Un representante de una ONG que trabaja en la villa 20 y en otros asentamientos de la ciudad, que prefirió mantener su nombre en reserva, recorrió el Parque Indoamericano y contó cómo es la cruda vida en ese predio.
¿Qué se ve en el Parque?
Se ve gente que, durante el día, ofrece terrenos como si fueran propios y que, por la noche, quitan a los golpes para venderlo al otro día y quitarlo nuevamente de noche.
Entre la cantidad de gente se ve a algunos que viven en la villa 20, de Lugano, en cuartos alquilados por hasta 1200 pesos, realmente indignos, con baños y cocinas compartidos por ocho familias, o en cuartos donde no están tan mal y están ahí, en la toma, "por las dudas, porque si viene una casa, bienvenida sea".
En este caso, a los que hay que desbaratar es a quienes lucran con la pobreza dentro de la villa. Hay muchos que con este sistema tienen varios edificios de tres o cuatro pisos con ocho cuartos en cada nivel que les deja una ganancia considerable para vivir una vida muy confortable fuera del barrio. Estos propietarios se ven favorecidos con la venta de parcelas en el parque y han comprado más de una a la que mandan a cuidar a otros con el pago de una propina y que seguramente darán su nombre en un censo para proteger a su explotador que aquí hace las veces de empleador.
Hay unos cuantos de éstos en la toma. Sería bueno que al descubrir a un "propietario explotador" tomando tierras se lo castigue. Ese no puede salir impune.
Están los que tienen propiedad y fueron a tomar lotes para sus hijos? de 13, 15, 17 años, "para cuando sean más grandes, ¿vio?". O los que buscan para la madre ya anciana y sola.
Se ve gente del Gran Buenos Aires temerosa y sedienta de protección ante los patoteros que arrebatan los terrenos porque, al no tener su barrio cerca, están más desprotegidos.
Se ven carpitas de los movimientos políticos MTD, Corriente Combativa y otros. Tal vez, están queriéndose asegurar un lugar en el caso de que la toma prospere (dicen que Cristina dijo que a los de esa parte no se los va a sacar y que se los va a dejar en esas tierras).
Están también los narcotraficantes, los piratas del asfalto, los mafiosos que regentean dentro de la villa 20 a los pibes chorros. A ésos la policía los conoce, cuida y ampara dentro del barrio (la villa); seguramente lo hará también en la toma y no porque les tengan miedo. La razón será la misma que se intuye en su complicidad en la toma.
Están, tal vez los más necesitados, los que viven en familia, con sus padres, que, en realidad, ya son abuelos. Tres, cuatro, cinco o más hermanos, cada uno a su vez con su familia y sus hijos constituyendo un grupo incontable bajo el mismo techo, en condiciones de promiscuidad muy alta. Son también una buena cantidad de éstos los que están en la toma.
Hay adolescentes y jóvenes de 12 a 20 años que participan con orgullo de su tercera toma de tierras -las dos anteriores fueron dentro de la villa 20 y exitosas- y conocen a la perfección el mecanismo por seguir.
Hay gente boliviana, paraguaya y argentina. Sobre la inmigración hay que decir que es verdad que es descontrolada, pero no por la cantidad de inmigrantes, sino por las mafias que los traen con la promesa de casa, trabajo y comida, y terminan encerrados tras una máquina de coser con un colchón en el piso y sin documento. Se traen chicas de Paraguay con la misma promesa y terminan sólo con el colchón en el piso como fuente de trabajo. Esas mafias son las que hay que controlar en la inmigración.
Dentro de la villa, en estos días, se ve a bolivianos sufriendo. Con lágrimas cuentan los insultos que reciben desde los colectivos o propinados por las madres de los compañeros de sus hijos al llevarlos al colegio.
Muchos, la mayoría, de los vecinos de la villa 20 ven con desagrado la toma y juzgan que todos los que están ahí no necesitan terreno.
El parque de las mafias, los pibes chorros y el hambre
Entre la cantidad de gente se ve a algunos que viven en la villa 20, de Lugano, en cuartos alquilados por hasta 1200 pesos, indignos, con baños y cocinas compartidos por ocho familias, o en cuartos donde no están tan mal y están ahí, en la toma, "por las dudas, porque si viene una casa, bienvenida sea". Hay muchos que con este sistema tienen varios edificios de tres o cuatro pisos con ocho cuartos en cada nivel que les deja una ganancia considerable.