Aerolíneas es el país de Cristina

Seis hechos que pueden ser tomados como datos de la realidad fueron enterrados junto con el ex presidente Néstor Kirchner. Los indicadores que sustentan a un "modelo" de país que no levanta vuelo y los casos que quedan ocultos en el oscuro velo del luto electoral.

Foto: web
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Seis hechos que pueden ser tomados como datos de la realidad fueron enterrados junto con el ex presidente Néstor Kirchner. Seis situaciones de muchas tantas, pero que lograron ser públicas, notorias y relevantes, fueron consumidas por el impacto ocasionado por la muerte del ex Presidente. Así, quedaron relegadas a un plano menor cuando, en realidad, representan la iconografía de un país que cada vez se distancia más del ideal.

En forma retrospectiva, la situación del transporte aeronáutico estatal, la tortura sufrida en manos de la policía rionegrina por parte de un periodista, el “ninguneo” de Amado Boudou al impacto que la inflación produce en los sectores más desfavorecidos y el veto al 82 por ciento móvil para los jubilados representan un conjunto de hechos que desnudan el enseñoreo de un “modelo de país”  que niega al que piensa diferente, que ensalza al que adula (aunque quien lo haga esté en manos de la justicia acusado de corrupción), que asigna y quita el rango de “progresistas” o “defensor de los derechos humanos” de acuerdo a su conveniencia y que, además, pretende convencer que la falta de gestión o los abusos que en ella se cometen “son cosas que pasan”, banalizando la eficiencia a la que el estado debe propender en todo momento.

- Es en esta misma Argentina que se engalana de defender los derechos fundamentales de sus habitantes, el Gobierno nacional no dijo una sola palabra luego de que la policía de Río Negro asesinara a tres jóvenes que protestaban en Bariloche. El silencio absoluto sonó fuerte debido a la dimensión de la tragedia de la que protagonista un gobierno aliado, como el encabezado por el radical K Miguel Saiz. Pero el asunto pasó a mayores en un momento en el que todos atendíamos otros temas: Carlos Thorp, fotoperiodista que había conseguido imágenes de la violencia policial de su provincia, fue detenido sin orden judicial, secuestrado por la policía y torturado. El silencio continuó.


 
- El homicidio de Mariano Ferreyra es una nueva bisagra en la democracia argentina. Esta vez no es la policía la señalada, sino el poder de las mafias sindicales armadas y vinculadas al poder. Algunas voces sostienen que el hecho conmocionó al ex presidente Kirchner y que lo afectó en su salud en los días previos a su muerte. Pero la realidad indica que no se ha hecho mucho desde el poder político para desarmar a las fuerzas de choque del gremialismo más perverso y antiguo, sino que por el contrario, días previos compartieron tribunas.

-  El ministro de Economía, Amado Boudou, solo ante la ausencia de quien realmente regía el destino económico del país, tras los papelones institucionales protagonizados al fotografiarse con el principal implicado en el asesinato del militante del PO Mariano Ferreyra y de participar en cuanto acto político se le ponga en su camino, dijo que la inflación no afecta a los pobres. Boudou funciona con el fanatismo de un converso: de la Ucedé al peronismo, sin escalas. En un país en donde el promedio inflacionario alimentario trepó al 4 por ciento mensual en octubre, pocas voces salieron a la luz –anestesiadas por un clima de duelo que, sin embargo, no le resta impulso a la campaña oficialista- para señalarle los dos errores: 1) sí, hay inflación y 2) a quienes más afecta es precisamente a los pobres.

- En este camino, un punto que moviliza a toda la sociedad, sin distinción de clases sociales, es la inflación de productos alimenticios (y ni hablar del precio de la carne), la más alta desde 2003. Este indicador es una alarma que no es tenida en cuenta y, por el contrario, ignorada por el oficialismo ocupado en mostrar encuestas que demuestren que, con luto y todo, la Presidenta escala en las encuestas.

- El veto a la propuesta opositora de extender a todos los jubilados un haber equivalente al 82 por ciento móvil de lo que cobra un trabajador activo cumplió también con dos objetivos egoístas de parte del Gobierno: 1) restarle mérito a la oposición, que logró imponerse en el Congreso y 2) guardarse para sí una decisión que podría asegurarle al oficialismo un golpe de efecto en el año electoral, cuando ya nadie recuerde que fue una idea de la oposición. Así ya sucedió con otras iniciativas, como el matrimonio igualitario (proyecto socialista) y la “Asignación Universal por Hijo (iniciativa del Ari).  Con un acuerdo responsable entre Gobierno y oposición sobre el manejo de lo recaudado, en qué se utiliza y cómo se diseña el Presupuesto nacional, probablemente la historia de la ley aprobada y luego vetada hubiese sido otra.


 
- Finalmente, la situación actual del transporte aeronáutico. Una empresa coptada por la “juventud maravillosa” del kirchnerismo, como es Aerolíneas Argentinas, pone al país al borde de la incomunicación. Cada vez más gente necesita viajar con rapidez y por lo tanto, recurre al avión en un país sin trenes y con deficientes servicios de transporte en general. Justo allí, en el medio por el que se moviliza un núcleo de usuarios caracterizado por estar compuesto por gente de negocios, trabajadores calificados, turistas, inversores y sectores medios, el salir o arribar resulta una incógnita que nadie sabe responder y que la maquinaria oficial de informaciones reduce a la expresión de algo anecdótico. La navegación aerocomercial está llena de improvisaciones, amiguismo y un sindicalismo en su estructura que la hace inviable por las prebendas. Y algo más: los costos de los servicios que le son afines son muchas veces, notablemente mayor al de los aeropuertos más caros del mundo.

Un dato no menor de la selectividad del oficialismo: la reaparición del procesado ex Secretario de Estado de Transporte, Ricardo Jaime, en el acto encabezado por la presidenta Cristina Fernández en Córdoba.

Esto último no es casual. El actual secretario de Transportes, Juan Pablo Schiavi, es hombre de Jaime. Fue su segundo en el área y así como no se fue cuando su jefe fue descubierto por la Justicia tampoco lo hizo ahora, en medio del peor descalabro del que es responsable.

Es que el poder político no solo no logra despegarse del gremial: se sustenta, respalda y engolosina con sus ventajas. A tal punto que, como reveló La Nación el lunes, que quien dispuso el paro de pilotos que terminó por generar el caos es Jorge Pérez Tamayo, titular de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas. Tamayo responde a Hugo Moyano, igual que el presidente de Aerolíneas Argentina, Mariano Recalde hijo del diputado nacional y abogado de la CGT Héctor Recalde.

Pero las sorpresas de esta realidad que se asemeja a una serie de ciencia ficción no terminan aquí. ¿Alguien habló alguna vez del segundo de Schiavi quien, a su vez lo fue de Jaime? No. El diario porteño hizo la cadena de dependencias entre funcionarios políticos del poder gremial y allí apareció Jorge González, un hombre de Moyano en la Unión Ferroviaria (de José Pedraza, el gremio involucrado en la muerte de Ferreyra) quien desde hace siete años ocupa el cargo de Subsecretario de Transportes de la Nación.

Las luchas intestinas enfrentan a dos "primos" dentro de la estructura de servicios que paralizó al país: dice La Nación que "a Tamayo no le alcanza con manejar a Recalde: quiere sustituirlo".

Este es el país con dos caras: una que llora y la otra, que persiste en hacerle una guiñada a sus mañas más perversas, pero que en definitiva, se consolida en una mueca: la desazón de los argentinos.

“Argentina se fue subdesarrollando por razones puramente políticas y para mí eso tiene un nombre: peronismo. Hasta que no deje atrás esa experiencia populista, no va a despegar ni recuperar lo que fue”, disparó hace unos días en tono “gorila” el escritor Mario Vargas Llosa.

Pero –con los datos a la vista-, la mirada del peruano resulta exagerada Y extemporánea. Lo que hay que superar posiblemente nos sea el peronismo, sino a propia incultura cívica de los argentinos que no somos capaces de exigir reglas claras de juego dentro de la democracia. Y esta última exigencia no le cabe solo al oficialismo, sino también a la oposición y a todos los argentinos.