Finalmente, y luego del gran espectáculo que brindó Alcohol Etílico –cuyo sonido resultó impecable-, las esperadas Hormigas Negras volvieron a subir, una vez más, al escenario del anfiteatro sancarlino.
Las Hormigas Negras, una banda que nació como murga en La Consulta (San Carlos), es hoy una de las mejores que ha dado el Valle de Uco. No sólo porque se han ganado un buen lugar entre el público mendocino, sino porque ahora están buscando su lugar en Buenos Aires.
A pesar del frío de la noche sancarlina, las Hormigas Negras se las ingeniaron para que en el Neyú Mapú los más de 6.000 jóvenes que conformaban el público bailaran al ritmo de su música.
“Para nosotros, tocar es un laburo de hormiga; y un privilegio”, dijo al bajar del escenario uno de los mellizos Videla.
Hace pocos meses, las Hormigas se mudaron a la gran ciudad y desde allí trabajan para dar el gran salto. “Las posibilidades nos las creamos nosotros mismos”, explicó uno de los Videla. Puestas sobre el escenario resulta evidente que esta banda ha trabajado mucho en la calidad de su sonido y en el perfeccionamiento de sus músicos. Las Hormigas funcionan como una cooperativa –no han perdido el espíritu murguístico original- y viven en comunidad trabajando fuerte en su producción musical.
Tras el recital de las Hormigas, el público disfrutó de los fuegos artificiales que, en esta oportunidad, sirvieron para señalar que a la noche sólo le quedaba un artista más. Luego de este espectáculo visual, que terminó minutos antes de la medianoche, subieron al escenario Felipe Staiti (guitarrista de los Enanitos) y sus dos hijos Juan pablo y Natalio, acompañados por el baterista Gerardo Lucero.
Las Hormigas Negras, ovacionadas
Luego de una tarde llena de buenos espectáculos, las Hormigas Negras subieron al escenario del anfiteatro y se las ingeniaron para que un público de más 6.000 jóvenes bailara bajo las estrellas de la noche sancarlina.