Proyecto KillaLab: Perú busca llevar un minilaboratorio a la Luna

Cuatro jóvenes peruanos sueñan con que su proyecto científico, un minilaboratorio con cultivos biológicos y un control experimental, parta en diciembre a la Luna.

Cuatro jóvenes peruanos sueñan con que su proyecto científico, un minilaboratorio con cultivos biológicos y un control experimental, parta en diciembre a la Luna para evaluar la supervivencia de microorganismos en superficie lunar y aportar su granito de arena a la exploración espacial humana.

Se trata del proyecto KillaLab, conformado por las biólogas Ruth Quispe y Sofía Rodríguez, el químico Rómulo Cruz y el estudiante de Ingeniería Mecatrónica Marco Capcha. Su experimento es finalista del concurso internacional "Lab2Moon", que en diciembre lanzará en un cohete orbital siete propuestas astrobiológicas a la Luna.

¿En qué consiste el experimento? Los científicos, de entre 25 y 27 años, desarrollaron un minilaboratorio denominado CanLab, que tiene el tamaño de una lata de soda y alberga tres pequeñas láminas con cianobacterias extraídas de rocas, las cuales reciben el nombre de biopelículas.

"Tuvimos que seleccionar los lugares más extremos del Perú para recolectar las muestras. Después, las purificamos en el laboratorio y determinamos si eran aptas o no para el experimento. Estamos hablando de dos a tres gramos de peso por muestra", explicó Quispe a dpa.

El CanLab tiene un espacio para un control experimental que lleva cinco sensores de radiación UV y gamma, un sensor de temperatura y otro de humedad relativa, una nanocámara y un espectrofotómetro diminuto para analizar el comportamiento y descomposición de los microorganismos al ser alcanzados por la radiación espacial.

"Mi trabajo es hacer que todo funcione. Debo adaptar los sensores para el minilaboratorio. La electrónica y mecánica de la Tierra no se compara en nada a la que existe en el espacio. Por eso debemos contar con sensores y controladores espaciales de buena calidad", señaló Capcha, quien cursa el último año de su carrera.

Según KillaLab, la importancia del experimento, desarrollado desde septiembre, radica en determinar si las biopelículas pueden sobrevivir a las condiciones de la Luna. De ser así, se podrían producir recursos como alimentos y medicamentos en el satélite natural para tripulaciones humanas.

"Por otro lado, creemos que podemos llamar la atención de peruanos y latinoamericanos que no están interesados en las ciencias. Queremos decirles que nada es imposible y que podemos hacer todo lo que nos proponemos", sostuvo Quispe.

En el concurso, organizado por la entidad india Team Indus, KillaLab compitió contra 3.400 participantes y llegó a la etapa final en quinto puesto como el único equipo de América Latina. Los otros grupos finalistas que también podrán enviar sus proyectos a la Luna son de Italia, India, Reino Unido y Estados Unidos.

KillaLab ahora necesita fondos para hacer posible su sueño. El lanzamiento del CanLab cuesta 650.000 dólares y Team Indus solo puede encargarse de una parte del monto, por lo que los científicos están a la espera de donaciones para lanzar la primera misión espacial del Perú.

"Aunque más que nada necesitamos apoyo moral. Es muy difícil que personas adultas de organizaciones del Estado (que se han negado a financiar el proyecto), crean en el potencial de jóvenes como nosotros porque consideran que a esta edad es imposible cumplir un objetivo de tal envergadura", lamentó Quispe.

Si el Canlab es lanzado a la Luna, permanecerá ahí 21 días a partir del 21 de enero de 2018 para enviar información a la Tierra sobre los cambios de las biopelículas. Los datos llegarán primero hacia una nave móvil espacial ubicada en el cuerpo celeste, que finalmente hará llegar los resultados a una estación en India mediante un satélite.

Los miembros del proyecto KillaLab afirman que su sueño va más allá de enviar un minilaboratorio fuera del planeta. Ellos quieren conocer el espacio y descubrir otros mundos, pero sobre todo anhelan que la ciencia y los científicos sean valorados y reconocidos a nivel mundial por sus grandes aportes.

  Por Rosmery Cueva Sáenz (dpa)