Fútbol para todos, ganancias para pocos…

Pasamos de un sistema de monopolio abusivo, a uno subsidiado y berreta. Los clubes gastan millonadas que no pueden solventar, dilapidadas irresponsablemente. La AFA y el Gobierno kirchnerista son cómplices y socios de este "fútbol para todos".

Foto: Gentileza Infobae
Foto: Gentileza Infobae

El fútbol es sin dudas el deporte más popular de la Argentina. Ha tenido triunfos internacionales excepcionales, entre ellos nada menos de que dos Copas del Mundo.

En cada lugar del país el fútbol se vive con pasión profunda, verdadera, exaltada. Tenemos cientos de miles de fanáticos, miles de jugadores profesionales y amateurs que todos los días viven, consumen y aman el fútbol.

Sin embargo, mas allá de la pasión, el negocio de ese mismo fútbol que tanto amamos, se ha encargado de crear una burbuja irreal de riqueza en una Argentina pobre.

Los clubes pierden plata año tras año, y sin embargo pagan salarios desorbitados, lejos del alcance de sus ingresos genuinos. Salarios desubicados, planteles profesionales enormes, equipos técnicos carísimos, transferencias de jugadores que -a todas luces- resultan elevadísimas para la economía de cualquier club. El fútbol vive en un limbo alejado de la realidad económica del país, y de sus propias posibilidades. Y no sólo en la primera A, sino también en todas las divisionales. En la B Nacional, por caso, algunos directores técnicos cobran más de 65.000 pesos por mes mientras que el equipo técnico completo le cuesta al club casi 100.000 pesos cada 30 días, sin que ello garantice resultado alguno. Seguro, a muchos mendocinos esto les va a resultar conocido. Vemos cómo los equipos de las distintas divisionales -cada uno en su nivel-pagan salarios a técnicos y jugadores, que tienen poco y nada que ver con el dinero que manejan. Aun más, están completamente desubicados de la realidad de la provincia y de los salarios que cobran los empleados mejor pagos de las empresas mendocinas. Todo, como ya dijimos, en clubes que en la gran mayoría de los casos pierden plata año tras año y están cíclicamente al borde del remate.

Hay que reconocer que el anterior sistema de televisación le acercaba una cantidad importante de dinero al fútbol profesional. Era algo así como un pulmotor, para que siguieran gastando y manejando sus finanzas de manera irresponsable. Pero lo hacían a costa de la explotación y exclusión de muchos consumidores que no podían acceder al “fútbol Premium”, a los goles de los equipos de sus amores. Era, claramente, un monopolio abusivo. Sólo se podía ver fútbol por sistemas pagos de cable o satelitales. Pero además del abono mensual, se obligaba al consumidor a pagar un plus. La competencia era inexistente. El monopolio, como sabe cualquier estudiante inicial de economía, maximiza sus propios ingresos sin importarle los beneficios para los consumidores. Nunca mejor aplicada una definición teórica a un caso concreto.

No es menos cierto que el monopolio de la televisación del fútbol convivió sin problemas con la dirigencia de la AFA (todo pasa, todo sucede, y la AFA siempre queda) y con el gobierno kirchnerista. Parece que por varios años el hecho de que los goles “estuvieran secuestrados” como dijo la presidenta, en una de esas comparaciones poco felices que suele hacer, no le causaba demasiada preocupación a ningún estamento dirigencial.

Pocos meses atrás se produjo un cambio sustancial en las reglas de juego. Y de un monopolio privado, pasamos al fútbol televisado por Estado y para todos (y todas). Para llegar al nuevo acuerdo con el Estado nacional parecen haberse alineado los planetas de manera conveniente, y confluido la interminable sed financiera de los clubes que necesitaban más y más dinero, y las necesidades políticas del gobierno de nacional de asestar un golpe a su nuevo enemigo: el grupo Clarín.

El gobierno nacional anunció el nuevo sistema  gratuito “para todos” y rápidamente explicó que en poco tiempo el Estado nacional no pondría dinero –sólo lo haría en carácter de adelanto- ya que todo se financiaría con recursos genuinos provenientes de la publicidad. Fantástico. La solución estaba ahí y no la habíamos visto… O mejor aun, ¡los intereses de los grupos concentrados en contra del pueblo no nos dejaban verla! Los del monopolio eran unos malos tipos y todo se solucionaría apenas apareciera un Estado benefactor manejado por funcionarios como Aníbal Fernandez, por ejemplo, que aman al pueblo antes que nada.

La realidad dista hoy mucho de aquella primera intención. Hoy el fútbol para todos no cuenta casi con ingresos genuinos, y debe sostenerse mes a mes con los aportes del tesoro argentino, retaceándoselo, nos guste o no -les guste o no- a otros gastos sociales mucho más necesarios. La calidad de la televisación es paupérrima y en la era de la alta definición y el 3-D, condenan a todos los argentinos viajar treinta años al pasado y volver a ver partidos sin pelota o en el medio de la oscuridad. En las pausas nos bombardean con un nivel tan insólito de publicidad del gobierno K, que parece que nos quisieran lavar el cerebro. El fútbol para todos terminó siendo un futbol subsidiado y berreta. La Auditoria General de la Nación, después de un año, no ha emitido un solo dictamen sobre semejante gasto y sus beneficiarios.

Los clubes y la AFA, mientras tanto, siguen en la suya. Ya se llevaron lo que querían. Nadie se anima a ponerle el cascabel al gato. Gastan por doquier, venden y comprar “sin ton ni son” y de manera muy poco transparente, y -por supuesto- no le muestran a nadie sus verdaderos números financieros. Hacen lo que se les da la gana con el dinero del fútbol para todos. Así, y con la complicidad del Estado, la contabilidad de los clubes es uno de los secretos mejores escondidos de la Argentina, casi tanto como las mediciones del INDEC.

Nos preguntamos: ¿no habrá caminos intermedios, racionales, prudentes, inteligentes? ¿Tenemos que pasar de un monopolio privado abusivo a un sistema estatal berreta y subsidiado, sin escalas?

¿No será hora de que alguien controle en serio los desatinos de los dirigentes y les obligue a transparentar sus cuentas y sus negocios?

¿Alguien podría establecer controles sobre la AFA, una asociación civil que está cuestionada como mínimo de falta de transparencia en sus contrataciones, y de favorecer clubes con criterios políticos para no mencionar la connivencia con los barras bravas y sus negocios, o el hecho de que su presidente lleve decenios en el poder?

Como vemos, más que los goles, los secuestrados somos nosotros, los futboleros. Y también los que no lo son. Todos pagamos por una fiesta a la que no hemos sido invitados. Una festichola de mala calidad, donde hasta los disfraces destiñen y el cotillón, para variar, es de cuarta. Como casi todo en este país.