Intento de golpe, estado de excepción, detenciones masivas y suspensiones: ante la situación de los últimos meses en Turquía, el hecho de que el Gobierno cambiara también el huso horario en el país no generó mucha atención.
Desde fines de octubre, los relojes en Ankara se adecuaron a los de Moscú o la Meca. A su vez, Turquía se adelantó dos horas a Berlín o Bruselas, al menos en el horario del invierno europeo.
Pero no solo el horario incrementó la distancia. Con la detención de periodistas y diputados, la situación en Turquía alcanzó una nueva dimensión para la Unión Europea (UE).
Desde que el 21 de julio el presidente Recep Tayyip Erdogan impuso el estado de excepción crece la preocupación sobre Turquía, un país con aspiraciones a ingresar a la UE.
Erdogan gobierna con decretos, que no sólo entran en vigor de forma inmediata, sino que son inapelables. La Constitución no permite accionar en contra de los decretos.
No hay que ser abogado para poner en duda algunas de estas medidas y corrobar que son contrarias a la jurisprudencia de la UE, como por ejemplo, la que habilita a las autoridades a quitar el pasaporte también de los cónyuges de sospechosos, generando así una culpabilidad por asociación.
El Consejo Europeo, al que también pertenece Turquía, advierte: "Si el estado de excepción se aplica en exceso, el país corre el riesgo de tener que enfrentar una ola de casos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos".
Tampoco se ajusta al derecho de la UE el debate alimentado por Erdogan sobre la pena de muerte. El presidente argumenta que sólo se basa en el deseo del pueblo.
Sin embargo, nadie duda de que el mandatario, si quisiera, podría silenciar esas exigencias de un plumazo. En cambio, rechaza las preocupaciones de que la reinstauración de la pena de muerte podría poner fin al proceso de adhesión a la UE.
"¿Por qué somo tan dependientes de ahí?", cuestiona Erdogan de cara a Europa. "Lo que cuenta no es lo que dice Occidente, lo que cuenta es lo que dice mi pueblo", recalca.
"No me preocupa en absoluto si me llaman dictador o de un modo parecido", dijo este domingo el mandatario en respuesta a las críticas internacionales. "Me entra por un oído y me sale por el otro", agregó. Y junto a las palabras, una nueva amenaza a la UE con los refugiados.
El ministro de Relaciones Exteriores, Mevlüt Cavusoglu, anunció hace unos días que antes de fin de año pondrá fin al pacto de refugiados si la UE no concede finalmente la libertad de visado a los ciudadanos turcos.
La actitud de Ankara es más o menos así: no cumplimos con una condición clave de la UE para la exención de visado a pesar de que hemos acordado expresamente esta condición. No obstante exigimos la exención de visado.
En concreto, se trata de una reforma de las leyes antiterroristas de Turquía. Ankara sostiene que en la situación actual la lucha contra el terrorismo no puede ser debilitada de ninguna manera.
De hecho, la amenaza terrorista en Turquía es tan alta que, recientemente, se le solicitó a todos los familiares de diplomáticos en el consulado general de Estados Unidos en Ankara que regresaran a su país.
Sin embargo, para la UE no se trata de un debilitamiento de la lucha antiterrorista turca. El bloque europeo teme que las leyes antiterroristas se utilicen para perseguir a los críticos del Gobierno.
Para Bruselas, la preocupación está a la vista. Para las detenciones de periodistas del diario "Cumhuriyet" el sábado y de los líderes del partido prokurdo HDP un día antes, y en otros miles de casos, el motivo es apoyo al terrorismo.
El HDP, la segunda fuerza opositora en la Asamblea Nacional de Ankara, anunció el domingo que interrumpe su labor parlamentaria como protesta por el encarcelamiento de varios de sus miembros.
No sería extraño entonces, que el próximo informe este miércoles sobre la marcha de las negociaciones de adhesión no sea muy alentador.
"En el campo de la libertad de expresión se ha producido un grave retroceso en el último año", señala el diario alemán "Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung" y el portal "Spiegel Online" .
Las disposiciones legales para la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo se implementan de "forma selectiva y arbitraria", señalan.
Mientras tanto, cada vez hay más dudas acerca de si las negociaciones de adhesión con Turquía deben continuar mientras Erdogan esté en el poder.
El canciller austríaco, Christian Kern, criticó los "ataques inaceptables a la libertad de prensa en Turquía", mientras que el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, se mostró más reservado, pese a que sus comentarios están siendo cada vez más fuertes.
"Ahora los responsables en Turquía deben tener claro en qué dirección irá su país y lo que significa para las relaciones entre Turquía y la Unión Europea", dijo el jefe de la diplomacia alemana.
Por Can Merey (dpa)