El actual titular de la cátedra de planeamiento de la UBA, Alfredo Garay, participó recientemente del Congreso Internacional de Urbanismo que se llevó a cabo en el Centro Cultural Parque de España -CCPE: institución orientada a la difusión de las expresiones contemporáneas del arte y la cultura iberoamericanos, y a la cooperación cultural, científica y técnica entre Argentina, España e Iberoamérica-.
El académico se metió de lleno en la polémica sobre el proyecto que prohíbe autorizar más countries en Rosario:
¿Comulga con la filosofía de los barrios cerrados? ¿Los prohibiría?
No hay que actuar en situaciones extremas. Hay muchos municipios que prefieren no estimular y en algunos casos impedir los countries por las consecuencias que traen. En provincia de Buenos Aires (la que tiene más barrios cerrados del país) se discutió mucho la dimensión de cada uno. Ahora la norma dice que no pueden ser superiores a las cuatro hectáreas de superficie cuando hay algunos de más de 100 hectáreas que constituyen verdaderas interrupciones en la trama del tejido urbano. Además, generan en sus perímetros y paredes zonas peligrosas que no contribuyen a la ciudad.
Aspiro a que la densidad poblacional con un promedio ideal sea de 250 habitantes por hectárea, lo que permite contar con mayor vida urbana y más eficiencia en los servicios (transporte, recolección de residuos, alumbrado). También uno prefiere ciudades con edificios que tengan locales comerciales sobre la calle, porque es allí donde se plantea el lugar de convivencia, donde se desarrolla una centralidad. En cambio lo más disputado en un barrio cerrado son los codos del lote donde la gente no transite y esto va generando aislamiento. En lugar de encontrarse en la plaza, la escuela o los espacios en común y públicos, quienes habitan estas comunidades andan en una cápsula que es el auto y se desplazan de un espacio cerrado a otro. Así, lo público se reduce a lo que se ve en televisión.
Este fenómeno de los barrios cerrados, ¿no es producto de la brecha social que se genera entre sectores ricos y poblaciones de escasos recursos?
La heterogeneidad y la mixidad de actores hace a una ciudad más interesante. Si tomamos el ejemplo de Los Angeles (California, Estados Unidos) vemos que son el paradigma de esta forma de urbanidad violenta, racista, donde las etnias no se mezclan. Acá es natural que un hijo de italianos se case con una hija de españoles y se fundan en una cultura con los mismos orígenes. En estas ciudades de barrios cerrados prolifera la segmentación. Los hijos de los barrios cerrados van a la primaria todos juntos, después se les abre la perspectiva cuando viajan en colectivo a la secundaria (lejos de su casa) donde conocen otros chicos y descubren que son inteligentes y les plantean otros temas, los enriquecen y los cuestionan. Pero en muchos casos todo vuelve a diluirse cuando vuelven a estructurar su familia y esta brecha surge nuevamente. El modelo de ciudad debe ser con una sociedad que estimule el intercambio y no el aislamiento.
En el Concejo de Rosario hay un proyecto de una ONG (Giros) que plantea la prohibición de más barrios cerrados, ¿qué le parece?
Es una discusión política y está bien que sea así. Si la mayoría de los rosarinos acepta que en su sociedad haya algunos que quieran aislarse, la respuesta no es técnica sino política. Los barrios cerrados tienen un montón de consecuencias negativas, en nombre de protegerse de la delincuencia la exacerban y tienden a introducir patrones de segregación y de racismo en la convivencia con la ciudad. Como tendencia en la sociedad hay que procurar ser una sociedad democrática, no segmentada. Por eso insisto que el debate es claramente político.
Garay es profesor de planeamiento de la UBA y fue titular de Vivienda de la provincia de Buenos Aires y secretario de Planeamiento de Capital Federal. Actualmente es directivo de la Corporación Antiguo Puerto Madero y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo del programa de Naciones Unidas (PNUD) y del Instituto Lincoln, entre otros. Ha participado en reconversiones urbanas de varias ciudades latinoamericanas.
Fuente: Diario La Capital