De forma similar a Estados Unidos y otros sistemas presidencialistas, el mandatario cuenta en Francia con amplios poderes, al punto tal de que algunos hablan de una "monarquía presidencial".
El presidente francés es el jefe de las Fuerzas Armadas y puede decidir intervenciones militares e incluso sobre el uso de armas nucleares sin necesidad de tener la aprobación del Parlamento (Asamblea Nacional).
Sin embargo, para declarar la guerra o para intervenciones a largo plazo sí es necesaria la aprobación legislativa.
En Francia el jefe de Estado designa al primer ministro y a los miembros del gabinete, aunque requiere para ello de una mayoría parlamentaria, porque de lo contrario los legisladores pueden hacer caer al Ejecutivo.
Las leyes las aprueba el Parlamento, pero el presidente tiene la posibilidad de influir sobre la Asamblea Nacional sobre todo a través del Gobierno, que puede proponer leyes. Puede además disolver el Legislativo y convocar referendos.
En situaciones de crisis posee además amplios poderes que le dan casi un pleno control del Estado.