Gama de grises, o la oposición que no siempre se opone

Dos de los hechos políticos más trascendentes de este verano 2010, han tenido como protagonistas a dirigentes opositores, casualmente por no “oponerse”. En primer lugar, cuando el Vicepresidente Julio Cobos aconsejó a la Presidenta hace ya casi un mes que aceptara la renuncia del Presidente del Banco Central, tomó una postura que, aunque diferente de la destitución que planteaba el oficialismo, dejaba afuera de esa Institución al hasta hace poco niño mimado K, Martín Redrado.

Esta decisión de Cobos fue leída por buena parte de la sociedad, de la dirigencia política y de los medios de prensa como un error del Vicepresidente, ya que “no se opuso” a lo pedido por Cristina desde la Casa Rosada. Así, comenzando en la acusación de kirchnerista que le propinó Lilita desde su sapiencia celestial, pasando por el escaso soporte de la UCR y llegando a la supuesta disminución de la popularidad del mendocino en las encuestas, todos estos sectores, cual Crónica TV, se quejaron de no ver llegar la sangre al río.

Por otro lado, esta semana, en la sesión preparatoria del Senado de la Nación, fue el arco opositor en su conjunto el que sufrió un cachetazo por no llevarse puesto con todas las letras al kirchnerismo: cuando la UCR,  la Coalición Cívica y el Socialismo le dijeron a sus aliados del Peronismo Federal que no le iban a quitar la Presidencia provisional del Senado al oficialismo, los muchachos se ofendieron y dejaron durmiendo a uno de sus miembros (casualmente Menem), para dejar en claro que si ellos perdían, si la sangre no llegaba al río, nadie ganaba.

Y son estas actitudes, creo yo, las que dejan en claro que aunque los K atropellen y arrasen todo lo que se les cruza, más de uno si estuviera en ese lugar haría lo mismo (o parecido, si les calma la conciencia). Y que tiene que ver, me dirán, ¿si los que mandan son ellos?. Tiene que ver, porque todos los discursos que acusan al Ejecutivo de no escuchar y de no transigir nunca, se basan en el supuesto de que quienes lo pronuncian, no son así. Pero si a pesar de sus dichos, en la primera ocasión en la que el “no oficialismo” tiene cierto poder sobre el Ejecutivo manda a todos los K que se le cruzan al paredón sin juicio previo, está demostrando que el kirchnerismo no es peor que el resto de la sociedad; solo han tenido la chance de actuar como es.

Por supuesto, esto no significa aceptar las imposiciones oficiales para no pasar por malos, sino que, lo que debería hacerse (en mi opinión) es tirar de la cuerda solo hasta lograr el equilibrio expresado por la sociedad en las pasadas elecciones: tenés menos de la mitad de los Senadores, te corresponden menos de la mitad de los integrantes de las Comisiones, aunque patalees. Pero no por eso te voy a quitar el Presidente Provisional del Senado, que históricamente ha sido representante del bloque más numeroso, ya que, entre otras cosas, ese Senador es el tercero en la línea sucesoria presidencial, y si por una de esas argentinidades se nos ocurre “prescindir” del Presidente y Vice, corresponde, por el bien de la institucionalidad, que la Presidencia de la Nación quede en manos del bloque más numeroso del Senado, como sabiamente lo manda la Constitución.

Esta aceptación de que existe una amplia gama de grises, que no nos obliga a saltar directamente del blanco al negro y viceversa, es algo que no hemos logrado aún como sociedad pasar de los dichos a los hechos. Si el Gobierno (en sus tres poderes), los medios de prensa y el pueblo en general no lo hacemos, creo yo tristemente que corresponde “que la Nación nos lo demande”.