Mendoza y los biocombustibles

Se realizó la primera cosecha de colza en Mendoza, un grano oleaginoso del cual se pueden extraer aceites para ser utilizados como sustitutos del gasoil. La experiencia es válida y confirma la adaptabilidad de cultivo a nuestra zona. Solo resta definir hacia el futuro si se pueden mejorar los niveles de productividad.

Pero, en realidad, frente a la moda de los biocombustibles es preciso un análisis estratégico para saber si el cultivo de colza es una variante de diversificación adecuada para Mendoza o pueden parecer otras.

En principio, no sabemos la escala económica del cultivo, pero es de suponer que para que sea un negocio debe estar ligado a la industrialización, y una planta procesadora debe requerir muchas hectáreas que le aseguren el abastecimiento de semillas para que, a su vez, también sea rentable.

El de la colza, como cualquier grano u oleaginosa, es un cultivo que requiere escala y no es viable pensar que sea una salida económicamente apropiada para nuestros minifundios, cuya característica básica es la falta de escala.

De acuerdo a los requerimientos hídricos del cultivo, y por tratarse de una práctica de invierno, sería viable pensar que puede ser aprovechado para utilizar grandes extensiones que hoy están en los márgenes de la frontera agrícola de nuestro desierto o, incluso fuera de ellos.

La Argentina sancionó la Ley de Biocombustibles, que ordena que a partir del año 2010 todos los combustibles líquidos deban estar cortados con un 5% de combustibles de origen vegetal. En el caso de las naftas, seguramente será con bioetanol proveniente de la sacarosa de la caña de azúcar o de la fructuosa del maíz. En el caso del gasoil, será con aceites provenientes de la soja o alguna otra oleaginosa apta, como podría ser la colza.

Leyes similares rigen en Estados Unidos y la Unión Europea y esto ha desatado una batalla por los granos, que hoy se verifica en la compra de los mismos o sus aceites, exacerbando los precios internacionales, pero si se repiten los ciclos vividos en otras épocas, debemos prepararnos para un escenario más agresivo.

Estos escenarios supondrán que los grandes grupos multinacionales, que ya están invirtiendo fabulosas sumas de dinero, intentarán quedarse con el negocio, que tendrá una época de auge, hasta que la expansión de la producción nivele los precios. Ahí solo sobrevivirán los más eficientes.

Esto de la colza, es, además, una muestra más de las respuestas espasmódicas que nuestros funcionarios tiene  para enfrentar un problema estructural: la provincia está mostrando un sistema productivo que no es capaz de generar las riquezas necesarias para atender las demandas de una población creciente, pero no hay ideas acerca del diagnóstico preciso y de la ruta que habría que seguir para superar esta instancia.

Las nuevas autoridades y la dirigencia empresaria y sectorial y el ámbito académico le deben a la población un estudio serio que marque un rumbo claro con políticas adecuadas para tal fin. Si no lo hacemos, seguiremos viviendo las letanías de los pedidos de subsidios reiterados que solo profundizan la pobreza.