El aimara Evo Morales, nacido en Orinoca en 1959 rompió una maldición al convertirse en el primer indígena en sentarse en la silla presidencial boliviano. Hoy, diez años después, aquel combativo sindicalista cocalero ha colmado las expectativas de su mentor caribeño y ha logrado mantenerse en el poder con un amplio respaldo social.
Un apoyo que podría consolidarse aún más si Morales sale bien parado del referéndum en el que dentro de un mes se determinará su posible reelección, una puerta abierta para gobernar hasta 2025.
Ha llevado a Bolivia a la estabilidad política y a un crecimiento económico sólido durante los últimos años. Pero los críticos de Morales sostienen que el líder aimara ha perdido una oportunidad histórica para industrializar el país y afrontar con más firmeza las desigualdades sociales.
Cuando Morales llegó al poder en enero de 2006, Bolivia salía de uno de los periodos más inestables de su historia.
Con la inflación y el tipo de cambio bajo control, la políticas sociales impulsadas por el Gobierno socialista del MAS redujeron la pobreza extrema del 38% al 17% en una década.
Una prosperidad que ahora, con la caída de los precios internacionales del gas, la principal fuente de ingresos de Bolivia, está en peligro.
El líder aimara ha gozado durante toda la década de una alta popularidad, como demuestra su aplastante triunfo a finales de 2014 (61%).
Pero a juicio de la oposición, su capital político se está agotando entre los propios movimientos sociales que lo han respaldado.
Fuente: El Mundo