presente patético y de su futuro incierto, River no salió de la angustia a la que lo empujaron sus limitaciones. Tras una derrota por demás dolorosa ante Boca en el superclásico, Argentinos se presentaba como el salvavidas en medio de un naufragio inexorable o un lastre más en el traumático hundimiento.
Como un tsunami, la ola de repudio desde las tribunas volteó todo hacia la segunda opción. La más triste para un plantel que no encuentra la salida a un túnel oscuro. En el Monumental, el equipo de Astrada cayó por 1 a 0 ante el Bicho y la crisis se acentúa, como pocas veces en la historia
En la aciaga noche de Núñez, la cancha de River se asemejó a la casa del terror . Pocos -sólo los fieles de siempre- quisieron sumergirse en esta pesadilla que padece el equipo desde hace más de un año. No es nada fácil hoy sentarse en alguna de las butacas o pararse en la popular, sobre todo con la herida abierta en la Bombonera. Otra más de las tantas.
Media hora antes del cotejo, el estadio estaba ocupado sólo en un 20 por ciento. En la jornada laborable, la gente llegó sobre la hora, pero la asistencia apenas arrimó a un 30 por ciento. En los días previos, en distintos foros de Internet, se anticipaba un clima muy denso, que se comprobó ya con los anuncios de las formaciones por los altoparlantes.
Sólo se salvaron del escarnio público el arquero Daniel Vega y, sobre todo, Matías Almeyda, el veterano que de lejos acapara el mayor arraigo riverplatense. Hubo una piadosa indiferencia para los más jóvenes (Pereyra, Affranchino y Funes Mori), pero atronó una silbatina general para el resto. Gustavo Cabral, Gustavo Canales y Oscar Ahumada -este último ausente, por una lesión- sufrieron el rechazo más elocuente, que se agudizaría después del gol de Argentinos. Siempre desde la óptica de los hinchas, todos ellos quedaron marcados con el estigma de su falta de actitud ante Boca y su displicencia futbolística a lo largo del Clausura.
El gol de Sosa terminó de colmar la paciencia y llenó de bronca a los simpatizantes de River. "¡Jugadores, la c... de su madre, a ver si ponen huevo, que no juegan con nadie!", gritaban enardecidos. En Cabral detectaron el blanco máximo de repudio: cada vez que tocaba la pelota, el defensor procedente de Racing oía la rechifla desde todos los sectores.
No hubo distinción en el momento de reprochar al plantel: Los Borrachos del Tablón y el resto de la popular y las plateas coincidieron en el hartazgo por la ausencia de resultados y esta penosa realidad. Entre tanta intoleranciam, pasó inadvertido Leonardo Astrada, a quien ven como un técnico que no encuentra respuestas en sus jugadores, pero que no es el culpable absoluto de la situación.
Daniel Passarella, el presidente encargado de levantar la pesada herencia de su antecesor, José María Aguilar, tampoco fue insultado, pero recibió un mensaje desde una bandera: "Volvé, Ramón, River te extraña", en referencia al riojano Ramón Díaz. Un grupo importante se acordó de Ariel Ortega, el ídolo caído en desgracia por su problema de alcoholismo, que no tuvo siquiera la chance de cambiar el rumbo en la cancha.
Como en un circo romano, el público tragó saliva con la derrota consumada y señaló con el pulgar para abajo. El equipo atinó a saludar, pero enseguida recibió el cachetazo generalizado. Cuando los jugadores iban camino al vestuario, mientras se escondían por el túnel, muchos hinchas que estaban cerca estiraban el cuello para seguir insultando. Alguno que otro realizó el típico gesto del puño impactando con la palma de la otra mano: "¡Están pagos!".
Aquella molesta melodía que dice que la camiseta se tiene que transpirar cerró el telón para otro antishow de River, perdido en un laberinto. En esta atmósfera insoportable, los millonarios no avizoran ninguna salida.
Diego Abal le anuló un gol a Sosa en el primer tiempo, cuando estaba perfectamente habilitado, y además debió sancionar penal para Argentinos por una mano de Ferrero, a quien en el segundo tiempo debió haber expulsado.
El Monumental ardió de bronca tras otra caída
Después del duro golpe recibido ante Boca, River perdió con Argentinos y la atmósfera se enrareció aún más; el equipo fue despedido con insultos y una estruendosa silbatina. Inmerso en el nerviosismo, preso de su pasado inmediato condenatorio, de su presente patético y de su futuro incierto, River no salió de la angustia a la que lo empujaron sus limitaciones. Tras la derrota dolorosa ante Boca, Argentinos se presentaba como el salvavidas en medio de un naufragio o un lastre más en el hundimiento. Como un tsunami, la ola de repudio desde las tribunas volteó todo hacia la segunda opción. La más triste para un plantel que no encuentra la salida a un túnel oscuro. En el Monumental, el equipo de Astrada cayó por 1 a 0 ante el Bicho y la crisis se acentúa.