Pasaron treinta días, pero la oposición aún no se repone. La muerte del ex presidente Néstor Kirchner no sólo significó un cataclismo en el Gobierno: los principales referentes opositores ingresaron, a partir del fatídico 27 de octubre, en un oscuro túnel de dudas y disputas internas con salida apenas visible, multitud de candidatos a presidente y menos perspectivas de triunfo ante un eventual intento de la presidenta Cristina Kirchner por su reelección.
Imposibilitado de continuar con su discurso combativo de franca oposición al Gobierno, el peronismo federal fue uno de los sectores más afectados. El paso al costado de Carlos Reutemann en la mesa de conducción del peronismo opositor aceleró la toma de distancia de otros referentes moderados del espacio, como Felipe Solá, Mario Das Neves y Francisco de Narváez, que continúa esperando un guiño del ex gobernador de Santa Fe para acentuar sus chances de ganar la gobernación bonaerense. "Todavía no se fue nadie y vamos a ampliar el espacio a otros sectores", afirmó a La Nacion Ramón Puerta, que integra el grupo de dirigentes con perfil más opositor, que lideran Eduardo Duhalde y los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá. También ellos moderaron en algo su discurso anti-K en los últimos días, sabedores de la suba de Cristina Kirchner en las encuestas de opinión.
Mientras observa lo que ocurre en ese espacio, pero sin cambios en su estructura opositora, Mauricio Macri dejó para marzo la decisión sobre su lanzamiento presidencial, paso decidido antes de su casamiento con Juliana Awada en Tandil. Desde Pro esperan que, tarde o temprano, la mayoría de los dirigentes del peronismo federal terminen apoyando su candidatura a presidente, incluido De Narváez, su ex socio en el triunfo electoral de 2009. "Los opositores parecíamos más grandes cuando enfrentábamos a Kirchner. Ahora ocupamos parte de nuestro tiempo en peleas, pequeñeces y cortocircuitos", admitió Federico Pinedo, titular del bloque Pro en la Cámara baja.
Las semejanzas
La frase de Pinedo se aplica también al espacio que supieron integrar la UCR, Elisa Carrió, el socialismo y el GEN. Peleados a muerte con la jefa de la Coalición Cívica, los otros tres partidos pusieron el acelerador para intentar definir su candidato en marzo. Se chocaron de frente con la feroz interna radical que se desató en el Congreso por la conducción de los bloques parlamentarios entre los seguidores de Ricardo Alfonsín y los del vicepresidente Julio Cobos. El vicepresidente, uno de los más afectados por la muerte de Kirchner, decidió suspender su campaña y no pedir licencia a su cargo hasta nuevo aviso. La aparición de Ernesto Sanz como tercer posible candidato abrió un nuevo escenario, aunque nadie sabe si servirá para domesticar a los otros dos sectores o sumar confusión. Según Jesús Rodríguez, secretario general de la UCR, "el fallecimiento afecta a quienes tuvieron un perfil político sólo caracterizado por presentarse como la contrafigura de Kirchner; afecta más a las personas que a las instituciones". La alusión a Carrió parece clara. Por eso, y bajo el argumento de que mejor sola que mal acompañada, Carrió prepara la proclamación de su candidatura presidencial el 12 de diciembre, en el congreso partidario de la CC.
En Proyecto Sur, Fernando Solanas parece haber desechado su decisión de competir en la Capital. Anunciará su candidatura presidencial el martes 7, mientras busca alianzas con el PS (que también discute la posición frente al Gobierno) y Stolbizer.
A la oposición le cuesta reacomodar las piezas
Pasaron treinta días, pero la oposición aún no se repone. La muerte del ex presidente Néstor Kirchner no sólo significó un cataclismo en el Gobierno: los principales referentes opositores ingresaron, a partir del fatídico 27 de octubre, en un oscuro túnel de dudas y disputas internas con salida apenas visible, multitud de candidatos a presidente y menos perspectivas de triunfo ante un eventual intento de la presidenta Cristina Kirchner por su reelección.