Las madres de la lucha que nos parió

De las Madres de Plaza de Mayo a las Madres del Dolor. De las madres en lucha con el Paco a las que claman justicia por la tragedia de Cromañón. De las madres que dan de comer a todo un barrio a la que cada tarde te prepara la leche con tortitas. En su día, nos preguntamos sobre los conflictos que alumbraron a las mujeres en situaciones difíciles, pero también cotidianas.

Foto: NA
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¿Qué significa ser madre hoy en día? ¿Cómo se da esa particular figura en estos tiempos en los que el rol de la mujer ha cambiado y desafía el devaluado patriarcado? ¿En qué luchas cotidianas la misma mujer se alumbra como madre?

Estarán, por un lado, los partidarios que consideran que ser madre es un hecho natural, casi instintivo.

Estarán aquellos que, por otra parte, piensan que se trata de un mandato social impuesto sobre el cuerpo de la mujer.

Pero la maternidad no es sólo una posibilidad biológica, sino también una construcción social. En otras palabras, la forma en que la sociedad deposita ciertas expectativas y atribuciones para con la mujer.

En ese sentido, esa construcción no es única, sino heterogénea, revestida de pañuelos blancos o de pancartas pidiendo justicia, de anónimas labores que no llegan a los estudios de televisión, incluso de pérdidas que se traducen en índices que bosquejan a lo lejos un drama profundo, como el aborto o la mortalidad infantil.

Hay madres de la Plaza. Desde 1977 en adelante, mujeres que dan vueltas en círculos pidiendo por la aparición con vida de sus hijos. Y nietos. Mendoza no es ajena y también tiene sus madres, aunque las circunstancias las hagan circular por la Plaza San Martín. Entre ellas está María Domínguez, que indicó hace tiempo a MDZ el significado de su lucha.

“La mayoría somos amas de casa, estuvimos siempre metidas en la cocina, sin saber nada de lo que pasaba en el país. Cuando los hijos crecieron, empezamos a escucharlos sobre lo mal que iba el país, pero yo sinceramente no creía, porque nos decían: “Mamá, están secuestrando a los compañeros y no sabemos donde están”. Y no le creía. Hasta que me pasó a mí. Entonces, tuve que salir a la calle, dejar mi casa a preguntar por mi hijo y por mi nuera y mi primer nieto, o nieta, no sé porque nació en cautiverio. Hoy tiene 30 años y no se donde está. Las pocas que quedamos seguimos los jueves de 11.30 a 12. Ya a los hijos no los vamos a recuperar, eso lo sabemos, pero luchamos para que no se vuelva a repetir lo que pasó en esos años. Lo que se deja de luchar se olvida, y no queremos que esto se olvide. Luchamos hasta que Dios diga basta. Nosotros seguimos como podemos”.

Hay también otras madres del dolor. Un dolor que es más reciente. Un dolor de gobiernos que no cumplen debidamente sus funciones de proteger la vida de sus ciudadanos. Entre ellas, está Miriam Medina, madre de Sebastián Bordón, un caso emblemático que reflejó cómo la brutalidad de la dictadura militar pudo sobrevivir en la fuerza policial años después de recuperada la vida democrática.

“No hay palabras para explicar lo que se siente cuando a una madre le matan un hijo. Es un dolor en el alma que no se puede explicar y que sólo las madres que han vivido saben lo que es. Sebastián nos dejó mucha chispa, alegría, música y felicidad. Nunca bajé los brazos, ni los voy a bajar. Le prometí a mi hijo que uno a uno iban a caer sus asesinos y no voy a parar hasta que esto suceda”.

Hay madres que también, pese a que el contexto no ayuda en nada, tienen que sobreponerse e imaginar una realidad diferente para sus hijos. Pero al contrario de lo que podría suponer una evasión, estas madres meten las manos en el barro de la villa para evitar no sólo que sus hijos mueran entre pitada y pitada de una sustancia mortífera como es el paco, sino también para denunciar a los mismos mercaderes que negocian con la miseria.

“De la vergüenza y del miedo por el que dirán, las madres sacamos coraje y tomando como ejemplo a nuestras Madres de Plaza de Mayo, nos organizamos con marchas, con escraches a los que venden la droga. En nuestro barrio logramos sacar los ‘kioscos’ (donde se venden el paco y otras drogas), pero todavía no logramos sacar a los ‘delivery’, pero seguimos luchando”, subraya Isabel Vázquez al diario Página 12.

A este proceso de lucha se suman otras tantas, algunas anónimas, algunas más conocidas que otras. Lo fundamental es el nacimiento de una generación que si en la década de los `90 tuvo como destacada a Ada Rizzardo, madre de María Soledad Morales, hoy asume la necesidad de superar los arrestos individuales para clamar por justicia desde lo colectivo.

“Mi hijo el único pecado que cometió es ir a escuchar a su banda favorita para despedir el año y se encontró con una trampa mortal, una cámara de gas, por la cual hay una cadena de responsabilidades que arrancan en Aníbal Ibarra, Omar Chabán, los funcionarios corruptos y llegan hasta Callejeros”, relató Graciela Peloso al diario Crítica Digital, quien creó una ONG junto a otros familiares hermanados en la tragedia de Cromañón, donde perdió a su hijo Nicolás.

Estarán también aquellas que podrán sentir la maternidad como un cachetazo a la adultez repentina en un momento en el que no han dejado el mundo infantil. Y para las que siempre habrá posturas firmes y sin atenuantes. Este año, la provincia volvió a discutir el aborto no punible en el caso de la niña de 12 años violada por su padrastro. Un caso que repercutió en todo el mundo cuando el Juez de Familia falló para que la madre niña/adulta no interrumpiera el embarazo.

“Yo también estoy en contra del aborto, siempre lo he dicho. Pero hay situaciones y situaciones. A esta criatura le arruinan la vida para todo el viaje. ¿Qué hace una niña de 12 años con un bebé que nació a raíz de un abuso? No fue consentido y se necesitan tomar otro tipo de medidas. No significa que yo recomiende que el aborto se haga de forma clandestina. Pero en su situación yo lo haría así, porque a eso obliga a uno la ley. Cuando uno quiere hacer las cosas bien, no se lo permiten y la gente consigue siempre un medio para hacerlo ilegalmente. Y ahí corre riesgo la vida de la chica o mujer. Pero cuando uno quiere hacerlo por derecha, se encuentra con todo tipo de trabas, no solamente de ciertos sectores de la sociedad, sino de las mismas autoridades”, señaló sobre este caso a MDZ Ana Rosa Gazzoli, una madre que tuvo que decidir en la encrucijada del aborto de su propia hija, Claudia, en 2006.

Por eso, en este día, no nos queremos olvidar de aquellas que a partir de los ’90 y en lo peor de la crisis del 2002 abrieron generosamente las puertas de sus casas para darles de comer a los hijos del barrio y que hoy se las arreglan peleándole a la inflación nuestra de cada día.

Tampoco nos olvidamos de las que cumplen a cuatro manos con las responsabilidades, así en la casa como el trabajo, empiojadas con los jefes y el machismo de oficina y la maestra y el entrenador de fútbol y la mar en coche.

Ni de aquellas que tomaron un escobillón y limpian las calles del centro de esta capital cada noche, porque de alguna manera hay que salir a parar la olla.

Mucho menos de aquellas se hacen madres en la vida y adoptan y te siguen a todas partes.

Ni de las que te hacen cada tarde la leche con tortitas con manteca.

Ni de las que simplemente te apagan la luz cada noche.  

Madre no hay una sola. Hay muchas. Tantas, como las luchas que las alumbran día a día.