En el Gobierno empezaron a tomar en serio una frase que militantes y funcionarios habían empezado a decir en voz baja durante el velatorio de Néstor Kirchner: "Tenemos que darle todo el poder a Cristina, también en el PJ". En medio de la conmoción por la muerte del jefe peronista, la incipiente expresión de deseos ayer empezó a materializarse como una estrategia.
"Vamos a pedir que la Presidenta asuma la presidencia del partido", anunció ayer un alto funcionario nacional. Habló de una suerte de "operativo clamor" en favor de Cristina Kirchner para que ella misma se convierta en líder del PJ, un espacio del que siempre supo mantenerse alejada.
El plan se sumará a una serie de reclamos públicos para que, en 2011, la Presidenta vaya por la reelección, como adelantó anteayer ante la cadena CNN el canciller Héctor Timerman.
El plan político para lograr que tome las riendas empezó a gestarse en los sectores ultrakirchneristas. Tiene un objetivo: acotar el margen de acción del gobernador Daniel Scioli, sucesor natural de la presidencia partidaria que Kirchner dejó vacante.
Anteayer, el apoderado del PJ, Jorge Landau, había dicho que "la jefa" del partido ahora era Cristina Kirchner. Recibió sorpresivas felicitaciones de funcionarios encumbrados. Los mismos que ahora renuevan su desconfianza hacia Scioli, un encono personal que el propio Kirchner hacía saber en sus tertulias en Olivos.
El mandatario provincial acusó recibo de los mensajes. Anteanoche dijo que "la conductora real del partido es la Presidenta". Ayer le sumó una demostración de subordinación más directa: "Voy a estar donde Cristina me necesite". El jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, también actualizó el encolumnamiento: "Todo el peronismo va a estar detrás de ella apoyándola en este momento". Antes de la muerte de Kirchner, el gobernador había confesado en público que en marzo próximo iba a evaluar si se postulaba a la presidencia.
Scioli cruzó en estas 48 horas algunos llamados con gobernadores. También habló con jefes territoriales. Armó una reunión con intendentes del conurbano y legisladores en La Plata. Almorzará con ellos pasado mañana en la gobernación. Los hombres más cercanos al mandatario se atajan: juran que jamás encabezaría un plan que pueda mellar la autoridad presidencial y que sólo escuchará qué tienen para decir los hombres fuertes del Gran Buenos Aires. Algunos hombres del Gobierno no le creen.
El otro frente de tormenta abierto en el peronismo se llama Hugo Moyano. El jefe de la CGT genera un especial rechazo entre los intendentes del conurbano que se reunirán con Scioli. En parte, los jefes comunales buscan en el gobernador un freno ante el eventual avance del camionero.
El factor Moyano
El jefe sindical no dudó en hacer público sus intereses tras la muerte de Kirchner. Primero pidió una "reestructuración" del PJ. Ayer, incluso, habló de una eventual reunificación con los sectores disidentes. Dijo que el justicialismo es "como una gran familia".
Los intendentes escucharon inquietados. En la reunión de anteayer con el ministro del Interior, Florencio Randazzo, ya habían planteado la preocupación de que el líder gremial se convierta en sostén del Gobierno. El ministro les pidió paciencia hasta que la Presidenta designe nuevos interlocutores políticos.
En el camino, los caciques empezaron a agitar el fantasma de una supuesta discusión entre Moyano y Kirchner la noche previa al infarto del ex presidente. El camionero le habría reprochado a su jefe político haberle "vaciado" la última reunión del peronismo bonaerense. Los intendentes ?que comandaron ese boicot partidario? abonaron con énfasis el libreto del conflicto. Unas horas después, Moyano encabezaba la llegada al velatorio con la plana mayor de la central obrera. La Presidenta lo recibió con un saludo frío. Lo mismo le había ocurrido a Scioli. Ambos detalles desataron más olas de rumores, cada vez más acuciantes en un peronismo que se preparara para intentar sobrevivir.