Antes, allí en este enorme barrio tomado por niños, perros y pimientos, había un campo bravo que supo alimentar nuestros delirios de la infancia. Entonces, a nadie se le podía ocurrir que encima de cerros de piedra, pencas y jarilla, ríos secos como cadáveres de víboras y cañadones donde anidaban el eco y los zorzales, habría de erigirse un gigantesco barrio llamado “Dolores Prats de Huasi”, La Estanzuela.
El barrio se hizo con los años. Se hizo con sombras veneradas, cuarteto a las once y mormones impecables bajo el sol de los justos. Barrio con graffitis rockeros, pelopinchos en el patio y niños con la camiseta del Tomba camino al almacén. En fin, barrio de obreros y amas de casa, de picados de valientes y villanos, carretelas con basura, policías contradichos y chicas que, antes de ser mujeres, descubren el tremendo misterio de ser madres.
Calle arriba, el barrio es abierto y generoso. Todo el mundo está en la calle, porque hoy es un día hermoso. Y lo es porque vamos a votar y así pensamos, mientras apuntamos la jeta hacia la escuela Gerónimo Sosa, de La Estanzuela. Los niños te sacan un manguito por cuidarte el coche. Y pensamos: aquellos que tirábamos con la honda en esos campos ahora heridos por el Corredor del Oeste, sabemos que hoy es un día hermoso, como esta niña flaca de trenza oscura que levanta sus días en el oeste del mundo, parada en una esquina, esperando a su madre.
Caminamos y pensamos: aquellos que escuchábamos canciones de rock a escondidas durante la dictadura militar sabemos que hoy es un día hermoso, porque podemos elegir. Se nota en la calle. Todos los que andamos por la calle no tenemos otra cosa en la cabeza. Todos los que madrugamos, los que trabajamos este día, los que puteamos por las colas, los que creemos y los que no, los que militamos y los que no, sabemos que es un día hermoso, más allá de listas sábanas, fraudes, truchos y los “quesevayantodos” que no se fueron y los mecanismos prehistóricos de elección.
Entramos al cuarto oscuro, elegimos, votamos. Salimos a la calle y es mediodía.
No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Mañana es mejor, como dice la canción.
La niña de la trenza oscura juega con una muñeca, porque adivina su destino de madre. Por aquí y por allá, el humo de los asaditos nubla los dictados del cielo y los perros intuyen que habrá un hueso a la siesta. Definitivamente, es un día hermoso porque estamos eligiendo y ya no hay nadie que venga a prohibirnos la canción.
"Mañana es mejor"
Caminamos y pensamos: aquellos que escuchábamos canciones de rock a escondidas durante la dictadura militar sabemos que hoy es un día hermoso porque podemos elegir. Se nota en la calle.