Cuando la naturaleza reemplaza al poder de policía

El Senador Provincial Mario Víctor Salomone reflexiona sobre los efectos de la tormenta del último jueves 17 de diciembre. Desde su punto de vista, la naturaleza ha venido a hacer lo que no supimos o pudimos hacer nosotros.

El 17 de diciembre, San Rafael sufrió el efecto devastador de una nueva tormenta, con una combinación de granizo, agua y fuertes vientos.  Rápidamente, luego de ver el resultado catastrófico que produjo en la agricultura, la infraestructura y, lamentablemente, en vidas humanas (perdida irreparable si las hay), fue catalogada como histórica y nunca vista.


Sin tener estadísticas a mano, y sólo recurriendo a la memoria propia y de otras personas, puedo afirmar (salvo por las vidas humanas perdidas) que San Rafael conoce de estos fenómenos. Como ejemplos se puede citar la tormenta de enero de 2007 que afecto la parte Noroeste de la ciudad y los distritos de C. Benegas, El Cerrito y C. Nacional; la del 2004 que afecto la Villa 25 de Mayo, el paraje conocido como El Cristo y el distrito Las Paredes, donde el granizo acumulado también permaneció por más de 24 hs. y los daños fueron extraordinarios tanto en la producción como en las viviendas; la tormenta de 1994 que afectó la ciudad y distritos vecinos con fuerte viento y granizo del tamaño de una naranja que incluso perforaron los techos de varias viviendas e industrias; o a de diciembre de 2008 en el departamento de General Alvear, afectando los distritos de Carmensa y Bowen.


Lo que no podemos discutir, y a la vista está, es que tormentas de igual intensidad causan cada vez daños de mayor magnitud. Lógico es que nos preguntemos por que ocurre esto, y la respuesta aparece rápidamente: en el mismo territorio cada año somos mas y peor ubicados. La densidad poblacional de San Rafael (vale para toda la provincia) creció a un ritmo tal que no se vio acompañada por la infraestructura necesaria que mitigue los efectos devastadores de estos fenómenos, y mucho menos por políticas territoriales que ordenen el suelo.


Lo que vimos y vivimos en el Valle Grande y el Cañón del Atuel por causa de esta tormenta, seguramente y con una de igual intensidad, no hubiese ocurrido hace 25 o 30 años atrás, y sólo se registraría una creciente mas del río Atuel. Incluso pocos nos enteraríamos de esta situación. Sin embargo en la actual situación del cañón estos fenómenos se tornan críticos y altamente peligrosos.


Esta opinión no significa estar en contra del progreso ni del importante desarrollo de la actividad turística en la zona, que trajo alivio en materia económica y fue alternativa a la alicaída y desprotegida agricultura. Por el contrario, el debate debe ser como crecer mas y mejor sin comprometer el ambiente. Hoy es imposible pensar en el libre escurrimiento de las aguas del río Atuel en el Cañón, cuando los caudales superen los 80 m3/seg.,  producto de la gran presión externa sobre sus márgenes, entendiéndose esto como la construcción de hoteles, cabañas, camping, piletas de natación y, en casos mas extremos, con obras que comprimen el cauce del río de tal forma que, cuando se supera este caudal, el escurrimiento va progresivamente entorpeciéndose hasta provocar las consecuencias ya conocidas.


Otro daño importante lo sufrió la red eléctrica, producto de la caída de un número importante de grandes forestales. Esto tampoco hubiese sido así hace 25 o 30 años, cuando estos forestales estaban en la plenitud de su vida vegetativa, lo cual sumado a una buena conservación y mantenimiento les permitía mayoritariamente resistir al embate de estos fenómenos. Hoy, producto de la desidia de los organismos pertinentes y la falta de políticas forestales acordes, se nos está condenado mas a sufrir la forestación que a disfrutar de ella, siendo esta un rasgo cultural de la zona y que mostrábamos con orgullo a nuestros visitantes. Estos viejos y maltrechos árboles cayeron sobre rutas, líneas eléctricas, e incluso dentro de los cauces de riego y de desagüe agravando la situación. Nuestros forestales van muriendo lentamente sin que se logre implementar una política de erradicación y reforestación progresiva que nos permita recuperar la cultura forestal.


Señores, hoy el clima y la naturaleza hicieron lo que nunca hizo el poder de policía de las instituciones, sólo que lo hizo, como siempre, a un costo demasiado alto. Es hora que aprendamos hasta donde podemos llegar y que debemos hacer, sin que periódicamente necesitemos una bofetada de la naturaleza.