Si el precio del petróleo ha bajado estrepitosamente en el mundo, ¿Por qué los precios de los combustibles no bajan en Argentina? Esta pregunta se la hace la mayoría y nos la hacen en la calle diariamente, sobre todo ahora que están aumentando el resto de los servicios públicos.
Pero el problema es que los argentinos están dispuestos a no hacer ejercicios de memoria y olvidan que cuando el crudo crecía, el precio estaba congelado. Para conseguirlo, el gobierno le puso precio tope a al crudo producido en la Argentina, con los cual perjudicó a las petroleras, desestimuló la inversión y estafó a las provincias a las cuales se les obligó a cobrar regalías sobre un valor ficticio. En el medio, el gobierno nacional se quedaba con el 35% de las retenciones de las exportaciones de petróleo.
A cambio de esto las petroleras debían mantener “casi” congelados los precios de los combustibles al público, a pesar de ciertos reacomodamientos que se producían. En aquellos momentos el dólar estaba muy devaluado frente al resto de las monedas, salvo en Argentina, donde devaluábamos nuestra moneda contra el dólar, que se devaluaba produciendo un desequilibrio de precios relativos fenomenal, que ahora comienza a aflorar.
En paralelo, en países vecinos, donde el precio era libre, el valor de los combustibles subía a medida que lo hacía el crudo. El caso más claro era Chile, donde el precio, además estaba influido por la revaluación de la moneda chilena frente al dólar.
Pero estalló la crisis en junio del año pasado, y con las primeras señales de menor demanda y posible recesión, todos los capitales especulativos que se habían ido a comprar petróleo salieron rápidamente y quedó el tendal. De haber llegado a 150 dólares el barril, el precio del crudo cerraba este viernes en 38 dólares.
Además, el dólar, de haberse devaluado hasta 1,50 frente al euro, se recuperó a 1,25 y se alteraron nuevamente todas las ecuaciones. Así, en el mundo, comenzaron a bajar los precios de los combustibles, que habían sido la causa de la inflación entre 2006 y 2008.
¿Qué pasó en Argentina?
Cuando comenzó la escalada alcista del petróleo, en 2003, el entonces ministro Lavagna dijo que era un aumento especulativo y le puso un tope (24 dólares, en ese momento) con un sistema por el cual cuando el crudo bajara (tal la apuesta de Lavagna) las refinadoras compensarían a las productoras pagándoles más para zanjar la diferencia.
De esta manera, se contenía el precio al público. Pero para presionar a las petroleras, se comenzó a poner retenciones a las exportaciones de crudo, aunque no se puso a las exportaciones de destilados.
A medida que la Argentina crecía, los combustibles estimularon el consumo. El parque automotor creció en más de 2 millones de unidades en el lapso de cinco años, generando un fuerte aumento de la demanda. Pero el problema se dio con el gasoil.
Con el crecimiento de la economía, la demanda de gasoil para camiones, máquinas agrícolas y algunas calderas, creció de forma muy importante, a tal punto que alcanzaba la producción nacional. Pero las petroleras no podían importar porque el precio internacional era muy superior al de mercado interno, por lo que el gobierno nacional decidió subsidiar la diferencia e importar el combustible de Venezuela, que proveía un combustible con más carga de azufre de la permitida y tolerada por los motores.
A pesar de las primeras peleas, los precios de los combustibles fueron subiendo y fue mejorando el precio fijado para el crudo a los productores a y a las provincias. El último precio fue de 42 dólares por barril, aunque con algunas variaciones por calidad. Para el caso de Mendoza, el precio promedio (con descuentos por calidad, alcanza a un promedio de 35 dólares por barril).
¿Y que pasó con los precios al público? Los consumidores siguieron pagando con aumento en los precios. Para tener una comparación que a los mendocinos les resultará familiar basta señalar que en enero de 2008 la nafta súper en nuestro país costaba $ 2,10 (promedio), mientras en Chile costaba el equivalente a $ 4,32. En diciembre de 2008 esa relación había cambiado. En Argentina costaba $ 3 promedio y en Chile $ 2,92 promedio.
Lo interesante de nuestro país es que los combustibles aumentaban al público mientras no mejoraban el precio del crudo a los productores y a las provincias. Concretamente, el precio al público aumentó un 40% mientras los productores siguen recibiendo lo mismo, o menos.
Es que en este momento hay una retracción muy fuerte de la demanda interna, las refinerías están llenas y reciben crudo con cuentagotas. El problema es de tal dimensión que varias empresas han bajado sus ritmos de producción y otras han tenido que construir baterías de almacenamiento especiales para aguantar el stock de crudo que no pueden vender.
Además, se presenta un problema adicional. Mientras el gobierno permite que el crudo esté internamente más caro que a nivel internacional, muchas refinadoras ya están pensando en importar crudo porque es más barato. Y esto agravaría la producción nacional, a tal punto que muchos productores ya están vendiendo por debajo del precio fijado para no financiar almacenaje de crudo.
Mientras tanto, los refinadores dicen que el precio de los combustibles sigue barato, haciendo una ecuación en la cual ingresa el “atraso cambiario” del que todos hablan pero nadie puede demostrar. Pero además, contabilizan aumentos de los precios de la energía y de los salarios, más la inflación general.
Además, como no le han mejorado los márgenes de comercialización a los estacioneros, si bajan los precios, tendremos nuevos conflictos laborales con todas las estaciones de servicio del país.
El tema pierde claridad porque se perdieron las relaciones de precios relativos. En Chile el proceso fue mucho más transparente y es más claro explicarlo. En Argentina todo se hace muy retorcido y se pierden las nociones de los precios de equilibrio. Lo único claro es que por el momento los precios no bajan y es probable que suban por el efecto inflacionario.