Pensar la actualidad de la Sociología en Mendoza exige, invariablemente, pensarla en un tiempo determinado. Desde su reapertura a mediados de los años ‘80, la orientación general de la disciplina, cuanto práctica científica, se estructura en los marcos paradigmáticos de la “social research” de ascendencia norteamericana.
La “investigación social”, considerada como un canon metodológico relativamente invariable y de probada “fiabilidad científica” ha reducido a la sociología mendocina a un conjunto de procedimientos técnicos de aplicación mecánica, legitimando a la disciplina en su carácter más instrumental y unidimensional. La sociología, en su variante hegemónica de procedencia universitaria, puede concebirse como la respuesta académica a las demandas de conocimiento “científico” provenientes del sector público y/o privado. Se comprende, en este sentido, porque la sistemática acumulación de experiencias de investigación sobre diferentes aspectos de la realidad social que se realiza año tras año (casi siempre estrechamente vinculadas a las necesidades e intereses de las clases dominantes regionales, vitivinicultura, hidrología, etc.) contrasta con una llamativa ausencia de debate teórico. En la medida en que la relevancia de sus prácticas e intervenciones están acotadas y determinadas por los dictados de “agenda pública”, el impacto social de la producción sociológica mendocina es relativamente bajo.
Problemáticas claves para el desarrollo de la Sociología y las ciencias sociales en general, carecen de cualquier relevancia frente a esta lógica de construcción de “objetos sociológicos investigables”. El debate filosófico, teórico, ideológico y/o político, la perspectiva crítica sobre las metodologías e intervenciones académicamente legitimadas, la disquisición sobre las relaciones de poder que determinan toda práctica “científica”, la relevancia epistemológica de la “intervención” científica en el orden social, entre otro sinnúmero de temáticas centrales para el desarrollo de la sociología han perdido su decisiva centralidad en pos de una compulsión burocrática a la producción de “papers” e informes de investigación.
En definitiva, creemos que tal realidad no hace más que revelar los éxitos estructurales que en el plano teórico, ideológico y político supuso la descarnada y aguda ofensiva antipopular que caracterizó a un período que no traemos casualmente a colación, el comprendido entre 1976 y, cuando menos, el 2003.
Justamente, durante los prolegómenos del último golpe de estado, las universidades argentinas se caracterizaron por una original efervescencia teórica y política, un producto, en definitiva, derivado del protagonismo popular de la época. Curiosamente, muchas de las más reveladoras y polémicas producciones sociológicas de aquella auténtica explosión creativa, serían hoy inabordables desde los estrictos cánones metodológicos a los que se ha reducido a la Sociología. Por ejemplo, y sólo para mencionar un paradigma sociológico caracterizado por su vocación crítica, aún las investigaciones que pretenden probar empíricamente a la teoría marxista asumen hoy un carácter paradójico: muchas de las premisas que funcionan como sostén teórico de investigaciones particulares que pretenden probarlas empíricamente no sólo son, para decirlo con Khun, inconmensurables con las técnicas específicas utilizadas en el trabajo de campo; además hubieran sido imposibles de alcanzar desde las estructuras propuestas por el canon metodológico académicamente legitimado.
Desde la reapertura de la carrera, y en forma simultánea al auge de la “social research” de raíz positivista como paradigma dominante en la Sociología de Mendoza, un sinnúmero de producciones provenientes de las periferias del sistema capitalista mundial caracterizadas por su excepcional originalidad y su persistente vigencia han perdido paulatinamente su relevancia académica en la medida en que, no solamente se trataba de ejercicios irreductibles a los criterios “cientificistas” del empirismo dominante, sino que habían sido construidos como tales desde un sólido posicionamiento teórico consumadamente crítico con respecto a estos últimos.
En el caso particular de las ciencias sociales argentinas, este mismo fenómeno se caracterizó por su virulencia. Tanto que podría sostenerse que la historia contemporánea de las ciencias sociales en nuestro país todavía espera la escritura de uno de sus más relevantes capítulos.
Una larga serie de polémicas producciones caracterizadas por una creativa y provocadora crítica a los “rigores metodológicos” que exigían las academias permanece aún hoy en el index con que la academia, reconoce o ignora, premia o castiga a las creaciones intelectuales.
Una larga tradición teórica y política enraizada críticamente en las experiencias populares más importantes de la historia argentina permanece, a pesar de sus indudables méritos teóricos, o precisamente a causa de ellos, silenciada frente a la impavidez de las academias y magisterios nacionales.
De raíz marginal, siempre periférica con respecto a las “producciones intelectuales socialmente reconocidas”, un amplio abanico de trabajos sociológicos, antropológicos, económicos, culturales, etc. continúa incomodando y cuestionando los fundamentos esenciales de la corrección teórica y metodológica de las universidades argentinas. En este sentido, entonces, puede hablarse de “malditos” no sólo de la sociología, sino de las ciencias sociales en general.
Genéricamente reconocidas tras la imprecisa definición de “producciones nacional-populares”, y después de un productivo encuentro con las universidades argentinas en lo que estructuró el curioso fenómeno de “las cátedras nacionales” durante los ‘70, su herencia ha sido, sino vulgarmente tergiversada y manipulada, deliberadamente ocultada por las estructuras que regulan la producción y circulación del pensamiento en la Argentina.
A pesar de un auspicioso escenario latinoamericano que revitaliza aquellas originales producciones tanto a nivel teórico como político, la universidad todavía no ha generado espacios de reflexión, discusión y debate que restituyan un espacio académico acorde a la relevancia y vitalidad teórica del pensamiento nacional y popular. Su vigencia y actualidad, sin embargo, se revela decisiva en la Argentina del siglo XXI, tanto como la realidad de un país que aún no es dueño de sí mismo y que todavía es incapaz de pensarse en su especificidad. Aquel debate que suponían las “cátedras nacionales”, finalmente truncado por el golpe de estado de 1976, no pudo retomarse a pesar de la continuidad democrática de los últimos 25 años.
Creemos que la coyuntura histórica actual no puede ser más propicia para retomar aquellas aproximaciones entre pensamiento nacional y universidad. Por un lado considerando especialmente la aguda crisis que la Sociología atraviesa en Mendoza: caída en sus tasas de ingreso y egreso, una inmensa dispersión de sus egresados, mercantilización de la oferta educativa, consolidación de redes estructurales de clientelismo académico, y una curiosa ofensiva a manos de los poderes mediáticos constituidos. Por el otro, avizorando un crítico horizonte global que, en sus derivaciones económicas, políticas y culturales, no tardará en hacerse sentir en las periferias del sistema, poniendo a la orden del día la necesidad de herramientas teóricas propias capaces de ofrecer alternativas defensivas para contrarrestar un cada vez más inestable escenario internacional.
Frente a esta combinación de factores globales y regionales, la relevancia de un pensamiento propio, centrado en la naturaleza específica de la Argentina, seguramente se revele no sólo como una alternativa para dotar de nuevos bríos a la Sociología en Mendoza, sino también para comenzar a reubicar a la Universidad Nacional de Cuyo como espacio de producción intelectual, profundamente asociada a los avatares de la sociedad que, como tal, la contiene.
Concebido como un espacio de reflexión crítica de la realidad, consustanciado con sus alternativas de transformación, proyectamos la serie de objetivos y actividades que se detallan a continuación como un aporte parcial pero relevante para la reconstrucción, actualización y renovación del pensamiento argentino y latinoamericano.
(*) El autor es sociólogo
Los rumbos de la sociología en Mendoza
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