La Asamblea General de la ONU convocó este martes a una audiencia para los últimos candidatos que ingresaron a la carrera por la Secretaria General, el máximo cargo de la institución mundial, y la canciller argentina, Susana Malcorra, será una de las que defiendan su aspiración en la sede en Nueva York.
El 31 de diciembre a la medianoche, el actual secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon, terminará su mandato y por eso, en los próximos meses el Consejo de Seguridad y la Asamblea General deberán elegir a su sucesor.
Aún no se sabe cuándo será designado el próximo secretario general, pero todas las apuestas apuntan a que, por primera vez, sería una mujer y según una regla no escrita de equilibrio regional, este año le tocaría a un representante de Europa oriental.
De los cincos bloques regionales que reconoce la ONU, este último es el único que nunca ha colocado un secretario general. Europa occidental ha tenido cuatro; Asia y África, dos; y América Latina y el Caribe uno: el peruano Javier Pérez de Cuellar durante los años 80.
Por eso, de los 11 candidatos que se presentaron este año, cinco son mujeres y apenas tres no pertenecen a la región de Europa oriental: Malcorra; la ex primer ministra de Nueva Zelanda y directora del PNUD, la agencia de la ONU para el desarrollo, Helen Clark; y el ex primer ministro de Portugal y ex titular del Acnur, la agencia de la ONU para refugiados, António Guterres.
Hasta ahora la candidata que suena con más fuerza es la actual titular de Unesco, la agencia de la ONU para educación y patrimonio histórico, la búlgara Irina Bokova.
Malcorra ¿con o sin chanches?
En un primer análisis, Malcorra no aparece entre los candidatos favoritos e inclusive cuenta con una mancha negra en su expediente por haber investigado, como jefa de gabinete de Ban, a un funcionario de la ONU que filtró un documento que destapó abusos sexuales de soldados internacionales a niños en África. Un panel independiente, aceptado por Naciones Unidas, cuestionó esa investigación.
No obstante, la canciller argentina podría eventualmente convertirse en una candidata de consenso, ya que mantiene una buena relación con las principales potencias del mundo, las verdaderas guardianas de este proceso electoral.