“El viajar es un placer, que te puede suceder”, cantábamos, hace muchísimos años, junto a Gaby, Fofó y Miliky.
Ya de grandes, con otras músicas a nuestros oídos y lecturas más sobrias a nuestro alcance, supimos que Goethe reflexionó alguna vez que “viajar (sin compañía) es el más triste de los placeres”.
Ahora, de vuelta de las vacaciones de primera quincena de Enero, luego de recorrer en automóvil los más de 1500 kilómetros que distancian a Mendoza de Mar del Plata, de ida y vuelta, lo que queda –además del cansancio y los recuerdos- son las perlitas del viaje.
No noticias, para mantenerse despabilado
Una de las formas de distraerse durante el viaje y mantenerse atentos, mientras el resto de la familia duerme despanzurradamente junto a quien conduce, es escuchar la radio.
Así sucedió ese 2 de enero, transitando por las cercanías de Necochea, en medio de un laberinto de rutas que logró despistar al conductor más de 100 kilómetros del destino estipulado.
En la FM muy local, se escuchaban reflexiones de año nuevo y a un locutor y una locutora, desempolvarse del año que acababa de irse. En la calle, un móvil con su movilero:
- (Locutor): ¡Vamos al móvil! Adelante móvil de exteriores. ¿Dónde estás Ricardito?
- (Móvil): Acá estamos Juan. Feliz año nuevo para todos. Estamos en el Hospital para ver qué nos trajo el nuevo año…
- (Locutor): ¿Fue nena o varón el primer nacimiento (blablablá extenso)?
- (Móvil): No fue ni nena ni varón, Juan. No ha nacido todavía el primer niño de 2009.
- (Locutor y locutora, desorientados): Ah, ah, ah…
- (Móvil): Pero acá estamos con el doctor de guardia de Maternidad. ¿Cómo está doctor? Feliz año. ¿Qué pasó?
- (Doctor de guardia): Feliz año para toda la radioaudiencia. Bueno, es que no hemos tenido partos. Sencillamente.
- (Móvil): Juan, te dejo en diálogo directo con el doctor de guardia…
- (Locutor): ¡¿Cómo está doctor?! Felicidades. ¿Así que no tenemos primer nacimiento de 2009?
- (Doctor de guardia): No le escucho bien…Pero claro, no. No hemos tenido partos Juan. Felicidades para usted también y para toda la gente en estudio.
- (Locutora): ¡Bueno, bueno, bueno! Cuéntenos entonces doctor –aunque antes que nada, ¡felicidades!- cuál fue el último nacimiento. El 31… Lo escucho…
- (Doctor de guardia): …Lo que ocurre es que el último chico que nació fue Pedrito López (nombre ficticio)…pero nació el 26 de diciembre, no el 31…aunque sí, mirándolo como usted dice, sí. Fue el último de 2008.
- (Locutor y locutora, pisándose): ¡Pero qué bien! Así que Pedrito fue el último del año..! ¿El hijo de Pedro y Susana?
- (Doctor de guardia):…Sí, creo que sí, su hijo que nació muy bien con 3 kilos 400 gramos…
- (Locutor): Vaya ¡qué noticia doctor!
Pasó un rato que incluyó dos temas musicales pegados y sin anunciar y una tanda publicitaria larga y el locutor ensayó un extenso monólogo sobre el uso indebido de pirotecnia y el peligro de los corchos saltando de las botellas.
Advirtió, tajantemente, en medio de su discurso:
- (Locutor): ¡Vamos, vamos a exteriores ya! Nos está llamando el móvil. ¿Es así Ricardito?
- (Móvil, Ricardito): Así es Juan; estamos ahora con la médica de guardia en el sector de emergencias del Hospital…¡Feliz año doctora!
- (Médica de guardia del sector Emergencias, cortante, ¿nerviosa?): Feliz año.
- (Móvil): No sé si quieren preguntarle ustedes desde estudio o quieren que directamente hable yo con ella…
- (Locutor): Como quieras…¡Feliz año doctora! Metele vos nomás Ricardito…
- (Móvil): Así es entonces, como dijimos, estamos con (blablabla). Díganos doctora, cómo evalúa los accidentes típicos de fin de año…
- (Médica de guardia del sector Emergencias): …Bueno…No tuvimos heridos.
- (Móvil, tartamudeando): ¿Algún quemado?
- (Médica de guardia del sector Emergencias): No.
- (Móvil): ¿Algún herido de un corchazo…O algo pareado?
- (Médica de guardia del sector Emergencias): No.
- (Móvil): Juan, atento Juan… No se si querés hacerle alguna pregunta a la doctora…
- (Locutor dialogando en voz baja con la locutora, distraído, sin saber que estaba al aire): ¿Me querés decir qué corno le pregunto a ésta si no ha pasado un carajo?
- (Locutora, avispada del error emitido al aire): Muchas gracias Ricardito y doctora, te esperamos aquí en cuanto puedas venir. ¡Muchas gracias doctora, ha sido usted muy gentil y que tenga un feliz 2009!
Así transcurrieron, sin que se sintiera el peso de manejar tanto tiempo, unos 45 minutos de ruta.
Fue difícil hallar el camino correcto, una vez perdido. Pero la verdad era que si corría el auto unos metros más allá, perdía la sintonía. Y no era para desperdiciarse tamaña oportunidad informativa.
ADN argentino de transmisión oral
Primer día de playa. Mirando para aquí y para allá. Buscando dónde depositarse con familia y todo: juguetes, sombrilla, alimentación, mate, juegos de mesa, reposeras (cinco). Mirando, a ver qué se ve y a quién se reconoce en la espesura de tanta carne al spiedo, sabiendo que siempre hay algún mendocino barajado en la multitud de diverso origen.
Entonces, ocurrió el diálogo: padre porteño y argentino (cincuentón, pelado, con voz aguardentosa, grave) con el brazo sobre el cuello de su hijo (adolscente, 15/17, flaco, desgarbado, medio asustado).
- (Padre): Nene, vos tenés que ser más activo en la charla en la carpa…tenés que hablar...participar…¡Estás muy callado todo el tiempo!
- (Hijo): …
- (Padre, preocupado, abrazándolo mientras camina, buscándole los ojos al hablarle): Mirá…la cosa es así… si no te relacionás con las otras personas, no vas a encontrar amigos…ni amiguitas... ¡van a pensar que somos padres de un tonto!
- (Hijo, bajo un jopo grande): …
- (Padre, amigo, hermano, argentino): Mirá…atendeme: vos tenés que sacar un tema; cualquiera. Una vez que empezaste, tirá un par de datos que conozcas. Después te van a ir respondiendo y cuando podás, metés una mentira por acá, te inventás alguna cosa por allá…
- (Hijo, corriéndose el jopo grande para mirarlo): …
- (Padre, satisfecho, antes de darle una fuerte palmada y acariciarle el jopo): ..así vas a ver que de un momento a otro sos un tipo de bien y todos van a querer hablar con vos. ¿Entendiste?
A la vuelta, la brigada recaudatoria
En las rutas bonaerenses y cordobesas (con la isla pampeana de mejoras que se pueden palpar) no hay más muertos en accidentes porque, contrariamente a lo que podemos pensar a priori, los conductores son buenos en esa tarea.
Transitando por allí, una voz grave dice en las noticias de Radio Provincia (de Buenos Aires): “El gobierno nacional, desde la Agencia de seguridad Vial, entregó móviles para el control de las rutas en Buenos Aires, santa Fe y Córdoba”.
Pero, ¿comprando y repartiendo arbitrariamente móviles policiales están consiguiendo bajar la cantidad de muertos y tullidos que deja el tránsito?
Un bombardeo de pozos obliga a que “eso” que sirve de guía para que el auto vaya desde Mendoza a Mar del Plata no pueda ser denominado ruta. Sin embargo, no hay alternativas, hay que usarla.
Un tercio del tiempo de manejo debe hacérselo en contramano, cuando no viene nadie de frente (o cuando uno no ve a nadie de frente, porque a veces no se lo ve y viene. Y chau.) debido al tamaño de los cráteres que amenazan dejarlo a uno ya no sin ruedas, sino sin llantas…y en el medio de la nada.
Pero el moño lo ponen en Córdoba.
Como un mal chiste cordobés, cuando uno vuelve de la costa se encuentra, repentinamente y sin salida, trasponiendo el peaje de Vicuña Mackena, con la brigada recaudatoria de la policía. Para a todos, menos a los cordobeses, a los camiones y a los que saludan con el brazo en alto, reconociéndolos.
Atención: no se trata de coimas, son policías.
- (Policía se dirige al conductor): Cómo está señor. Detengase a 45 grados a una orilla.
- (Conductor): ¿?
- (Policía, simpático): Me peeermite los paaapeles del auto.
- (Conductor, en silencio, le pasa todo).
- (Policía, dramaturgo y cordobés): Mire cabaaallero. Está todo bien: laaas luces encendidas; los cintuuurones colooocados; los paaapeles en regla. Pero, el nene de aaatrás, ¿cuántos añooos tiene?
- (Conductor, cambiando su cara de cumplidor por la de sorprendido, mal): Dos.
- (Policía): Está en infraaacción. Y grave.
- (Conductor, desencajado): ¡¿Por?!
- (Policía, orondo): La siiillita; le falta la siiillita. Bájese. Acompañeeemé.
- (Otro policía escribe una multa e indica que cerca de allí, en banco provincial, se puede pagar en el acto la multa. Caso contrario, se duplicará día por día. Se olvida de avisar que por ley, allí y en cualquier otro punto del país, se puede ofrecer un descargo. En la ruta, en tanto, una cantidad de desprevenidos coloca la reversa ¡y van a pagar las multas! Previo pago, por supuesto, de un nuevo peaje).
Discovery Channel en las pampas
Viajar de noche por los caminos de la Pampa Húmeda puede resultar un agradable mundo de descubrimientos o una tragedia natural, dependerá el cristal desde cual se lo mire. Y, por supuesto, la experiencia propia de cada uno.
La naturaleza ha determinado que todos los bichos salvajes saldrán por las noches y se comerán unos a otros. O serán atropellados por algún auto, camioneta o camión.
Lo cierto es que entre San Luis y Mar del Plata, de noche, se cruzaron frente al automóvil exactamente 32 lechuzas o búhos que se llevaron consigo idéntica cantidad de puteadas, según el mandato de la sabiduría popular: hay que putearlas para que no se produzca una desgracia. Mientras todos los acompañantes dormían, el insulto se reducía a un gruñir, pero pronunciando todas las palabras que deben pronunciarse; caso contrario, el conjuro no se rompe.
Fueron luego 14 zorros grises los que se lanzaron a la aventura de cruzarse frente al auto, 5 cuises, 8 liebres, un pequeño puma, 13 quirquinchos, una iguana bastante grande que más bien parecía un cocodrilo y 4 zorrinos (sí, esos que mean e impregnan todo con su hedor).
Es incalculable la cantidad de víctimas fatales de estas mismas especies que se encuentran al medio o a la orilla de los caminos.
Pero la sabiduría de la naturaleza ha incluido a los automovilistas en su cadena alimentaria.
La primera luz del amanecer genera que un espanto de pájaros se aparezcan en la ruta, repentinamente, frente al conductor. Se trata del servicio de limpieza de cadáveres: chimangos, jotes y halcones agradecen la cosecha que les siembra la inseguridad vial en el reino animal.
La especia más opa son las torcazas: no saben calcular cuándo despegar del medio de la ruta cuando viene un auto. Las consecuencias están a la vista en radiadores y parabrisas, muchas veces rotos.
Pero en Mendoza ocurre algo más curioso y digno de un análisis que no se hará en esta crónica de viaje. Entre la capital mendocina y la ciudad de San Martín, unos 50 kilómetros de tránsito sobre la ruta 7, se encontró a un animal atropellado cada 2 kilómetros. Eran 26. En su mayoría, perros. También dos gatos y algún otro animal irreconocible.