El Rally Dakar siempre se caracterizó por someter a pilotos y máquinas a las condiciones más difíciles que se pueda imaginar. Esa situación provoca en los vehículos todo tipo de roturas. Pero como siempre el ingenio argentino, le buscó la veta comercial a este tipo incovenientes. Así surgieron "Los Charlies". Una nota imperdible publicada por el blog desafio dakar.
Por esto, la competencia suele contar con equipos de especialistas que tienen la misión de asistir, con sus conocimientos y materiales, a los pilotos que necesitan reparar sus máquinas con la mayor rapidez posible. Durante el pasado rally, en el blog Desafío Dakar 2009, se habló sobre la “gomería buena onda”, un equipo privado –Euromaster- que se encarga de reparar gratis los neumáticos de todos los pilotos que lo requieran, con el valor de permitir reducir costos y el tiempo perdido en una tarea agotadora.
Ahora, le toca el turno a los llamados Charlies de Loctite, un equipo de especialistas –formado en esta ocasión por dos argentinos y un europeo- que se encargan de brindar asistencia y reparaciones a los vehículos usando adhesivos de alta tecnología y rápido curado, algo vital para seguir en competencia o continuar realizando otro tipo de arreglos mecánicos. El verano pasado realizaron decenas de reparaciones. Estas son clave sobre todo para los equipos chicos y los pilotos que corren en solitario, que no cuentan con los presupuestos millonarios y el número de mecánicos de los oficiales.
Montados en cuatriciclos y recorriendo el vivac, o trabajando bajo su tienda color rojo, los Charlies la tuvieron difícil en 2009, pero la experiencia en los Dakar anteriores los ayudó a salir sin problemas de cada situación difícil. Así, colocaron pegamento para trabar cientos de tornillos, taparon enormes agujeros en piezas plásticas, pegaron decenas de parabrisas. Todo esto se hace bajo presión, contra el reloj, y muchas veces de noche: hay que terminar rápido para dejar libre el vehículo y que sus mecánicos puedan seguir con otras reparaciones complejas, como las de motor, suspensiones o caja de velocidad.
Así sucedió con un buggy cuyos pilotos se vieron seriamente afectados cuando el vapor de nafta que escapaba del tanque se metía en la cabina, tras fallar un sellador por las extremas vibraciones. Rellenaron todo con un gel especial que funciona en huecos superiores al medio milímetro, y listo. O con el Bowler número 373 de Jérome Pélichet, que en la etapa Santa Rosa-Puerto Madryn golpeó con violencia una roca y dañó seriamente el cárter, lo que provocó pérdidas de aceite. Sellaron la fuga con un moderno pegamento que no requiere limpieza previa y se adhiere a superficies grasosas.
También con la Toyota KDJ 120 de Ronan Chabot, a la que se le rompió totalmente la toma de aire que va en el capot tras un espectacular salto. Había que repararlo en minutos o de lo contrario viajar con una temperatura, dentro del habitáculo, mucho mayor a la normal. Así es el Dakar. Alta tecnología aplicada en los puntos y situaciones más insólitas, donde la diferencia entre arreglar bien una cubierta o entre apretar y pegar bien un tornillo puede ser, ni más ni menos, que seguir en competencia o quedarse tirado en pleno desierto.