La tarea silenciosa de vestir la vendimia

Muchas personas, entre agujas, tijeras y metros de tela, tienen la fundamental tarea de confeccionar el vestuario para el Acto Central. Este año están bajo la coordinación de la artista plástica Alejandra Cabeza, quien promete que apostará al cuidado del detalle y la combinación de colores.

Máquinas de coser que no descansan hasta ultimar los detalles. Foto: Marcelo Ruiz / MDZ
Máquinas de coser que no descansan hasta ultimar los detalles. Foto: Marcelo Ruiz / MDZ

La labor de estas personas deja mucha tela por cortar. Las intimidades y anécdotas que viven los encargados de vestir la vendimia muestran “el otro mundo” –tal como los propios protagonistas lo llaman- que se vive detrás del Acto Central. Bajo la coordinación de Alejandra Cabeza, el vestuario de la 72º edición de la Fiesta Nacional de la Vendimia se distinguirá por el cuidado del detalle y la combinación de colores.

Este es el primer año que Alejandra es la jefa de vestuario de la fiesta. Sin embargo, no es su primer contacto con vendimia pues en 1991 trabajó como utilera y en 2004 tuvo a su cargo el vestuario de la fiesta de Capital. Desde el año 2002, ella y su equipo concursaban para intervenir en el Acto Central y, finalmente, el 7 de noviembre pasado ganaron la licitación.

“Creí que no me lo iba a bancar”, confesó la artista plástica pero desde que entró a los talleres ubicados en el PACSEM –en el sótano de la Secretaría de Turismo- se dio cuenta de que la tarea no era para nada distinta a lo que ella viene realizando desde hace 15 años como vestuarista, escenógrafa y utilera.

“Cualquier obra se tiene que adaptar a la puesta” fue la premisa de Alejandra para comenzar a armar el vestuario que el director de la fiesta, Alejandro Conte, quería para relatar “Nacida del río y de la tierra”.

“El guión de la fiesta –explica Cabeza- es realista o naturalista y, a la vez, es fantasioso. Lo tradicional se mantiene en las ropa de los bailarines, mientras que con el vestuario de los personajes metafóricos he delirado”, reconoce totalmente desenvuelta la diseñadora.

El vestuario de la fiesta trae muchas sorpresas, las cuales –por pedido expreso de Alejandra- se irán revelando recién en la noche del 8 de marzo. Pero, la pintora sí adelantó que la impronta estará “en el cuidado del detalle y en la combinación de colores”.

Fiel a sus conocimientos, la artista plástica explicó que, al igual que en una pintura,  la combinación de colores se reflejará en todo el cuadro que se formará con los artistas sobre el escenario del teatro griego. Si bien “el detalle” –en el que la vestuarista hace hincapié- “sea más o menos visible para el público del anfiteatro, el enfoque de la cámara televisiva permitirá apreciarlo”, asegura Alejandra.

Sólo para que tengamos una idea de cuánto implica realizar el vestuario vendimial, Alejandra Cabeza nos mostró un cuadro terminado del guión. El total de ropas y elementos utilizados para la puesta en escena ocupa la dimensión de una pieza de 10 x 20 metros cuadrados.

En total, se ocuparán 2.700 trajes, los cuales tendrán, al menos, cinco elementos cada uno. Todas las vestimentas deberán estar terminadas este fin de semana ya que la semana entrante se hará la entrega para el ensayo general que tendrá lugar el viernes 7. El lunes y martes recibirán los trajes los bailarines de folclore; el miércoles, los tendrán quienes bailen contemporáneo y el jueves se los pondrán los actores.

Aunque el vestuario se haya terminado de preparar, la tarea de las casi 40 personas que integran el equipo no termina. Desde el viernes -día del ensayo general-  al lunes, cuando se realiza la última repetición de la fiesta, estas personas permanecen detrás de los camarines.

De profesión, costureras

Margarita Mazzella es vestuarista del PACSEM desde hace 16 años y ahora le toca la tarea de organizar las vestimentas junto a Alejandra Cabeza.



Margarita nos cuenta que ella sabe del “otro mundo” tras la gran fiesta, ese “que lo contás y nadie te lo cree. Por eso, todos al finalizar vendimia lloramos", anticipa emocionada.

“Es mucho el trabajo –relata Margarita con la voz entrecortada y los ojos brillantes- y me encanta. Llega el momento que conocés a todos. Sé de sus talles, las medidas de los trajes... son tantos años trabajando juntos”.

El ciclo de todos los años es reciclar, lavar y planchar. Estas actividades se inician en octubre cuando Margarita recibe el libreto ganador y empieza a elegir los nuevos destinos de las prendas que hay en el depósito.

Las historias que guarda el sótano ubicado en calle San Martín son muy variadas. Las costureras que allí trabajan llevan años de vendimia y para ellas “es un placer ser las modistas vendimiales”. Por ejemplo, Cristina y Angelina contaron que apenas son convocadas para una nueva vendimia ellas van “con la misma emoción que un niño tiene en su primer día de clases”.

El premio a la trayectoria se lo lleva Alicia, cuya identidad real es María Concepción Miranda. Esta mujer tiene 75 años y 48 de costurera de la vendimia. El pasado lunes fue reconocida por este mérito. Trabajar en el vestuario de la fiesta es el mayor legado que le ha dejado a su nieto Damián quien, con sus 20 años, es la incorporación más reciente al equipo.

“Me parece que vi un lindo gatito”

Las anécdotas que se desprenden de tantas horas compartidas también son muy variadas. A continuación contamos algunas de la más divertidas y recordadas en el grupo de vestuaristas.

Hace años, la gran novedad de la fiesta fue el uso de capas en los artistas. En aquella ocasión, un gato había entrado al taller. A pesar de los esfuerzos para atraparlo todas las mañanas, durante las noches el felino hacía lo suyo entre las ropas. Finalmente, el lindo animal “fue pillado pero nunca olvidado durante la fiesta, ya que cada movimiento de la capa de los bailarines emanaba el olor a pis del gato”, cuenta a carcajadas Margarita.

Otra de las anécdotas recurrentes en el personal de vestuario de la vendimia son las peripecias que hacen los artistas en el momento de vestirse. Margarita y una colaboradora cuentan: “Tenemos un bailarín que se coloca tres o cuatro camisas juntas y la misma cantidad de bombachas. A medida que va actuando, se las va sacando para ahorrar tiempo”.

Por otro lado, están los que renuevan el vestuario cada vez que regresan al camarín. Tantas son las idas y venidas que “lo más fácil de perder es la ropa interior”, relata con un dejo de vergüenza Margarita pues más de uno ha sido visto como Dios lo trajo al mundo.