Dos altos jerarcas de la curia murieron la semana pasada. Con ellos, se fueron a la tumba las razones por los que sus víctimas primero, la justicia después y, encerrada por la opinión pública, la Iglesia después, los señalaron.
Uno de ellos es Rogelio Livieres, el exobispo de Ciudad del Este en Paraguay que fue expulsado por orden del papa Francisco, luego de que protegiera a un sacerdote mendocino acusado de pedofilia. Livieres, tras ser apartado del cargo, inclusive llamo a un cisma para separar a los católicos con quienes se enrolaba, de tono conservador, de los del "aire nuevo" que impulsa Jorge Bergoglio, el papa argentino. Ironizó sobre el pontífice y creó un blog para hacerlo y captar adhesiones. Pero murió en Buenos Aires el 13 de agosto, afectado por cáncer de hígado. (Leé desde aquí todo lo que MDZ contó del caso Livieres).
El otro murió en circunstancias no muy claras. Se trata de Josef Wesolowski, polaco de origen pero que ejerció como nuncio (embajador) del Vaticano en República Dominicana. Las denuncias en su contra dieron la vuelta al mundo antes de que la Santa Sede tomara alguna decisión. Inclusive, cuando la justicia lo imputó, lo vieron pasearse, prófugo, por las calles de Roma en las cercanías de la Plaza de San Pedro. Finalmente, en una decisión que los especialistas calificaron de "histórica" y "sin precedentes", el propio Vaticano decidió juzgarlo. Pero antes de que formulara la primera declaración, murió. El comunicado oficial dijo: "Muerte natural".
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Este es el video que inculpó al exnuncio: