Entre chispazos, EEUU y Rusia prometieron acercarse

El secretario de Estado, Rex Tillerson, mantuvo un encuentro con el mandatario ruso Vladimir Putin, con quien marcaron sus diferencias pero con promesas de cooperación.

El secretario de Estado Rex Tillerson se reunió hoy con el presidente ruso, Vladimir Putin, y su par Serguei Lavrov, en la primera visita oficial a Moscú del jefe de la diplomacia de Estados Unidos desde la asunción de Donald Trump en la Casa Blanca, en un encuentro marcado por la cristalización de la tensión bilateral y las diferencias de las dos potencias, principalmente con respecto a la guerra en Siria, y por la promesa de relanzar la relación.

Tras los esfuerzos de Tillerson y Lavrov por manejar la crisis bilateral con moderación, desde Estados Unidos Trump fue contundente y afirmó que las relaciones están en "un nivel mínimo" y que su gobierno no está "en nada de acuerdo con Rusia", un férreo aliado del gobierno sirio de Bashar al Assad, a quien calificó de "carnicero".

Desde el inicio el clima político en Moscú hoy fue tenso, incómodo.
Putin no confirmó hasta último momento si recibiría al enviado de Trump y tras la reunión a puertas cerradas, Tillerson y Lavrov compartieron una conferencia en la prensa en la que no disimularon sus diferencias y, ante todo, la desconfianza que domina la relación bilateral.


"Hay un bajo nivel de confianza entre nuestros dos países. Las dos potencias nucleares más importantes no pueden tener este tipo de relaciones", se lamentó Tillerson, quien afirmó frente a las cámaras y al lado de Lavrov que Rusia había "interferido en las elecciones presidenciales" del año pasado en Estados Unidos, una acusación que el gobierno de Trump finalmente aceptó, tras meses de denuncias de la oposición demócrata.

"Tenemos que poner fin a la permanente degradación de nuestras relaciones. Tenemos que restablecer la confianza entre nuestros países para resolver todos los asuntos pendientes", reclamó el enviado estadounidense, según la agencia de noticias EFE. 

A su lado, Lavrov no se achicó ante los reclamos y las quejas de su par norteamericano. 

Al inicio de la jornada, el canciller ruso había tratado de marcar el tono de las negociaciones con un pedido claro: "No nos pongan en la falsa disyuntiva de estar con ustedes o contra ustedes".

Con esta frase Lavrov no sólo respondió a la exigencia lanzada ayer por Tillerson desde la cumbre del G7 en Italia para que Moscú eligiera entre Washington y el presidente sirio Bashar al Assad, sino que recordó la famosa fórmula del ex presidente George W. Bush, quien aseguró que, en la llamada guerra contra el terrorismo, los países están con Estados Unidos o en su contra.
Tras reunirse a solas con Tillerson y participar de la reunión con Putin, Lavrov reconoció que la relación bilateral está teñida por muchos problemas -"dejados por la anterior administración de Barack Obama en forma de bombas de efecto retardado", aclaró -y se mostró optimista de poder superarlos con el gobierno de Trump.

"Pero somos realistas. Para superar las barreras se necesitan esfuerzos. Hoy, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, subrayó que estamos centrados en eso", explicó el canciller Lavrov. 

Un experimentado diplomático, el funcionario ruso hizo un difícil equilibrio entre las chicanas, las críticas y palabras de aliento y simpatía para con el nuevo gobierno estadounidense. 

"No lo voy a ocultar, nos han surgido muchas preguntas teniendo en cuenta las ideas a veces contradictorias que se han dicho en Washington en relación a todo el ámbito de las relaciones bilaterales y multilaterales", dijo, pero rápidamente agregó que Rusia desea entender las "verdaderas intenciones" del gobierno del presidente Trump.

Pese a las promesas amplias y ambiguas de ambos lados, las diferencias de las dos potencias se hicieron evidentes cuando discutieron la guerra en Siria y la denuncia de la oposición de un ataque químico del Ejército sirio hace una semana que mató a más de 80 civiles y dejó cientos de heridos en la localidad de Khan Shaykhun. 

Estados Unidos, al igual que las potencias occidentales, también culpan al Ejército -que desmintió cualquier responsabilidad- y, por eso, la Casa Blanca ordenó días después el primer ataque directo contra el aliado de Moscú, el gobierno de Al Assad, específicamente contra la base militar desde donde, sostuvo, las fuerzas armadas lanzaron el bombardeo contra Khan Shaykhun.
Rusia, en cambio, sostiene que el Ejército sirio sí lanzó un ataque contra esa localidad, pero que no utilizó armas químicas. Según Moscú, los aviones bombardearon una fábrica, donde una milicia opositora guardaba armas químicas y eso provocó la explosión y los síntomas poco comunes entre las víctimas civiles. 

El gobierno de Putin además comenzó a argumentar hoy que el ataque podría haber sido una operación orquestada por la oposición para desacreditar al gobierno sirio, pese a que la Organización Mundial de la Salud confirmó el saldo de víctimas de manera independiente. 

Lavrov destacó que las conversaciones con Tillerson "terminaron siendo francas y extensas", pero también afirmó que mientras "no hay pruebas" de que Damasco haya arrojado gases en Khan Shaykhun, sí las hay del ataque estadounidense contra Siria, "una violación del derecho internacional". "Eso es un hecho", sentenció el canciller. 

Los dos cancilleres hicieron por momentos esfuerzos para mostrar coincidencias. 

Por ejemplo, Tillerson destacó que tanto la Casa Blanca como el Kremlin coincidían en la necesidad de una Siria "unida y estable", y en la urgencia de una "investigación internacional e independiente", pero no lograron ponerse de acuerdo sobre los detalles. 

Prueba de ello fue que poco después de las reuniones en Moscú, la representación rusa vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York una resolución presentada por Estados Unidos, entre otras potencias occidentales, para condenar el ataque químico contra Khan Shankhun y pedir que Al Assad coopere en una investigación internacional. 

"Aceptar el proyecto occidental implicaba legitimar la incursión estadounidense en Siria", explicó tras la votación el embajador ruso ante la ONU, Vladimir Safronkov, y acusó a Washington y a los líderes europeos de tener "miedo de una investigación imparcial como pide Rusia", según la agencia de noticias ANSA. 

A lo largo de toda la campaña presidencial del año pasado, Trump y su entorno elogiaron la política exterior de Rusia, incluido su rol en la guerra en Siria. Esta simpatía se convirtió en promesas de un acercamiento y de una fuerte alianza después de la victoria electoral del magnate republicano, y en una importante polémica cuando informes secretos filtrados a la prensa demostraron que personas del círculo íntimo del flamante presidente estadounidense se habían reunido con el embajador ruso en Washington el año pasado. 

Trump fue acusado por la oposición demócrata de traición a la patria y de ser cómplice del presunto espionaje ruso contra su ex rival electoral, Hillary Clinton. Sin embargo, nada de esto hizo flaquear su admiración declarada por Putin.
Recién las imágenes de la semana pasada de civiles, principalmente niños, convulsionando y echando espuma de la boca por lo que la oposición armada siria calificó como un nuevo ataque químico del Ejército, pusieron fin a esta aparente luna de miel entre Moscú y el presidente estadounidense.
En el medio de este aparente divorcio temprano, Trump anunció hoy desde Washington otro giro que tiene en el centro a Moscú.

"Dije que la OTAN era obsoleta. Ya no es obsoleta", sentenció el mandatario en una conferencia de prensa con el noruego Jens Stoltenberg, el secretario general de esa alianza militar, que fue creada en plena Guerría Fría para enfrentar en Europa la supuesta amenaza soviética.