Amnistía Internacional (AI) registró el año pasado 1.031 ejecuciones en todo el mundo, es decir, un tercio menos que en el año anterior, mientras que el número de sentencias de muerte aumentó más de la mitad hasta llegar a las 3.117, según su informe anual publicado hoy.
AI no contabilizó las ejecuciones en China, donde estima que se llevaron a cabo varios miles, porque el Gobierno chino trata la pena de muerte como secreto de Estado.
El 87 por ciento de las ejecuciones registradas tuvo lugar en Irán (567), en Arabia Saudí (154), en Irak (88) y en Pakistán (87).
Por primera vez desde 2006, Estados Unidos no se encuentra entre los cinco primeros de la lista. En ese país se registraron 20 ejecuciones el año pasado, lo que supone una caída del 29 por ciento y el mínimo desde 1991.
AI relaciona este resultado en Estados Unidos con los problemas que está teniendo para obtener las sustancias para las ejecuciones con inyección letal.
Aun así, el número de condenas a muerte en Estados Unidos también se redujo drásticamente. En 2016 solo se dictaron 30 sentencias de este tipo en un total de 13 estados, el mínimo desde 1977. A mediados de los años 90 aún se dictaban más de 300 penas de muerte al año.
La subida del número de sentencias de muerte a nivel mundial se debió al aumento en varios países africanos. En Nigeria se triplicó la cifra, pero también en Camerún, Zambia y Somalia se produjo una subida.
Nauru, país de Oceanía, y el estado africano de Benín abolieron la pena capital en 2016. Con ellos subió la cifra de los países sin pena de muerte a 141, es decir, más de dos tercios de todas las naciones. Al mismo tiempo, el número de países en los que se dictaron sentencia de muerte bajó de 61 a 55.