Desde que aparecieron las fotos de Daniela Maldonado todos nos transformamos en opinólogos. Los que están a favor y los en contra. Los que afirman que se debe modernizar la Vendimia y los que no conciben otra imagen que la de la capa, la corona y el cetro. Los que elogian sus atributos femeninos y los que se horrorizan con que pueda llevar aquellos que identifican a la fiesta máxima de los mendocinos. Comentarios sobran. Y cada cual comienza a diagramar un final.
Que salen más fotos a la luz y renuncia en breve. Que salta a la fama efímera de los programas de chimentos. Que arrasa con los aplausos en el Carrusel… Y si en un principio se puede creer la explicación de que posó ante la cámara para conseguir trabajo en una agencia de modelos; ya hacia la mitad de la historia -contada por ella- se puede especular con eso de que el fin justifica los medios. ¡Claro! ¿Por qué no? Está mujer sólo quiere ser famosa. Y alguien quiso cumplirle su deseo enviando sus imágenes a cuanto usuario de Internet estuviera conectado.
La pregunta es: ¿Daniela quiere ser reina o tapa de Paparazzi? Si la respuesta lleva a que desde niña fantaseaba con escuchar, sobre el escenario del Frank Romero Day, "y este voto es para..." o se imaginaba con un vestido soñado y un peinado impensado con capa y corona sobre la carroza que, a paso lento, estaría rodeada por cientos, esperando el beso, el saludo, la manzana, el melón, la uva, y hasta el pedacito de carne asada, ¡pues adelante! Esta chica debe olvidar el muerto que salió de su placard e ir por su reinado.
Pero si está más cerca de soñar con Pronto, Paparazzi, Intrusos o Viviana Canosa, y mientras ensaya su paso de reina canta bajito “A Luján, Las Heras, Rivadavia y Jorge Rial” …pues lo ideal sería que piense en seleccionar mejor las fotos, vestuario, escenario, y contratar, sin dudas, un asesor de imagen, porque el book que le hicieron para la agencia de modelos le debe haber costado un ojo de la cara y encima la estafaron; imagínense que quien tomó las fotos no tuvo en cuenta ni la decoración del lugar, ni la iluminación, ni el maquillaje, ni el trapo de piso detrás del inodoro mientras ella posa ilusionada con pertenecer al staff de Pancho Dotto.
No voy a decir que pertenezco a la sociedad pacata mendocina o que soy una montañesa cerrada que no cree en la modernidad. Pero sí que no quiero una reina hot, sino esa que deslumbra en cada lámina del negocio de la calle San Martín. La que voy a recordar con los atributos vendimiales y que el máximo escándalo que puede protagonizar tenga que ver con quitarle el labial a otra o esconderle los zapatos, como sucede en muchos concursos de belleza.
Pero así como puedo entender a quienes me tilden de “dinosaurio” por querer las tradiciones o me adornen con adjetivos que hagan referencia a la hipocresía, envidia, mojigatez, etc, etc, etc. También puedo darme cuenta que esta chica moviliza, a quienes fascinados con sus aires de cambio vendimial rugen por que la dejen en paz. A los empleados municipales que ahora tienen más de que hablar. A las mujeres indignadas por su estilo cola Reef… Al resto de las candidatas pensando si deja u ocupa un lugar. A los que querrán formar su club de fans. A quienes planean un piquete en plena calle San Martín para evitar que pase el carro de Luján. A los que ya piensan en darle su voto. A los que al verla ya ni piensan. Y a los que no pueden dormir pensando “justo acá se tenía que presentar…”
En definitiva, a estas alturas, y es un parecer muy personal, me cuesta imaginar a Daniela Maldonado como soberana vendimial. Y no porque no se lo merezca o no sea una mujer llamativa y bella. Simplemente, porque las fotos de un año atrás sobresalen. Y seguirán estando debajo de la capa y detrás de la corona. Estarán ahí, encontrándose a cada rato con esa imagen de reina que tengo desde niña. Pero ya lo dice el refrán, todos tenemos un muerto en el placard, pero no todos se descubren en Vendimia. Daniela tuvo esa suerte, que algún beneficio le traerá seguramente. ¿Quién no recordará las poses de la reina en la cama de un hotel, aunque se olvide su hobby, color de cabellos o de ojos, o a qué distrito de Luján representa? Cualquiera sea el final de la historia, éste es su momento, el que le muestra caminos. O se sube a la carroza y disfruta de la Fiesta sin importarle quienes, como yo, afirman que se vería mejor junto a Jorge Corona en un show de verano. O, simplemente se baja, olvida el consejo del intendente de “nada de Paparazzi mientras dure el reinado” y se abre paso en cuanto programa quiera oír su historia. ¿Por qué no? Todo es posible. O no se acuerdan de la reina que le pegó –sin querer- el manzanazo a la diva de los almuerzos. Si hasta salió a pedirle disculpas a Mirtha Legrand en móviles en vivo. Las cosas de la vida. Esa chica quería ser reina y terminó teniendo sus minutos de fama. Lástima que ya ni me acuerdo su nombre.
(*) Periodista.