Más allá del talento natural, uno de los factores que convierten a un tenista en un jugador distinto, de la máxima jerarquía, es la regularidad, la capacidad para mantenerse en un nivel elevado de su juego durante el mayor tiempo posible; ya no dentro de un partido, sino por varias semanas. Por diversas razones (cansancio, lesiones, confianza), no es nada fácil prolongar esa constancia, y por ese lado pueden explicarse los altibajos que puede sufrir un jugador.
Durante mucho tiempo, Juan Mónaco asumió la necesidad de mejorar esa faceta de su juego. Un repaso a sus resultados a lo largo de 2010 encuentran puntos muy altos en la gira sudamericana de canchas lentas (final en Santiago y semifinales en Buenos Aires y Acapulco), con un envión que llegó hasta los cuartos de final de Indian Wells; luego aparecieron los altibajos, marcados con la conquista de la Copa del Mundo por Equipos, en Düsseldorf, seguida de un rápido adiós en Düsseldorf, y la lesión en la muñeca izquierda. Estuvo casi tres meses sin jugar.
Volvió al circuito en Cincinnati, pero los resultados positivos no llegaban. Contra Michael Llodra, en la semifinal de la Copa Davis ante Francia, jugó bien pero no alcanzó para evitar la caída. Dejó Lyon, acompañó a Rafael Nadal en Tailandia y se entrenó varias veces con el número 1 del mundo, que es uno de sus amigos en el tour desde hace mucho tiempo y un compañero de lujo en una pareja dificilísima en la Play Station. Pico se fue a jugar una exhibición en Ho Chi Minh, en Vietnam, donde les ganó a Sam Querrey y a Mardy Fish. Enseguida, le tocó perder con Jürgen Melzer en la primera rueda de Tokio.
Pero el tenis otorga desquite cada semana. Con humildad y trabajo como armas, desembarcó en Shanghai. El cuadro no parecía nada accesible, pero los hipotéticos cruces con gigantes desaparecieron ante las caídas de Verdasco, Davydenko y Nadal. Venció sucesivamente a Florent Serra, Thiemo de Bakker y Mischa Zverev. Y otra vez frente a Melzer, que venía de ganarle a Rafa. Pico debió esforzarse durante 2h50m, pero mostró un juego decidido y agresivo, y se dio un gusto grandísimo: le ganó al austríaco por 6-7 (6-8), 7-5 y 6-2, llegó a su primera semifinal en un Masters 1000 y se aseguró un avance de 16 posiciones en el ranking, al menos hasta el puesto 25°. "Rafa me dio un par de consejos, pero esas cosas las quiero mantener en privado con él", admitió. En la madrugada, buscaba un lugar en la final ante el escocés Andy Murray, que derrotó al francés Jo Wilfried Tsonga por 6-2 y 6-2, mientras que a las 9, en la otra semifinal, se enfrentarán Roger Federer y Novak Djokovic.
Por lo pronto, desde pasado mañana, Mónaco aparecerá como el argentino mejor ubicado en la clasificación de la ATP, pero en caso de superar a Murray, el avance en el ranking será hasta el puesto 22°, aún lejos de su mejor ubicación (14°, en febrero de 2008). Aunque habrá que esperar para ver su rendimiento en los próximos torneos y saber si estos buenos resultados se prolongan, asoma la impresión de que, en esta gira por el Lejano Oriente, algo cambió en el horizonte de Pico Mónaco.
Pico Mónaco, el argentino mejor ubicado
Uno de los factores que convierten a un tenista en un jugador distinto, de la máxima jerarquía, es la regularidad, la capacidad para mantenerse en un nivel elevado de su juego durante el mayor tiempo posible; ya no dentro de un partido, sino por varias semanas. Por diversas razones (cansancio, lesiones, confianza), no es nada fácil prolongar esa constancia.