Jubilación feliz: frenar y repasar

Mientras algunos de los protagonistas rezan para que el tema de la aprobación "entre gallos y medianoche" de la asignación del 82 por ciento de las dietas de los legisladores se agote ya mismo, es necesario frenar y repasar.  Aquí, una reflexión sobre los entretelones del escándalo legislativo que involucra a todos los partidos mayoritarios y que despertó un unánime repudio.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

El diputado del Partido Demócrata Roberto Pradines participó, junto con el radical-cobista Andrés Marín y el Justicialista Jorge Tanús, de la elucubración, confección, redacción y búsqueda de consensos del proyecto de “jubilación feliz” que anoche le mandaron a Jaque para que lo vete.

Dijimos esto el mismo día en que el presidente del bloque de senadores, Carlos Aguinaga, se esmeró en separar a su partido del tema. Un comunicado elaborado y distribuido el fin de semana desde las entrañas de los demócratas allegados a Omar De Marchi pretendió instaurar una efeméride nacida de un absurdo: “El nuevo día de los non sanctos inocentes”.

Aquel comunicado que buscó calar profundamente en la ingenuidad de los mendocinos, señalaba que los demócratas habían sido engañados en su buena fe. En síntesis, la versión PD del escándalo es tan o más escandalosa que el hecho mismo que generó la bronca popular.

Ellos sostienen que no saben muchas veces qué cosas se votan y admiten, como lo hicieron alevosamente los presidentes de ambas Cámaras, Jorge Tanús y Cristian Racconto, que se puede dar marcha atrás con una ley cuando la presión social los acorrala sin poder dar explicaciones.

Fue el diputado Marín quien dio pelos y señales en “on”, sin ocultarse, en un extraño y sorpresivo ataque de sinceridad, quien contó el camino seguido por los legisladores para desarrollar el proyecto, seguirlo a lo largo de varios meses hasta llegar a ser aprobado por unanimidad.

Sincero y brutal, Marín se autoconsideró en una visita a este diario como “un pelotudo” al ser el único en firmar la polémica iniciativa que ahora quieren archivar, pero para la que no encuentran caminos sólidos en la legislación vigente.

Mientras tanto, Tanús, al ver publicado el tema y cuando aún el debate no llegaba a la cresta de la ola, pidió ser entrevistado para “explicar los detalles” de la nueva ley, cosa que intentó desmentir al día siguiente. Y los demócratas quisieron hacernos creer que eran ellos los “pelotudos”, tratándonos a todos nosotros de tales, pretendiendo hacernos creer que son unas blancas palomitas distraídas en las bancas del recinto.

Pero la realidad es más fuerte: la sociedad ha aprendido a leer entrelíneas.

No se salva ninguno: todos, por unanimidad, ajenos y lejanos de las peleas que los suelen catapultar al conocimiento público, dieron su afirmativo voto para acompañar la iniciativa del diputado radical-cobista Andrés Marín.

Todos creyeron que estaban consiguiendo equipararse al 82 por ciento móvil que antes le habían autorizado a los jueces y del que creyeron –con justicia o injustamente- que les correspondía.

Luego, uno a uno, fueron escarbando en el baúl de ingenios qué decir para separarse del escándalo catapultado por la prensa.

Pasados unos pocos días del nacimiento del escándalo, un legislador opositor que no escarmentó, preguntó a un grupo de periodistas: “¿Cuánto tiempo más puede durar esta noticia en el tapete?”.

Tiempistas, vivísimos, los legisladores no han entendido el mensaje que les dio la sociedad, al saturar los espacios de comunicación que se les abrieron para opinar sobre su “jubilación feliz”. Son protagonistas, uno por uno, desde el más ignoto hasta el de mejor imagen pública; desde el más simpático hasta el más aburrido; desde el más letrado hasta el que llegó por “suerte”, de un escándalo que supera al inicial: haber guardado silencio en torno al proyecto primero, y luego romperlo, tratando de hacernos creer que somos todos, como Marín, “pelotudos”, pero sin remedio.