"Quiero ser presidenta de la Argentina", suelta Gloria Encinas Chipana, una boliviana de 12 años que vive en una casilla de chapa con su madre y es abanderada de su colegio, en San Isidro. Habla cuando termina el acto de fin de año, en un banco de la que fue su aula. Se emociona de pensar en el "honor" de llevar la bandera argentina y repasa sus materias preferidas: "Me gustan las ciencias sociales, porque aprendo mucho sobre historia". Dice que le gustaría quedarse a vivir acá, donde están sus afectos, y cuenta que ya olvidó los episodios de discriminación, las palabras hirientes de algún compañero de grado. Ni rastros de rencor en esta niña que sonríe como pausa de cada frase.
Su maestra de Matemática y Sociales, Marcela De Vincenzi, da fe del esfuerzo de alumnas como Gloria y de sus familias que, aún viviendo en la precariedad, apuntalan en sus hijos el sueño de un futuro mejor para ellos. En la escuela EP26 Brigadier Juan Martín de Pueyrredón el 18% de la matrícula son inmigrantes de países latinoamericanos. "La mayoría de los años son los abanderados y terminan con asistencia perfecta", señala la maestra, que también cumple roles en la secretaría.
En esta escuela, y en otras, se desarrollan miles de historias como las de Gloria, que silenciadas, son la contra cara de lo que en los últimos días se dio en llamar " la inmigración violenta ".
La llegada al país de bolivianos, peruanos y paraguayos, que data de hace unos 20 años, cobró protagonismo en la opinión pública luego de la toma del parque Indomaericano por parte de unas 6000 personas que reclamaban la construcción de viviendas dignas en ese lugar y que en su mayoría eran extranjeras.
Estigmatizaciones, opiniones a favor y en contra del derecho a una vivienda digna, discriminación y la ausencia de políticas habitacionales es lo que bombardeó estos días a niños como Gloria que sólo quieren estudiar, crecer y progresar en este país.
Al lado de Gloria, su mejor amiga, Thoselyn Castillo Rodríguez, también se anima a contar su historia. Es peruana y la escolta en la bandera. Muestra su boletín: todos 9 y 10. Ella sueña con ser maestra, tener una casa y quedarse a vivir en la Argentina.
"Me siento en la cama y me pongo a estudiar", dice Gloria con naturalidad. Ese es el lugar donde hace los deberes y donde proyecta sus sueños de "grande". Y su historia se corresponde con la de muchos.
La tasa de escolarización de los hijos de inmigrantes de países limítrofes y Perú es comparativamente elevada respecto del nivel educativo alcanzado por sus padres, según un estudio de SEL consultores, elaborado a partir de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).
No obstante, el sueño de Gloria y de Thoselyn no puede comenzar a concretarse en todos los niños que vienen de fronteras afuera ya que el nivel de inclusión en el sistema educativo es bajo.
Si bien aún no hay cifras exactas de la cantidad de extranjeros de países limítrofes y de Perú en el territorio argentino, según proyecciones del Conicet serían de más de un millón y medio. Estos, constituyen menos de 8% del total de la población en situación de pobreza (EPH, 2009). "Esto significa que no tienen un peso tan importante en la demanda de planes asistenciales", señala SEL.
De la escuela pública a su casa, que es un "cuarto de chapas. prestado", Gloria se lleva el orgullo de un boletín lleno de dieces y de haber cargado la bandera del país que le inspira soñar con un futuro mejor.
Perfil de los inmigrantes de países limítrofes y Perú (Datos de SEL consultores, presentados en el Idea, y del Censo 2001)
En 2001, y sobre una cifra de un millón, el 35,2% eran paraguayos y el 25,3%, bolivianos.
La pobreza (en el segundo semestre de 2009) alcanza a 36,5%.
Los escolares constituyen el 5% del total de asistentes a escuelas públicas y poseen un nivel educativo mayor que el de sus padres.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires, apenas el 76% asiste a la escuela.
El porcentaje de menores de de 4 a 19 años que asisten a la escuela, es más bajo que el de los migrantes del interior del país (78 y 83%, respectivamente).
Su perfil educativo es mejor que el de los migrantes internos de Noroeste y Noreste del país: el 45% cuenta al menos con secundaria completa, incluyendo 9% que terminó la universidad o estudios terciarios.
Constituyen menos de 8% del total de la población en situación de pobreza.
Considerando los inmigrantes mayores de 15 años, seis de cada diez tienen educación hasta secundaria incompleta (14% hasta primaria incompleta).
Cuatro de cada diez completaron al menos el nivel medio, incluyendo un 7% que logró un grado universitario o terciario.
Es inmigrante, vive en una casilla y salió abanderada
"Quiero ser presidenta de la Argentina", suelta Gloria Encinas Chipana, una boliviana de 12 años que vive en una casilla de chapa con su madre y es abanderada de su colegio, en San Isidro. Habla cuando termina el acto de fin de año, en un banco de la que fue su aula. Se emociona de pensar en el "honor" de llevar la bandera argentina y repasa sus materias preferidas: "Me gustan las ciencias sociales, porque aprendo mucho sobre historia". Dice que le gustaría quedarse a vivir acá, donde están sus afectos, y cuenta que ya olvidó los episodios de discriminación, las palabras hirientes de algún compañero de grado. Sonríe como pausa de cada frase.