Los partidos políticos huelen a viejo en la Argentina. Ellos lo saben, pero lo último que quisieran hacer sería darse un buen baño y ponerse en forma atentos a los tiempos actuales.
¿Por qué?
Sencillamente porque eso significaría que el tanque de guerra que buscan representar se transforme en los que en verdad son: un viejo camión para el reparto digitado de leche a domicilio.
O, lo que es lo mismo, exhibir un caniche disfrazado de rottweiler en el patio de casa para dar sensación de seguridad y de amenaza.
Según la Cámara Nacional Electoral –ente que acaba de presentar el Informe anual sobre afiliados– hay en la Argentina nada menos que 686 partidos. Y más: según el informe, el 30% de las personas en condiciones de votar están afiliadas a algún partido. Si así fuese, según las cifras, hay 8.448.419 seguidores confesos de las agrupaciones políticas. ¿Imaginan un país como el nuestro con tal cantidad de personas efectivamente interesadas por la política?
La realidad es otra: las cifras que se relevan se remontan, por lo menos, a 1983 en adelante. De esa cifra, seguramente cientos de miles de afiliados no saben ni siquiera que son afiliados. Y los partidos políticos han tomado recaudos para seguir pareciendo ampulosos: para desafiliarse de un partido hay que presentar una carta-documento a la Junta Electoral o bien, afiliarse a otro partido político.
Así es como existen en el país, también en Mendoza, muchos partidos que, en verdad, no existen: no son más que un sello que se negocia con partidos más fuertes a cambio de algún cargo o alguna candidatura. Una vez consumado el negocio, esos pequeños partidos, entre otras cosas, sirven para hacer trabajo sucio para los partidos mayoritarios. Esto también lo conocemos de sobra en la provincia.
En síntesis: muy pocos, casi nadie, han de estar interesado en purgar listas de partidos e incluso padrones, porque todos saldrían perjudicados en sus apariencias. Y en política, las apariencias se disfrazan de votos.
Partido Pirulo
La información, emitida por el Centro de Información Judicial, es clara: la Cámara Nacional Electoral elaboró el informe anual sobre afiliados a los partidos políticos, donde se muestra la cantidad de agrupaciones en todo el país y el número de afiliados, todo discriminado por distrito y además por partido, entre otra documentación.
Este relevamiento de anomalías llega hasta el 31 de diciembre pasado. De los 686 partidos que hay en Argentina, nada menos que el 55% son nacionales. O sea: ya que vamos a hacer un partido, hagámoslo para todo el país. A su vez, de los 8.448.419 de los afiliados, 4.363.349 son mujeres y 4.085.070, hombres.
Hablamos al respecto con el diputado nacional Omar De Marchi, presidente del Partido Demócrata para que nos ilustre al respecto: “Las cifras pueden ser reales, porque arrancan de 1983. Lo cierto es que hay una gran deuda que es la de depurar padrones. En Mendoza, los tres tienen partidos mayoritarios, más o menos, tienen alrededor de cien mil afiliados cada uno. Si les sumamos los 30.000 afiliados de otros partidos, hacemos ese 30% del padrón de votantes mendocinos”, inicia.
- Y no los purgan porque no les conviene…
- Obviamente que no le conviene a los partidos políticos, pero también es un engañapichanga, porque no hay beneficio económico en dejar las cosas como están. Aquí no se paga por afiliado. Esto tiene más que ver con el poder partidario interno, para que Fulanito diga que tiene más afiliados que Menganito en la interna partidaria, pero no es real.
- Es una gran ficción.
- Sí, es una fantasía. La verdad de fondo es que se ha perdido la pasión por la militancia, que es la base central de la política. Los partidos dejan de de pisar la calle y sólo pisan los sets de televisión…
- Esa es una crítica habitual a su partido…
- Sin embargo, lo nuestro es más genuino, porque al no estar en el poder, estamos
menos aburguesados. Por eso, depurar los padrones los haría volver a la militancia.
- ¿Hay partidos que en la realidad no existen?
- Mirá: si empezás a prohibir las listas gemelas, las colectoras y recursos por el estilo, empezás a eliminar partidos a lo loco. Hoy cualquier picaron con un sellito de un Partido Pirulo, te lo vende o lo intercambia por candidaturas o cargos.
- Esta es la clase de cosas que detesta la gente de los políticos.
- Yo no vivo de la política y no me quiero despegar los que hacen de la política su forma de vida y que no quieren que nada de esto cambie. Quienes realmente queremos que la política sea una herramienta de representación, queremos rejerarquizar la política con instituciones fuertes.
Inventando sellos
Del otro lado de la visión política de De Marchi, podríamos ubicar a nuestro columnista, sociólogo y docente de la UNCuyo, Marcelo Padilla, no obstante sus reflexiones están en línea. Inicia Padilla: “La política volvió a la escena desde el 2001 a esta parte, pero esto no significa que haya más participación política en las estructuras partidarias”.
- Según los datos arrojados por la Cámara Nacional Electoral, pareciera que la participación ciudadana hubiera aumentado…
- E incluso se hablar de participación a través de los partidos políticos, pero esto dista mucho de ser así. No es verdad. Hoy la gente se inclina por formas de participación que están por fuera de los partidos, como los colectivos sociales, comunitarios, culturales y agrupamientos que reivindican derechos de minorías”, continúa el sociólogo.
- ¿Cómo explicás esto?
- Varias razones podrían explicarlo: los partidos políticos han perdido credibilidad, sus dirigentes no abren el juego hacia abajo y las estructuras de muchos partidos chicos, cientos de ellos, se arman para negociar en coyunturas políticas electorales. Esto atenta contra la noción de partido Político.
- ¿Te imaginás una política sin partidos políticos?
- De ninguna manera. No existe otra herramienta que pueda reemplazarlos en el sistema político. Son necesarios, pero no como ahora están dirigidos.
- Entonces, se reafirma la idea de que la confusión es grande si queremos entender el mapa de los partidos…
- Y no ayuda que el mapa presentado por la Justicia Electoral no haga más que mostrar el grado de dispersión en la diversidad política. Lo que se llama “inventar sellos”. Y esto, claro está, no es motivo para festejo.
Aguanten los partidos
La política como ciencia política en acción no tiene mejor herramienta que los partidos. En ellos, la vocación por la cosa pública encuentra su ámbito de discusión, de diagnóstico y de solución a problemas sociales. Los partidos son garantía de democracia. Mientras ellos estén más fortalecidos y sean más representativos de los intereses públicos, mejor democracia tendremos.
Está claro que para que esto suceda no alcanzará con purgar sus estructuras y provocar un sinceramiento general de la situación que atraviesan.
Hará falta, además, y entre muchas cosas, que se adapten a los nuevos tiempos, que promuevan escuelas de capacitación para dirigentes, que dejen de depender de apenas un puñado de apellidos y que produzcan –a través de sus equipos– “emuladores” de gobierno, con planes de acción concretos de modo que, cuando lleguen a la gestión, no se hallen con el desconcierto entre sus manos, o sea, en pelotas. Y defender sus pilares: no traicionarse a sí mismos a través de sus decisiones y en función de la conveniencia de turno.
Son demasiadas cosas, es cierto, pero, bueno, al menos podrían empezar por la depuración de sus estructuras para que puedan mostrarse como en verdad son.