Un bar de exquisita ambientación

Entre las manos de Isabel de Abelleyra y Lucila Fraga -madre e hija-, objetos deteriorados, destinados al abandono, se transforman y cobran vida. Utilizando exclusivamente este tipo de materiales y elementos, las restauradoras ambientaron con verdadero buen gusto un nuevo bar en nuestra ciudad. Un desafío a la creatividad.

Pensado como la ante sala del restaurante Azafrán, ubicado al frente, sobre Avda. Sarmiento, el nuevo bar, contrariamente a los hipermodernos de su especie, a los que asusta entrar cuando se anda de turista con bermuda y ojotas, posee la justa combinación de clase y calidez que invitan a quedarse.

Una colección de antiguas rejillas de baño en bronce y en fundición, adornan una de las paredes. Una lámpara que va de punta a punta, está hecha con chapa estampada recuperada de cielorrasos de casas antiguas a la que se le hizo un trabajo de calado y patinado con óxidos. De ella cuelgan diversas cadenitas, las hay de collares y persianas hasta de banderolas y tapones de baño, de las que penden numerosos caireles, cada uno distinto al resto.


 

 

 

 

 

 

 


Dos persianas de demolición dan un efecto de corte a la continuidad del espejo, aparente, porque se trata de tres paños espejados a los que las persianas dieron una ingeniosa solución para ocultar, por ejemplo, el tablero de luces, además de ser un recurso decorativo que, por su color y rusticidad se destaca en el contexto.

Este fanal se creó con la misma chapa estampada y recuperada que se limpió y patinó en color rojo indio, como complemento, se le agregaron vidrios antiguos texturados.
La pátina de las paredes busca el efecto de un cemento que lagrimea o chorrea. Este color de moda ayuda a lograr el clima nocturno del bar, dando la sensación de una cueva. Es, también, un recurso práctico que disimula manchas que puedan aparecer.

 

 

 

 

 

 



La iluminación también tiene su protagonismo, todas las luces están dimerizadas con la intención de generar distintas atmósferas que van transformando y modificando el clima del bar desde su apertura a las 19 hs.

“Lo atamos con alambres” uno de los dichos consagrados en el taller de restauración, sirvió de inspiración para identificar el perfil femenino y masculino de los baños. Según cuentan, entre risas,  “el recurso se volvió porno en el camino”, lo que además demuestra que es un trabajo que las divierte y que disfrutan genuinamente.





La barra es una boiserie de casa antigua a la que se le incorporaron vidrios recuperados en color uva y celeste. Cerca del piso se encuentra un grueso barral de bronce que fuera sostén de alguna pesada cortina antigua que fue cortado creando dos piezas que sirven de apoya pies.








Ropero antiguo recuperado y patinado en color azul.