"La gripe A saca lo mejor y lo peor de nosotros"

Mariano Fischer, sociólogo especializado en Ciencias Sociales y Salud, analiza las diferentes conductas que despierta la emergencia sanitaria en Mendoza. Según aporta, la falta de responsabilidad ciudadana y la búsqueda de salidas individuales y no colectivas, así como un sistema de salud "hipertrofiado" son los indicadores principales de un "virus que refleja lo que somos".

Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ

Toda peste deja asomar las luces y las sombras de las personas. Y la gripe A no es la excepción. Las medidas de emergencia sanitarias aplicadas en Mendoza –como en el resto del país- despertaron conductas tan disímiles como polarizadas.

Desde el descreimiento absoluto de las cifras arrojadas por los organismos oficiales (e, incluso, de la existencia misma del virus) hasta la psicosis irrefrenable, el tejido social y sus diferentes actores traducen en conductas de “implicación o de sobreimplicación” el impacto de la Influenza.

“La peste es un hecho imprevisto y catastrófico, y funciona como un revelador del estado de la sociedad. Lo que estamos viviendo es un claro reflejo de lo que somos los argentinos”, explica Mariano Fischer, sociólogo especializado en Ciencias Sociales y Salud sobre el fenómeno de la gripe A.

Y especifica: “Está el que descree, el que no quiere saludar por miedo al contagio, informaciones cruzadas, falta de solidaridad, acciones individualistas…” Los ejemplos, aunque caprichosos para caracterizar un hecho social, claramente ponen en evidencia “la falta de integración –o, la desintegración- social que reina en el país”.

Una vez admitido esto, cabe entonces la pregunta: ¿qué nos está pasando a los argentinos? La respuesta -acotada para el caso, pero útil para nuestras pretensiones- señala como factor principal a “la falta de responsabilidad social ciudadana”, al tiempo que vuelve su mirada hacia el pasado, poniendo en jaque al vapuleado sistema de salud argentino.

Y por casa, ¿cómo andamos?

Si el fenómeno de la gripe A es un fiel reflejo de la sociedad argentina, uno de los puntos que, según Fischer, sustentan las diferentes conductas observadas es “la responsabilidad social ciudadana”.

Y aquí nadie queda fuera, el concepto integra diversos actores. Entre ellos, el gobierno, las empresas privadas, los medios de comunicación y el sujeto. Cada uno de ellos, explica el sociólogo, debe ser responsable de lo que le atañe.

Así, “mientras al Estado tiene la obligación de responder lo mejor posible ante el avance del virus para proteger a la gente, a su vez ésta debe asumir una postura diferente a la del descreimiento; los medios, deben dar información clara y fidedigna; y las empresas –particularmente las relacionadas con la actividad comercial y el negocio del entretenimiento- deben pensar en el bienestar común y no tanto en su rédito económico”.

La conclusión es evidente. Si todas estas acciones se cumplieran, el contagio podría cesar. Pero, y los hechos hablan por sí solos, como país estamos lejos de alcanzar la meta.

¿Las razones?, quizá el interrogante encuentre una de ellas, en la llamada “segunda década infame” (los años 90, marcados por el menemismo en el poder) cuando una idea se instaló en el imaginario colectivo: “el sálvase quien pueda”.

”Desde esa época en adelante ha calado profundo en la sociedad la idea de que la salvación, entendida como la respuesta o la salida, no es colectiva, sino individual”, apunta Fischer.

Un sistema de salud hipertrofiado

Por un lado, la falta de responsabilidad social de cada uno de los actores que integran la sociedad. Por otro, una problemática histórica dentro del sistema de salud argentino –actualmente integrado por las prepagas, las obras sociales y el sector estatal-.
 
“Nuestro sistema de salud es grande, complejo e inequitativo; y, como señala Federico Tobar, es un sistema hipertrofiado pero sus respuestas sanitarias están atrofiadas”, señala Fischer.

Si repensamos su historia, acota el sociólogo, “en los últimos 30 años la parte más desarrollada es la curativa. De allí que se trabaje a priori sobre situaciones reales, sin poder plantear escenarios futuros”.

Debido a esto “fueron dejadas de lado acciones como la prevención, control y vigilancia de enfermedades”; y ello, destaca, “es un problema de operatividad o de falta de decisión, sino estructural y que el sistema acarrea desde sus orígenes”.