Y Dios dijo: "Los viernes saldrás sola, si te la bancás"

Foto: web
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La mente humana es realmente traicionera. Y necesita muchas veces, depende la persona, un ajuste de tuercas. Esta necesidad de ajuste puede presentarse después de meses, años, o nunca. A mi criterio este nunca es bastante mentiroso, y cuando alguien dice que jamás tuvo estas necesidades, al menos aunque más no fuere una simple elucubración mental, no le creo nada.
Es cierto que los viernes no se hicieron para que salieran solas. El día viernes es una simple excusa que encaja a la perfección para esconder otras cosas un poco más oscuras. Cuando el fin de semana empezaba el viernes- también allá por mi adolescencia, ahora empieza el miércoles- se podía decir que, como el viernes era día laborable y el finde recién empezaba, podía ser un día a resignar. Por eso la excusa de salir con los amigos y no romper la noche (esta expresión está todavía vigente?) se aplicaba perfectamente a este día de la semana. Y así quedó mitificado lo del viernes, y terminó convirtiéndose en el pretexto que uno podía decirle a la novia, amigovia, chica de sábado (de sábado, no viernes) o lo que fuere, para poder salir sin llevarla como sombra.

Pero bueno, la vida pasa y uno empieza a querer otras cosas. Y convengamos que en la vida y en la cabeza de las personas, psicológicamente hablando, los temas se remiten a sexo y muerte. Y entonces a veces, los engranajes del cerebro hacen un clic, se traban un ratito y surgen algunas preguntas que tienen que ver con estos temas. Cuestionarse si a pesar del paso del tiempo uno conserva ese algo que tenía en el boliche. Inquietudes de rememorar aquella sensación que uno experimentaba cuando algunas  te clavaban miradas bien comprometidas. O el simple plan de salir a ver qué se levanta. 

Eso no tenía nada de malo, ni lo tiene. Al contrario, es un mecanismo natural de la raza humana. Por eso si las chicas quieren salir el viernes solas. Que salgan, pero deberán tener en claro que, el tiempo, no pasa en vano. Y esto nada tiene que ver con si están lindas todavía o si las curvas ya están un poco flojas. Es todo una cuestión de manera de pensar, o para aclarar un poco, de saber que la idea es básicamente como irse de viaje de egresados a los treinta.

Poder, se puede, pero hay que aguantarse el escarmiento. O lo que es mucho mejor, poder hacerlo desde donde uno ahora está parado, y poder pasarla bien, desde ese lugar y comprender cuáles son los límites y en qué momento el objetivo está cumplido.

Ahora, si las chicas de treinta la pasan bomba en el micro que va a Bariloche llenos de muchachitos de dieciocho. Las chicas, tienen un problema.

Punto.