La primera piedra la tiró Abel Alves, el técnico. En una vorágine de incontinencia verbal ¿no conveniente¿ apenas consumada la dura derrota de Boca, se despachó con términos severos para la actuación de sus jugadores. Habló de su vergüenza como hincha de Boca y exponiendo que los méritos de Tigre habían sido su actitud, sus ganas, dejó a la vista que eso fue lo que le faltó a su equipo. Una acusación demasiado seria como para defenderla con seguridad frente al plantel en el reencuentro de hoy. Está claro que el fútbol da para todo. Porque no fueron pocos los que se sumaron a la acusación velada del entrenador. Como las palabras son gratuitas con curiosa liviandad cualquiera pudo poner en tela de juicio el honor de los protagonistas dudando del esfuerzo para intentar ganar el partido.
Alves ¿quizás desacostumbrado a las exposiciones ante la prensa¿ habló todavía prisionero de las pulsaciones del partido y dijo públicamente lo que debió decirle a sus jugadores en la intimidad. Boca jugó mal, una vez más. Pero ésta no es una situación que se está dando solamente ahora. Ni en el Apertura pasado ni en el anterior Clausura el equipo llegó a la mitad de la tabla. El síntoma tiene una larga historia, entonces. Que se agravó en los últimos tiempos sin que la gestión del técnico haya encontrado la receta para saldar la descompensación del equipo entre sus aceptables posibilidades ofensivas y su descalabro defensivo. La reiteración de cambios, partido tras partido, sólo sumó mayor desconcierto al funcionamiento.
Ya nadie ignora que la suma de resultados negativos termina por agregar un componente psicológico de frustración que muchas veces afecta el ánimo de los futbolistas. Y que no se debe confundir con una actitud deliberada de no poner el empeño pleno en la búsqueda del resultado.
Ahora viene el superclásico. Devaluado por las actualidades de los rivales. River llega algo más aliviado por su victoria frente a Huracán. Pero sin olvidar --se supone-- que el rendimiento no dejó garantías. Boca está peor. Penúltimo e inmerso en una crisis futbolera real. Sin otros fantasmas que los de sus sus fallas individuales y colectivas de juego.
A falta de calidades habrá que apostar a la emoción y a sus consecuencias. Es fútbol.
Panorama en Boca: el presente es todos contra todos
El panorama en Boca es desolador: Alves está enojado con los jugadores por falta de actitud, los futbolistas siguen divididos en grupo y no le dan crédito al técnico, mientras que el presidente Ameal intenta imponer su autoridad a una dirigencia con criterios dispares en la toma de decisiones. La primera piedra la tiró Abel Alves, el técnico. Ahora viene el superclásico. Devaluado por las actualidades de los rivales. River, algo más aliviado por su victoria frente a Huracán. Pero sin olvidar que el rendimiento no dejó garantías. Boca está peor. Penúltimo e inmerso en una crisis futbolera real. Sin otros fantasmas que los de sus fallas individuales y colectivas.