Las condiciones son buenas para uno de los viajes más arriesgados del mundo. Las noches y los días son cálidos en el norte de África y sopla un viento moderado, lo que hace que el Mediterráneo sea menos hostil que al final del otoño (boreal) o en invierno.
Tras el cierre de facto de la ruta de los balcanes, el oeste de Libia podría pasar a ser un punto de partida todavía más usado para los viajes a Europa, a pesar del peligro letal. Tan sólo el último fin de semana, las fuerzas italianas rescataron a 730 personas ante la costa de Sicilia, mientras que la prensa alemana señala que debido a las restricciones en la ruta terretes, los traficantes están planificando reconducir a más inmigrantes hacia las costas italianas.
En los últimos años han muerto miles de inmigrantes en esta travesía marítima para llegar a Europa.
La mayoría de barcos parten de cerca de la capital, Trípoli. Hasta la fecha, la mayoría de inmigrantes procedían sobre todo de los países africanos subsaharianos. Uno de ellos es Adamu, de Níger. "Amo Europa", dice el joven de 22 años, quien confiesa que tiene miedo de subirse a un barco.
No queda del todo claro si su plan es llegar a Italia cruzando el Mediterráneo. Prácticamente nadie reconocería abiertamente que confía en los traficantes.
La cifra de refugiados que pueden llegar este año no lo sabe nadie con certeza. La responsable de la policía exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, teme que puedan ser más de 450.000 personas, siguiendo las cifras publicadas por "político.eu".
Por su parte, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) no puede confirmar por ahora esa cifra, pero estima que los refugiados buscarán alternativas cuando entre definitivamente en vigor el pacto EU-Turquía sobre los refugiados.
La cifra de los barcos que parten desde el occidente de Libia parece que aumenta con la llegada de la primavera (boreal). La agencia de noticias libia Lana informó de mayores capturas de refugiados cerca de la costa. Los mediadores alquilan lugares donde pernoctarán los refugiados hasta contar con el número suficiente de "clientes" para una travesía.
Cuando los barcos están repletos, parten en dirección a las islas italianas, pero la meta en la mayoría de los casos no es siquiera llegar a Europa por sus propios medios. Más allá de las 12 millas libias patrullan los barcos del operativo "Sophia", de la Unión Europea. Estos barcos intentan limitar la capacidad de movimiento de los traficantes, pero también rescatan a los refugiados.
"Los 'mediadores de la muerte' seguirán empleando el truco mientras las personas sigan convencidas de una supuesta mejor vida en Europa y lo puedan pagar", explica el activista Husam Sagar, que se ocupa de la inmigración ilegal en Libia.
Los que se benefician de ello son las milicias, que pueden moverse a sus anchas al contar con un vacío de poder por la guerra civil. Están, como mínimo, participando en el negocio de los refugiados. Sus dirigentes controlan de tal modo las maquinaciones, que ningún barco parte sin su permiso.
Adamu, el joven de Níger, confiesa que tiene miedo a las milicias. "Si esa gente me lleva, no me dejará en libertad hasta que haya pagado el dinero que tanto me ha costado ganar". Muchos extranjeros ganan bien en Libia, un país rico en petróleo, pero se convierten a menudo en blanco de extorsiones y acciones de violencia.
Los viajes, que en ocasiones acaban en la muerte, se seguirán haciendo mientras siga imperando el caos en el país norteafricano. Para ello se necesita el Gobierno de unidad mediado por Naciones Unidas y que los barcos que actúan bajo la bandera de la Unión Europea puedan hacerlo en aguas libias o que se permitan ataques aéreos contra la milicia terrorista.
Ya hay un gabinete de un Gobierno de unidad, pero su puesta en marcha ha fracasado hasta la fecha por la resistencia de ambos gobiernos rivales. Hasta que el nuevo Gobierno pueda asumir, las condiciones seguirán siendo óptimas para esos mediadores, traficantes y líderes de las milicias.
Moutaz Ali y Benno Schwinghammer, Dpa.