La Hiena Barrios y una deslucida victoria

Rodrigo Barrios, la Hiena, se revela como un optimista incurable, una especie de clown que divierte y abre una hendija para la empatía instantánea. Pero ésa es sólo la superficie; a los 34 años, su corazón está roto después de aquel accidente automovilístico del 24 de enero pasado en Mar del Plata que apagó la vida de Yamila González, una joven de 20 años y embarazada de seis meses.

Es el hombre contra su íntima lucha, la pelea desigual de quien no puede volver atrás sobre la tragedia consumada. Rodrigo Barrios, la Hiena, se revela como un optimista incurable, una especie de clown que divierte y abre una hendija para la empatía instantánea. Pero ésa es sólo la superficie; a los 34 años, su corazón está roto después de aquel accidente automovilístico del 24 de enero pasado en Mar del Plata que apagó la vida de Yamila González, una joven de 20 años y embarazada de seis meses. 

¿Peleás para olvidar? "Nunca voy a olvidar", arremetía bajo el sol la Hiena, antes del combate de anoche frente al colombiano Wilson Alcorro, en su regreso a los cuadriláteros luego de 314 días de malos sueños. "Estoy esperando el juicio; hicieron tres pericias y las tres dieron igual. Ahora dicen que fue un accidente, que yo no la maté", suspira en una charla informal. En su antebrazo derecho aparece tatuado "Until the last round" ("Hasta el último round"), un modo esperanzador de ver la vida. "Me lo tatué el año pasado en Fullerton, Los Angeles, donde viví un tiempo." 

Esta reinserción en el boxeo sembraba el morbo de su relación con la gente. En aquellos últimos días de enero había experimentado la condena social desde un calabozo del Penal 44 de Batán, bajo los cargos de homicidio culposo agravado. Hoy, la Justicia le permite caminar libre y la calle de alguna manera le hace sentir que no es culpable. Esta ciudad simbolizó la exhibición más palmaria de su presunción de inocencia: jóvenes, viejos, señoras y niños se le acercaron con señales de afecto, sin un ápice de agresión. Nada de insultos, reproches o críticas. Como si aquel fatal suceso nunca hubiese existido. En pleno mediodía urbano repartió autógrafos y fotos para el alumno con delantal, para el mozo del hotel, para la señora tímida y para la arrojada, para la adolescente, para el turista ocasional. Hubo bocinazos al paso, besos a la distancia. Incluso, unos pesos para un niño mendigo que se le arrimó a venderle unos naipes de Barney sin saber quién era. "Yo te digo: nunca sufrí un episodio desagradable en la calle, ni siquiera en Buenos Aires. Es que la gente siempre me trata así", jura. Planea combatir en noviembre en el Polideportivo de Tigre, luego de una charla con el intendente Sergio Massa, con lo que despeja cualquier temor respecto de los grandes centros. "También quiero ver si se puede hacer algo en diciembre para repartir juguetes por Navidad".  

El raid de la Hiena no se detuvo, por lo menos hasta que cayó rendido ante la siesta correntina previa al combate en el Club Regatas. Con lentes oscuros, musculosa azul, pantalón corto blanco y zapatillas sin medias, a las 10.15 llegó a los estudios de FM La Zona (104.5 Mhz) para ser entrevistado. Pero los roles con el periodista se intercambiaron pronto y Barrios tomó por asalto la conducción del programa. Se escucharon al aire cosas como ésta: "A ver, que la gente se comunique al 43-28-24. La propuesta es con quién pelea la Hiena Barrios esta noche, o sea yo. Salís al aire, nos decís con quién peleo y te llevás una entrada". Minutos después: "Bueno Faby, te ganaste la entrada, quedate en línea así hablás con nuestra gente de producción". El ex campeón superpluma de la OMB hablaba sin parar apretando los auriculares contra sus oídos; del otro lado del vidrio le festejaba su fiel grupo del Club Tigre, incluido su entrenador Claudio Moreno y algunos barras con los que suele compartir la tribuna. "A la Hiena lo veo muy bien enfocado; yo estoy para la parte boxística, para el tema mental está su psicóloga. Pero en realidad, su mejor psicólogo es el gimnasio", comentaba Moreno. 

Luego de sentir el cariño más primario y sincero con el transeúnte común, allí sobre la vereda del hotel Gran Guaraní, siguió con su séquito hacia una parrilla para el almuerzo. Se sentó en la cabecera, se sirvió pollo y ensalada y le repitió el mismo chiste una y otra vez al parrillero: "¿Tenés vacío? ¿Sí? ¿Entonces por qué no cerrás?" Se paraba, iba y venía inquieto, por momentos hablaba por celular. En otros, se quedaba con la mirada perdida. La Hiena Barrios, hoy, el que lucha por reconstruir su interior.