Homero, creador de La Ilíada y La Odisea, es considerado uno de los autores más importantes de la literatura universal. Tal vez, el más importante de todos. No obstante, más allá de que hay quienes consideran que jamás existió, hay un dato que muy poca gente conoce o considera: Homero jamás escribió esos libros, sino que los cantó. Por ellos, no es adecuado decir que el tal Homero “escribió” esos libros; lo correcto es decir que aquel griego del que casi nada sabemos, los cantó.
Y muchos después de él siguieron cantando las célebres historias de la guerra de Troya y del viajero Odiseo. Las cantaron en plazas y mercados, en templos, teatros y en patios de hogares. Y esos “covers” fueron cambiando, creciendo, achicándose, contradiciéndose, respecto de la historia principal. Muchísimos siglos después de Homero, tal vez 500 años, La Ilíada y La Odisea fueron escritas y aún así siguieron cambiando hasta tomar la forma en que las conocemos.
Por eso, a las obras de arte jamás se las termina, sino que se las abandona.
Como ocurre habitualmente con los textos religiosos, aquellos maravillosos textos griegos no llegaron a nosotros sino a través de tremendas y largas interpretaciones que involucraron siglos de alteraciones y decisiones de todo tipo. Finalmente, y sobre todo a partir de la imprenta, esos textos fueron más o menos fijados, más por la pereza que por las posibilidades que ofrece el lenguaje.
Aún así, si hoy un erudito de la UNCuyo decidiera volver a traducir los textos originales, seguramente habría algunos verbos irregulares, algunas proposiciones, algún acusativo o un gerundio que, con toda justicia, para él sería distinto, porque la maravilla del lenguaje no consiste en que simplemente “dice” las cosas, sino también en que está vivo, en constante transformación.
Quién sabe qué rescatará el mundo dentro de, pongamos por caso, 500 años acerca de la Gripe “A”, la gripe porcina, la gripa del marrano, la influenza o como usted quiera llamarla, pues, siguiendo la línea del análisis, resulta también que tiene muchos “alias”, tal como suele suceder con los dioses y los delincuentes famosos.
Haciendo trekking por Internet, las alternativas a la vista pueden parecernos desoladoras. En YouTube, por ejemplo, una de las páginas más vistas del mundo, respecto de la Gripe A, acumulan millones de vistas algunos videos que ensayan humorística y artísticamente el asunto, cosa que, entiéndase, está muy bien.
Hace unos días, entrevisté vía chat a una amiga mendocina que vive en México y me contaba que los artistas andaban todos excitadísimos filmando las calles solitarias de ese tremendo animal dormido que el Distrito Federal, una de las ciudades más potentes y alocadas del mundo y que ahora luce nockeada, como un boxeador senil en el Hogar Santa Marta.
¿Por qué salir a filmar? ¿Por indolencia, por diversión, por morbo? Todo lo contrario: salen a filmar, a fotografías, a escribir, a pintar, a bailar, porque el escenario que es esa gran ciudad, por obra y gracia de un virus, ha cobrado inusitada dimensión dramática. Y el drama, la tensión, es el nervio del arte. El DF, hoy por hoy, se parece más a una obra de teatro o una película, que a un conglomerado de millones de humanos, todos con la cara tapada, como si el ejemplo del Subcomandante Marcos hubiese triunfado en el imaginario colectivo de cada mexicano.
Ojo: esas caras tapadas no buscan el mito ni la revolución: tienen miedo y se aíslan unas de otras, se ocultan, callan, se evitan. En cambio, Internet no se detiene, todo lo engulle, todo lo delata, todo lo comparte. Aquí por ejemplo, voy a dejarles unos casos paradigmáticos de lo que el famoso virus está haciendo en forma de videos en YouTube y en forma de fotografías artísticas en Google o Flickr.
Los videos, aclaro, salvo el primero, son en general un tanto patéticos, pero quién sabe: quizás, dentro de quinientos años, estos sean los únicos testimonios de consultas de nuestros descendientes, claro, en caso de que la raza humana no se haya aniquilado completa y definitivamente antes de esa fecha.
La canción de la gripe del marrano: este está buenísimo, disfrútenlo...
La rola de la influenza
El Reggaetón de la Influenza
Dice el video, cuyo autor es MisterPavelo: "A ritmo de electro reggaetón, Kitschy Kitsch y Fitness Boy crea esta rola para que bailes en el antro clandestino de tu preferencia, con cubrebocas por supuesto. ¡A gozar con el reggaetón de la influenza".
Dice esta canción duranguense: “Llegó la influenza, Llegó la influenza, Llegó la influenza, a la ciudad”
Este quiso tomárselo más en serio y el resultado es tremendo: Juan Carlos Bardales (cantautor, se dice) vocifera “Qué más puedo oír”. Y dice el video, “inspirada en el dolor que está causando y que va a causar la gripe porcina”. Advierto que el muchacho canta mal y que la canción es muy fea… Seguramente, ha sido irremediablemente afectado por un virus que le ha consumido toda posibilidad de talento:
Ahora, les dejo algunas fotos del asunto…
La Copa Libertadores y la Gripe A.
El niño del barbijo y la pelota.
El amor en los tiempos del influenza...
Niños del DF mexicano.
Canas mexicanos, virados al estilo Subcomandante Marcos.
- ¿Qué necesitas?, dice la almacenera.
- Besar a alguien; hace veinte días que no beso a nadie..., le responde el cliente.
- Ah, lo siento... Besos ya no me quedan.