Los viernes salgo sola

¿Moda, costumbre o necesidad? No sé bien cuál sea la respuesta, pero muchas parejas suelen emular esta frase cuando en un boliche, pub o rincón de la city algún amigo o amiga les pregunta “¿y tu marido?” Pongo el caso femenino porque es el que puedo analizar.

Para muestra basta un botón: viernes a la noche, despedida de soltera, subo al auto en busca de bebidas, a los pocos metros de andar una de mis amigas me lanza “¡che, comamos rápido y aprovechemos que tengo el auto para ir a perrear!”; mi cara de what pas a lo Moria mira alrededor para comprobar si no es el auto y la persona equivocada. No, efectivamente es mi amiga casada recientemente, la que sin mediar más me recrimina “¡ay, vos porque sos una gobernada!”. Punto.

La mayoría de las que estuvimos un largo trecho solas sabemos que después de salir quinientas ochenta y cuatro veces al año con nuestras amigas, con quienes nos veíamos doce horas diarias, lo hacíamos para buscar un novio, pique, un amigovio, un touch and go o como quiera que se le llame según la época. Es por eso que, pacto de antemano, cuando nos sacaban a bailar y a nuestra amiga no, uno salía igual, a ver si justo era el hombre de los sueños. Punto.

Esto me lleva a preguntar: ¿cuándo una mujer que está en pareja -después de tanto remar-  quiere salir sola a un boliche, pub, o café un viernes a la noche, no un martes a tomar una coca, ¿por qué lo hace? ¿Es una imposición del grupo, quiere equipararse a su hombre, el cuál está en otro pub con sus amigos de rugby, o desea histeriquear tranquila sabiendo que su macho la espera en casa? Digo esto porque el mercado de carne está cada vez más difícil y cuando uno sale y se produce y pasa un frío atroz debajo de las minúsculas toreritas color uva, sabe que -si está sola- todo lo que “es” depende de alguna forma de cómo se vea y de cómo se mueva, sin consentir claro que tus otras tres amigas están pensando lo mismo. “Te lo dejo a tu criterio”, dijo una pensadora recientemente. Lo cierto es que desde que el mundo es mundo los viernes son de trampa, pero ahora decir viernes es anticuado porque el finde se ha extendido a miércoles y jueves de solos pero emparejados, las cosas cambian. Punto.

En fin ¿sigo pensando como mi abuela o  tengo que tener mi espacio para coquetear con otros hombres tranquila? Si me preguntan, les diré que ese viernes finalmente terminó en una casa con diecisiete mujeres, tratando de descubrir cuál será la fórmula de la felicidad.